San Pablo, una potencia azucarera
Por la OMC, doblaría su producción
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SAN PABLO (AP).- La industria azucarera de San Pablo eclipsa a sus competidores del mundo y disfruta la victoria de esta semana: la Organización Mundial de Comercio (OMC) falló que los subsidios de la Unión Europea al azúcar violan reglas comerciales. Nacida en los años 70, cuando Brasil se volcó al uso del alcohol como combustible para vehículos, la industria azucarera del estado de San Pablo comenzó como una operación para producir etanol destinado a mercados locales.
Pero en la última década, esa industria logró opacar a todos sus competidores mediante el uso de tecnología de avanzada y los menores costos del mundo para producir azúcar refinada que va a la exportación. Ahora la región azucarera más importante del mundo está lista para un mayor crecimiento y para recibir una ola de inversión extranjera, gracias a un fallo preliminar de la OMC emitido el miércoles, que declara contrarios a reglas del comercio mundial los subsidios que la UE otorga al sector azucarero.
El fallo preliminar de la OMC, si se mantiene, eventualmente podría permitirle a Brasil, que ya produce casi el 17% del azúcar del mundo, más que doblar su actual producción de 5 millones de hectáreas, según Eduardo Pereira de Carvalho, presidente de la Unión de Agroindustria Cañera de San Pablo.
Ese monto representa campos de caña tan grandes como toda la isla de Cuba. Con una historia que se remonta a unos cuatro siglos, el cultivo de azúcar en Brasil tradicionalmente fue en regiones del nordeste del país, a miles de kilómetros de distancia de San Pablo, la ciudad más grande de América latina, con 18 millones de habitantes. San Pablo comenzó su propia historia como una potencia azucarera durante la crisis energética de los años 70, cuando la dictadura militar de aquel momento había lanzado un plan oficial masivo de promoción de alcohol como combustible para autos, para aliviar la dependencia del país de las costosas importaciones de nafta.
Crisis y recuperación
Nadie sabía entonces que Brasil descubriría masivas reservas petroleras fuera del estado de Río de Janeiro. Críticos de la industria azucarera brasileña afirman que es irónico que Brasil rete el sistema de subsidios europeos, pues construyó sus pilares con décadas de préstamos oficiales, precios fijos para el etanol, impuestos al gas para estimular el consumo de alcohol en los autos y otros estímulos.
De los años 70 a los 80, la industria azucarera de San Pablo creció rápidamente con agricultores que compraban tierras a bajo precio y contrataban mano de obra barata para trabajar en los campos, que literalmente utilizaban toda su producción para producir etanol. Pero la crisis llegó en 1989, cuando una ola de mal tiempo acabó con la producción del estado, con la consecuente carestía del etanol.
"Nadie quería un auto de alcohol, y eso realmente afectó el crecimiento del negocio", dijo Luis Eduardo Junqueira Figueiredo, que dirige el plantío azucarero familiar de 30.000 hectáreas.
Pero los propietarios de las plantaciones decidieron entonces cambiar la maquinaria, probar con nuevas variedades de caña e invertir en alta tecnología para producir azúcar refinada de mesa destinada a la exportación. Así, Brasil superó a India como el primer productor mundial de azúcar a mediados de los 90, y las exportaciones saltaron de 5,8 millones de toneladas en 1996 a 13,4 millones en 2002.
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