
Regalos a elección del homenajeado
Tres socios crearon Bigbox, que vende cajas con catálogos de productos o servicios que luego canjea el destinatario
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La caja envuelve un regalo. Hasta aquí, nada escapa a lo tradicional. Pero si esa caja proviene de Bigbox, el regalo (es decir, el regalo físico) no se encontrará al abrirla. Y no es que esté vacía, sino que su contenido es un pasaporte para acceder al regalo, que, en realidad, se trata de una experiencia a elección. Gastronómica, de aventura, entretenimiento, belleza o bienestar, cualquiera que sea el tema del catálogo del interior de la caja, las opciones siempre son las de más alta calidad.
Así se explica Bigbox, una empresa que se vale de una sencilla introducción para vender los productos que llegan a manos de homenajeados o simplemente acreedores de un regalo. La firma, donde trabaja una veintena de jóvenes, fue constituida en 2009 por Agustín Gold y Gastón Parisier, y este año se asoció Lucas Werthein. Fueron creciendo de a poco, para cubrir las demandas del crecimiento explosivo que experimentó el emprendimiento.
"Regalar un producto de Bigbox es regalar la posibilidad de elegir", describe Parisier, en una sala de la oficina casi tan grande como el espacio donde empezaron. Se acomodaron mejor cuando las ventas al fin sostuvieron el alquiler de unos 180 metros cuadrados sobre la Avenida del Libertador.
Sentados a la mesa en la sala de reuniones, los 25 y 26 años de los socios fundadores se camuflan en discursos propios de empresarios experimentados. Esa seguridad tiene una prueba empírica: la facturación superó ampliamente las previsiones. El primer año obtuvieron $ 1,5 millones y en lo que va del segundo ya superan los 6 millones de pesos.
El modelo de negocios les permitió echar a andar su proyecto invirtiendo US$ 6000 cada uno y conseguir el resto de lo necesario con una financiación proveniente de la mecánica de ventas. Los recursos ingresan primero, con la venta de las cajas, antes de que se efectúe el pago a los proveedores de los servicios. Los consumidores tienen cuatro meses de plazo para canjear la tarjeta que encuentran en su regalo, eligiendo una sola de las posibilidades exhibidas en el catálogo. Ese desfase de tiempo les dio lo suficiente para lanzarse un fin de año, temporada alta en el rubro, especialmente en el segmento corporativo al que apuntaron de entrada. El plan funcionó: el primer mes, recaudaron $ 300.000.
Agustín y Gastón se conocieron en el colegio. Ambos, al igual que Lucas -parte de una familia de empresarios-, fueron al San Andrés. Los dos primeros se sentaron a dar forma a la idea al volver de un viaje, en el que conocieron la versión francesa de las cajas. Agustín, en su calidad de economista, fue el encargado de redactar el plan. "Además de la originalidad del negocio, decidimos poner el diferencial en una oferta de excelencia y calidad que diera la posibilidad de segmentar acorde con el destinatario. Nosotros mismos seleccionamos a nivel nacional qué lugares o servicios pueden estar en el catálogo. Queremos que sea un verdadero regalo y no sólo un beneficio", explica Agustín.
"Lo interesante -destaca- es que para vender 2000 pesos el costo para nosotros es de 15: lo que nos sale hacer la caja." Adrenalina, relax o comida de autor; o, más concreto, volar en planeador o relajarse en un spa day. Todo eso y más puede contener una Bigbox, que cuesta desde 140 hasta 2500 pesos. En estos extremos las vivencias varían entre una degustación gourmet o una estada de dos noches en uno de los mejores hoteles de Buenos Aires.
Canales de venta
Los regalos pueden llegar a manos de sus destinatarios de manos del comprador o por correo privado a distintas regiones del país, con un cargo adicional que ronda los $ 50. Las ventas se hacen por distintos canales: online , telefónico o presencial; en algunos puntos de distribución, como los locales de Etiqueta Negra, la boutique del Malba y, pronto, un local propio en el Patio Bullrich.
Por ahora, los principales clientes siguen siendo las empresas. "Aunque hay una estacionalidad marcada a fin de año, los regalos corporativos funcionan todo el año, ya sea con acciones de marketing o días especiales. Se hacen ventas de gran volumen, en especial a bancos y laboratorios", señala Agustín. Un ejemplo es el del Galicia, que envió cajas a todos aquellos que adhirieron a su tarjeta para el segmento premium.
El éxito de la empresa tiene un enemigo que afrontar a diario: la inflación. "La gente podía canjear su regalo en seis meses; ese tiempo ya se acortó a cuatro. Además, suben el costo de nuestros prestadores y los costos internos", amplía Gastón.
Los proveedores aparecen gratis en el catálogo. "Su costo, en todo caso, es brindarnos una tarifa diferencial", detalla Gastón, ingeniero industrial a cargo de esta área de la empresa.
El objetivo es alcanzar los $ 20 millones en 2012 y saltar las fronteras. El primer destino será San Pablo, Brasil. Con una apuesta de US$ 700.000 buscarán consolidar desde marzo una empresa regional.
mscarpinelli@lanacion.com.ar






