
Sava-Gancia apuesta fuerte a la capacitación en el barrio
La compañía de bebidas promueve el desarrollo de huertas familiares y cursos de albañiles.
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Las empresas que colaboran con el desarrollo de la comunidad están dejando de ser una aguja en un pajar. Uno de los grupos que está poniendo su corazón en el andamiaje social es Sava-Gancia, el mismo que el año último facturó US$ 200 millones e invierte anualmente de US$300.000 a US$ 400.000 en actividades para mejorar la calidad de vida de la gente.
Con la guía de Anna Gancia de Sinclair, mujer de mirada apacible, cinco hijos y una profunda vocación de servicio, la firma nacida en Torino, Italia, en 1840, realiza una amplia gama de actividades comunitarias. En 1995 comenzaron a poner en práctica Redes, una estrategia pensada para ayudar a la gente a crecer, a desarrollar potencialidades y cubrir necesidades.
"Más que donar dinero, conducimos procesos que llevan a un cambio: aportamos conocimientos, experiencias y habilidades de gestión para detectar oportunidades, potenciar recursos disponibles, hacer operativas buenas ideas dormidas, asignar y administrar los recursos con eficacia, monitorear los procesos y evaluar resultados", aclara la entrevistada.
Para no desperdigar esfuerzos, los Gancia seleccionaron tres áreas: desempleo, educación y salud. "Nuestro propósito es facilitar la participación de la gente para solucionar los problemas que no pueden resolver por sus medios ni a través del Estado", comenta Gancia de Sinclair.
Las acciones de la compañía tienden a modificar conductas y a crear cadenas sociales que permitan transformar y contener a sus integrantes. Redes actúa en las comunidades con el auxilio de los Centros de Formación Profesional que hay en los diferentes municipios para ofrecer, a jóvenes y adultos, la posibilidad de capacitarse en oficios como carpintería, construcción de viviendas y plomería, entre otros.
Uno de los programas estrella de Redes es el de huertas familiares ecológicas. En este caso trabajan con los técnicos de Pro Huerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), quienes entrenan a un grupo de voluntarios de algunas comunidades para que a su vez se conviertan en "promotores" de la actividad en su lugar de origen. Los nuevos especialistas se ocupan de transmitir a las familias y demás interesados el abc de la horticultura orgánica: explican cómo se prepara una huerta, enseñan a producir abono natural a partir de restos de comida y de hojas, a tratar las pestes y las malezas sin substancias químicas, a vencer las dificultades del terreno y a preparar una dieta balanceada.
La capacitación incluye nociones sobre nutrición y las combinaciones que pueden hacer para mejorar la calidad de la comida cotidiana. "Tratamos que las personas aprendan a cultivar hortalizas en los terreno aledaños a las viviendas para que cuenten con productos sanos y frescos al alcance de la mano, ahorren dinero y se alimenten bien, venciendo la desnutrición", dice Gancia.
Buena receptividad
Luego agrega que ha sido grande la receptividad que obtuvieron con el programa, en el que han participado unas 1500 personas asentadas en Avellaneda (Buenos Aires) y en Rawson (San Juan).
La entrevistada cuenta que la gente, al principio, duda si debe o no aceptar la propuesta. Los invade la incredulidad y la deseperanza. "Piensan -recuerda- que no podrán cultivar nada, que en esos suelos es difícil hacer crecer algo. Pero una vez que ven aparecer las primeras hortalizas, todo cambia. Se entusiasman, se alegran y, por supuesto, contagian a los vecinos para que hagan lo mismo." El área de acción de Redes son los barrios, los partidos y las localidades que están alrededor de las plantas que la firma tiene en Avellaneda, Mendoza y San Juan. Trabajan con los habitantes de muchas zonas pobres.
Entre las personas que encontraron en las idas y vueltas por los asentamientos, está Susana Mercado, una líder nata que en San Juan se dedicaba a reciclar ropa para regalar. El empuje y la labor desarrollada por esta mujer le pareció ideal al equipo de Gancia.
Se propusieron mejorar el sistema y darle un "empujoncito" para que el "roperito social" creciera. "Nos acercamos a eso que ya existía. Dimos dos máquinas de coser, materiales para construir un galpón y ropa", aclara Anna Gancia. La respuesta no tardó en llegar. Hoy son cinco los grupos que realizan tareas similares en distintos barrios. Redes también lleva adelante un programa de albañilería que se caracteriza por enseñar a los hombres el oficio en un curso de cuatro meses de duración.






