Rusia, de la Guerra Fría a la economía de mercado

Jeffrey D. Sachs
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23 de febrero de 2014  

Los Juegos Olímpicos de invierno que se celebran en Sochi son los primeros organizados por Rusia desde los Juegos Olímpicos realizados en Moscú, en 1980, en la época de la Guerra Fría. Desde ese tiempo, mucho cambió políticamente, pero los Juegos actuales son una oportunidad para volver sobre Rusia.

Muchos que recuerdan el desplome de la Unión Soviética en 1991 y sus tumultuosas consecuencias creen que la economía rusa debe de estar empobrecida e inestable... y muy retrasada respecto de la China en auge. Se equivocan. Según el Fondo Monetario Internacional, la renta por habitante en 2013, calculada en paridad de poder adquisitivo, asciende, a US$ 18.600, casi el doble de la de China, y, según los datos del Banco Mundial, la pobreza extrema es cercana a cero, frente al 11,8% de China en 2009 (el año más reciente sobre el que se dispone de datos).

La economía de Rusia tiene impulso no sólo por unas políticas macroeconómicas racionales, sino también por unos precios altos del petróleo y del gas. El desplome de los precios del petróleo después de 1985 contribuyó a la grave crisis económica en la Unión Soviética y en Rusia al final de los 80. Se trata de un dato importante, ya que las reformas económicas aplicadas por el ex presidente de la Unión Soviética Mijail Gorbachov y el ex presidente de Rusia Boris Yeltsin afrontaron fuertes vientos de cara.

Durante dos años (1992-1993), yo fui asesor del primer ministro Yegor Gaidar para ayudar a acabar con la inflación elevada e iniciar su transición a una economía de mercado. Recomendé una estrategia de estabilización macroeconómica (ya había dado resultado en Polonia), que requería la asistencia financiera de Estados Unidos, Europa y el FMI, como la que había recibido Polonia. Occidente no prestó la asistencia financiera necesaria y el consiguiente desastre económico y financiero fue más grave. Entonces atribuí la inacción a la incompetencia del gobierno de Estados Unidos y del FMI. Hubo también una estrategia deliberada por parte de los neoconservadores estadounidenses, como el entonces secretario de Defensa Dick Cheney, para debilitar al nuevo Estado ruso. El gobierno americano fue también cómplice a mediados de los 90 en el saqueo de la propiedad estatal rusa, incluidos los activos petroleros que se privatizaban sin escrúpulos.

Lo bueno es que Rusia se recuperó de la terrible situación. La economía de mercado, pese a la corrupción, arraigó. Después de varios años de luchas políticas y retrasos innecesarios, se estabilizó la macroeconomía y se restableció el crecimiento económico, sobre todo porque los precios del petróleo y del gas empezaron a subir. De 2001 a 2003, el PBI de Rusia creció a una tasa media del 4,4% anual.

Rusia logró una estabilidad financiera. El FMI ha situado su inflación de 2013 en 6,9%, con un desempleo de 5,5%, mientras que el déficit presupuestario fue de 0,3% del PBI. Además, las reservas de divisas llegan a 500.000 millones de dólares.

Pero Rusia podría alcanzar un éxito mayor basando su economía en dos motores de crecimiento, en lugar de uno. El petróleo y el gas seguirán impulsando en los próximos años, sobre todo, cuando China pase a ser un cliente importante. Pero Rusia tiene un enorme y aún subdesarrollado potencial en muchas industrias mundiales de tecnología compleja.

Diversidad industrial

Durante la era soviética, fabricó una gran diversidad de productos industriales basados en la tecnología, desde aeroplanos hasta computadoras. A diferencia de la industria china, las ramas manufactureras de Rusia estuvieron casi completamente excluidas de los mercados mundiales por la Guerra Fría y la planificación soviética. Cuando la Rusia postsoviética se abrió al comercio, sus empresas industriales iban muy a la zaga de las tecnologías de vanguardia.

Rusia tiene los conocimientos técnicos, una ingeniería competente y una base de recursos naturales para llegar a ser una competidora mundial en una diversidad de importantes industrias de tecnología.

Pero, para lograr un crecimiento a largo plazo encabezado por las industrias de tecnología compleja, hace falta una atmósfera de negocios que fomente la inversión del sector privado, incluida la apertura a los participantes extranjeros.

Allá por 1991, muchos pensaban que Rusia no podría acabar con la inflación, adoptar una economía de mercado ni competir en los mercados mundiales. Dos decenios después, demostró que los escépticos se equivocaban. La tendencia es positiva: Rusia es una economía de mercado estable, con altos ingresos, con una sólida perspectiva de crecimiento y con avances en materia de tecnología en los próximos años. Eso sí, si aplica una estrategia económica sensata.

© Project Syndicate, 2014

El autor es profesor de la Univ. de Columbia

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