Salir del cepo, relato o realidad

Aldo Abram
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13 de julio de 2014  

A veces, le es difícil a un candidato transmitir la realidad, y otras, les resulta más cómodo escuchar a los asesores que les plantean soluciones "facilistas". Hay un cierto consenso en que será relativamente sencillo salir de los problemas gravísimos que dejará este gobierno gracias a las expectativas positivas que despertará un nuevo presidente.

El cepo es el caso más grave y difícil de resolver; por las distorsiones que ha generado y que habrá que corregir. Lamentablemente, volver a un mercado cambiario único y libre implicará reconocer la realidad de que el peso no vale alrededor de 12 centavos de dólar, sino mucho menos.

A lo largo de la gestión actual y del anterior gobierno se ha estado exprimiendo en forma creciente al Banco Central (BCRA), para obtener recursos que le permitan sostener niveles excesivos de gasto público. Para ello, el BCRA ha emitido de más, depreciando nuestra moneda y apoderándose de parte del poder adquisitivo de nuestros pesos para transferírselo al Gobierno. Esta quita es lo que usualmente conocemos como "impuesto inflacionario".

En 2011, año electoral, el Gobierno decidió evitar que la desvalorización de nuestra moneda se reflejara en el tipo de cambio y arrastrara los precios de lo que los votantes compraban en los supermercados. El problema es que siguió gastando de más y demandando recursos del impuesto inflacionario. Esta decisión cambiaria se transformó en un precio máximo para las monedas extranjeras y, como todos hemos experimentado muchas veces en el supermercado, eso desincentiva su oferta y alienta su demanda, generando desabastecimiento. Pero, como en el mercado cambiario no puede haber "góndolas vacías", el que terminó "llenándolas" fue el Central con pérdidas de reservas.

Luego de la victoria oficial en las elecciones presidenciales, el Gobierno debió haber moderado el ritmo de crecimiento del gasto y su presión sobre los recursos del BCRA. Sin embargo, la respuesta fue la inversa y eso exigió imponer el actual control de cambios, excluyendo del mercado oficial gran parte de la demanda de divisas de los particulares y empresas, para disminuir la presión sobre el tipo de cambio.

Sin embargo, siguió devaluando el peso sin reflejarlo en el "dólar cepo" y, por lo tanto, volvió a desincentivar la oferta y a incentivar la demanda. Conclusión: retornó la caída de reservas, que sólo pudo corregir parcial y coyunturalmente con un reconocimiento, a principios de año, de parte de esa devaluación en el tipo de cambio oficial.

El problema persiste y el próximo gobierno deberá salir a un mercado único y libre de cambio reconociendo la realidad. No habrá lluvia de dólares si antes no se resuelve esta ficción que implica que un inversor debe dejar un tercio o más del valor del capital que trae en las arcas del Banco Central. ¿Cuántos proyectos pueden ser rentables con esa "retención a la inversión extranjera"? Cabe destacar que para fines de 2015, esta quita será mayor.

Según nuestros cálculos, para salir del cepo con una suba del tipo de cambio de sólo 20% (como la de inicios de año), el futuro gobierno necesitaría capitalizar al "saqueado" BCRA con más de US$ 10.000 millones y, si lo fondeara con US$ 5000 millones, el alza necesaria sería de más de 50 por ciento. Será muy difícil que alguien esté dispuesto a brindar semejante financiamiento antes de que se tomen las principales medidas para resolver los problemas más graves del país, entre ellos, el mencionado control de cambios.

Aun si imagináramos que alguien nos prestará esos fondos, ¿cómo se resolverá el problema de un déficit fiscal que supera 5% del PBI? Una forma posible sería el alza del tipo de cambio que incrementa los recursos tributarios respecto del gasto, licuándolo. Otra es reducir las erogaciones, lo que implica bajar jubilaciones, salarios y empleo público, Si no, habría que conseguir financiamiento por más de US$ 15.000 millones para no tener que hacer ajuste alguno. ¿Quién nos va a prestar para que sigamos manteniendo elevados déficits fiscales?

Aun si suponemos que el futuro gobierno conseguirá semejante cantidad de crédito (algo imposible), el cepo asfixia a los sectores productores de bienes exportables e importables. Éstos ven cómo el dólar oficial, en el que se referencian sus precios, no refleja la real depreciación del peso, al tiempo que sus costos lo hacen plenamente. Por lo tanto, o se acepta la realidad de que el tipo de cambio vale más pesos o nuestra moneda se tiene que apreciar, lo que implica que todos los precios de la economía tienen que bajar (incluidos salarios, jubilaciones y el gasto público).

¿Alguien se puede imaginar un escenario de fuerte deflación en la Argentina?

Más allá del relato y de los discursos preelectorales, esperemos que los candidatos presidenciales y sus asesores tengan clara la realidad. Sin el diagnóstico adecuado, será difícil curar una economía que ya está en terapia intensiva, con una minimización de los costos sociales que esto implicará.

Por: Aldo Abram
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