Se destrabó la ronda de Doha de la OMC
Prometen mayor apertura al agro
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En un intento por dar una señal positiva en el incierto panorama del crecimiento mundial, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) se mostraron dispuestos a flexibilizar sus posiciones sobre la liberalización global y así lograron destrabar la ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Las negociaciones se habían empantanado en la cumbre ministerial de Cancún, México, en septiembre pasado, por la insistencia de la UE en profundizar las normas pro globalización y la reticencia de las potencias, incluido Japón, a reducir su proteccionismo agrícola, tan perjudicial para los productores argentinos y de otras naciones del Tercer Mundo.
Una reunión en París de 30 ministros de los principales países de la OMC, entre ellos, Roberto Lavagna, finalizó ayer con el compromiso de reanudar las conversaciones para arribar a un acuerdo marco a fines de julio. Después de esa fecha, resultará difícil cualquier convenio porque en octubre cambian las autoridades de la Comisión Europea y al mes siguiente se celebran elecciones presidenciales en Estados Unidos, época inadecuada para que ese país formule concesiones comerciales a otros.
El convenio general sólo servirá para cumplir formalmente con la meta de pactar antes de que finalice este año, pero la ronda de Doha, iniciada en 2001, sólo podrá finalizarse a partir de 2005, cuando la situación política de Europa y Estados Unidos se haya aclarado. "Hay voluntad política de reencauzar la ronda de Doha, pero el diablo está en los detalles", advirtió en París el secretario de Comercio, Martín Redrado, recurriendo a una metáfora muy usada en las negociaciones.
En el tablero de discusiones se sentaron tres potencias del Primer Mundo: Estados Unidos, Europa y Japón, y el Grupo de los 20 (G-20), unidos contra el proteccionismo agrícola de aquéllas y liderados por China, Brasil, India, Sudáfrica y la Argentina. El G-20 se reunió con el Grupo de Cairns, de naciones que no subsidian al agro, como la Argentina, Australia y Canadá.
Los países del Norte aceptaron la reducción de cuatro a uno de los llamados temas de Singapur, o pro globalización, que se incluirán en la agenda de la ronda. Sólo se discutirá la estandarización de normas aduaneras para facilitar el comercio. Se excluyeron del debate los capítulos sobre la protección de las inversiones extranjeras, la transparencia de las compras gubernamentales y la homogeneización de las políticas de competencia.
Quedaron incluidos en la agenda otros asuntos de interés para las potencias, como la liberalización de los servicios y del comercio de bienes industriales. También se incorporaron los que defienden los países del Sur: la apertura agrícola y el tratamiento diferenciado para los países de Africa, el Caribe y el Pacífico (ACP), que fueron los que abortaron la cumbre de Cancún.
Redrado comentó que en París se avanzó en dos de los tres pilares de la liberalización del agro. Las potencias se comprometieron a eliminar todos los subsidios a la exportación, incluidos los indirectos, mediante créditos, seguros o garantías. También dijeron que reducirán en forma sustancial las ayudas a la producción, pero el G-20 quiere ver en qué medida las bajarán porque su pretensión es que la UE las disminuya en un 70% y Estados Unidos, en un 35%. No hubo progresos en la caída de los aranceles a la importación.




