La activista, famosa por la película que protagonizó Julia Roberts, creó un mapa colaborativo para determinar la ubicación e impacto ecológico de los centros de datos para IA en EE.UU.
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Erin Brockovich, la activista ambiental y defensora del consumidor, vuelve a las noticias. Conocida mundialmente por el histórico caso de los años 90 contra la empresa Pacific Gas & Electric (PG&E), donde logró un acuerdo de 333 millones de dólares por la contaminación de aguas subterráneas en California, y que fue llevado al cine con Julia Roberts en el papel protagónico, Brockovich vuelve a pelearse contra un gigante: en este caso, la industria de la inteligencia artificial.
Un mapa ciudadano
La activista lanzó una plataforma interactiva y de colaboración abierta diseñada para rastrear la expansión de los centros de datos de IA en los Estados Unidos. Este mapa interactivo permite a los ciudadanos anotar la ubicación de centros operativos, en construcción o propuestos, además de reportar problemas específicos como ruidos molestos, aumentos en las facturas de servicios y preocupaciones ambientales.
El propósito fundamental de esta iniciativa es la transparencia. Brockovich sostiene que la “carrera” por construir infraestructuras de IA se está dando pueblo por pueblo, a menudo sin que las comunidades comprendan el impacto real en sus recursos. Según sus propias palabras, el mapa captura la “huella del mundo real” de este crecimiento desmedido, revelando patrones de conflicto e incertidumbre. Además, expertos sugieren que esta recopilación de quejas es el primer paso para futuras demandas colectivas contra las grandes tecnológicas.

El costo oculto de la nube
El impacto ecológico de estos centros es significativo y, según los informes de Brockovich, a menudo es subsidiado por los ciudadanos comunes. Los centros de datos requieren cantidades ingentes de recursos:
- Consumo de agua: Para evitar que los servidores se sobrecalienten, se utilizan sistemas de enfriamiento que requieren millones de litros de agua diariamente. El agua no desaparece, pero deja de estar disponible para su uso convencional. Se estima que, en 2023, casi el 80% del consumo de agua de los centros de Google en EE.UU. provino de fuentes de agua potable. En regiones propensas a la sequía, esto compite directamente con el suministro para consumo humano.
- Electricidad: Estas instalaciones ya usan más del 4% de toda la electricidad en EE.UU., cifra que podría escalar al 12% para 2028. De hecho, Google, Amazon, Microsoft y otras compañías han comenzado a invertir en centrales nucleares para abastecer de energía a sus centros de datos.
- Ruido y residuos: Además del ruido constante de los ventiladores y generadores, existe el riesgo de contaminación por la descarga del agua de enfriamiento y la generación de basura electrónica debido a las actualizaciones del hardware necesario para estos centros de datos.
- Calor: Un estudio reciente de la Universidad de Arizona encontró que el calor constante generado por estos centros de datos está calentando las zonas circundantes hasta en 2 grados centígrados.

Una advertencia para el futuro
Según la activista, estamos ante una crisis de agua mezclada con una crisis energética, cruzada con la burbuja de la IA y el enorme negocio de los centros de datos. De hecho, la demanda total de energía de los centros de datos se duplicó entre 2017 y 2023.
Desde que publicó el mapa hace un mes recibió más de 2700 informes (no necesariamente problemáticos o de violaciones de las regulaciones sobre la instalación de este tipo de edificios). “La litigación está en camino”, asegura la activista.
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