
Richmond se quedó con una planta de Organon
Adquirió la fábrica del barrio de Núñez a un grupo holandés
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A fuerza de inversiones y de compras de plantas, los laboratorios nacionales continúan ganando terreno frente a sus competidores internacionales en el mercado local. Laboratorios Richmond anunció ayer la compra de una fábrica de comprimidos y cápsulas que pertenecía al grupo holandés Organon.
Invertirá 3 millones de dólares en la adquisición de las instalaciones y su puesta a punto para que vuelva a producir, ya que estaban cerradas desde hace más de tres años. Richmond es uno de los laboratorios antiguos -fue fundado hace más de 60 años- que, si bien a mediados de los años noventa cambió de dueños, continúa en manos de un grupo de capitales locales.
Para Richmond, la compra de la planta de Organon significa su debut como fabricante, ya que hasta ahora la empresa tenía tercerizada su producción de medicamentos para el tratamiento del sida, oncología, anestesia y antibióticos.
"En la nueva planta vamos a concentrar la producción de nuestra línea sólida (comprimidos y cápsulas), lo que nos permitirá incorporar 50 nuevos empleados y cerrar 2004 con una facturación de $ 50 millones, contra los 44 millones del año pasado", dijo Gustavo González, gerente general de Richmond.
La planta de Organon, ubicada en el barrio de Núñez, había dejado de operar hace más de tres años y cuenta con una capacidad de producción de 200 millones de comprimidos anuales.
El proyecto no es el único que tiene en marcha Richmond. La empresa adquirió hace unos meses un terreno de cinco hectáreas en el parque industrial de Pilar. En este caso, la intención del laboratorio es montar una planta para la producción de medicamentos oncológicos, con una inversión de 7 millones de dólares. Para este último emprendimiento -que demandará al menos un año y medio de trabajos-, Laboratorios Richmond se asoció con un grupo español especializado en la producción de medicamentos de oncología. "Con este proyecto la idea es combinar la fabricación de productos con nuestras marcas y otros para terceros", manifestó González.
Nacionalización de plantas
La compra de la planta de un laboratorio extranjero por parte de uno nacional se convirtió en un fenómeno relativamente común en los últimos años, especialmente después de la devaluación del peso, circunstancia que tornó mucho menos atractivo el mercado argentino para una firma multinacional. En la lista de antecedentes para esta operación figuran varias ventas realizadas por grandes multinacionales, que en muchos casos igualmente decidieron mantener la producción en sus antiguas instalaciones, aunque ya no como dueños de las plantas.
Esta política fue seguida por la empresa alemana Scherring, que vendió su establecimiento de Belgrano a un grupo de laboratorios locales, y por la suiza Novartis, que le cedió su fábrica de Villa de Mayo a la empresa argentina Phoenix, aunque con un contrato de producción de varios años por el cual los nuevos dueños del establecimiento seguirán fabricándole los medicamentos con su marca.
Otra multinacional que decidió vender una de sus plantas argentinas fue la francesa Aventis, y en este caso el comprador también fue un grupo inversor local.
La excepción a la regla en este mercado fue la de la empresa sueca Ferring Pharmeceuticals, que lejos de desinvertir en el país, en los últimos meses concretó la compra del laboratorio local Dupomar, incluyendo su planta en Flores, a cambio de 10,5 millones de dólares.
Crecimiento internacional
Con la compra de la planta de Organon y la puesta en marcha de un complejo industrial en Pilar, uno de los objetivos que persigue Laboratorios Richmond es incrementar sus exportaciones.
En la actualidad, para la empresa las ventas en el exterior representan un 17 por ciento de sus ingresos, y los principales compradores de sus productos son países de la región: Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú y Ecuador, aunque su intención es diversificar los destinos mediante la apertura de los mercados europeo y africano.
El crecimiento de las exportaciones en realidad es una constante del sector, especialmente a partir de la devaluación.
En 2001, las ventas en el exterior de los laboratorios locales sumaban 188 millones de pesos, y en 2003 se multiplicaron por más de tres hasta alcanzar los 605,2 millones, aunque la balanza del sector continúa siendo negativa, ya que las importaciones el año pasado sumaron 948,1 millones.





