
Sí, es posible la amistad entre economistas
Las diferencias en las ideas no tienen por qué trabar las relaciones personales, dice Dorfman
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¿Cómo comienzan las amistades? Más importante, ¿qué tiene que ocurrir para que terminen? En particular, ¿tiene sentido terminar una amistad por diferencias de punto de vista económicas, políticas, filosóficas o artísticas? Algunos ejemplos, extraídos del campo económico, pueden ayudar a reflexionar sobre esta cuestión, a propósito del Día del Amigo.
Al respecto, entrevisté al norteamericano Robert Dorfman (1916-2002), quien junto a Paul Anthony Samuelson y Robert Merton Solow, en 1958 publicó Programación lineal y análisis económico (conocido como Dosaso). Pero lo entrevisté porque tenía como modelos a David Ricardo y a Thomas Robert Malthus, a quienes la discrepancia que tuvieron en 1815, a propósito de la derogación de las leyes de granos, no les disminuyó en un ápice su profunda amistad, que sólo terminó en 1823 cuando falleció el primero de los nombrados.
En 1989 usted publicó un trabajo dedicado exclusivamente a esta cuestión.
Porque la considero fundamental. Malthus y Ricardo se conocieron personalmente en 1811. Entre ellos se desarrolló una notable y fructífera colaboración. Son los dos grandes amigos dentro del análisis económico. Cada uno le escribió al otro alrededor de 80 cartas. Cuando falleció Ricardo, Malthus afirmó: "A nadie quise tanto fuera de mi familia. Nuestro intercambio de ideas fue tan abierto, teniendo como único propósito la búsqueda de la verdad, que estoy convencido de que con el tiempo nos hubiéramos puesto de acuerdo". Los dos estaban obsesionados por lo mismo: entender cómo funciona la economía.
-Lamentablemente, no siempre es así.
-Efectivamente. Un ejemplo de esto, que también tuvo lugar en Inglaterra, lo protagonizó John Maynard Keynes. Su obra más conocida, La teoría general, publicada en 1936, no es precisamente condescendiente con lo que él denominaba "los economistas clásicos". No Adam Smith, Ricardo o Malthus, sino, en particular, Arthur Cecil Pigou y Dennis Holms Robertson. Ambos se enojaron muchísimo con Keynes; con Pigou, las relaciones fueron posteriormente restablecidas; con el segundo, tarde, mal y nunca. Una verdadera lástima.
-Desde este punto de vista Carlos Federico Díaz Alejandro estaba más cerca de Ricardo y Malthus que de Keynes.
-Así es. En el congreso en su honor celebrado en Helsinki, en 1986, Michael Bruno destacó el punto afirmando que, reunidos para recordar a Díaz, se encontraban bajo el mismo techo economistas que en otras ocasiones ni se hubieran saludado.
-En la Argentina viene a cuento el caso de Federico Pinedo y Raúl Prebisch.
-En la década de 1930, lideraron el equipo económico que tuvo que enfrentar la Gran Crisis de la década de 1930, desde un país periférico. Desafío no menor, analizado en 1992 por Amalia A. Louro en El grupo Pinedo-Prebisch y el neoconservadorismo renovador. Con posterioridad se distanciaron, pero en 1971 Pinedo dijo de Prebisch que "haber sido siempre funcionario le ha perjudicado mucho su desarrollo mental, que es poderoso, porque es una cabeza muy bien organizada", mientras que en 1985 Prebisch dijo de Pinedo: "Este hombre extraordinario no fue apreciado debidamente en nuestro país, debido a las pasiones políticas, pero que su significación crece con el tiempo. Bajo condiciones políticas más favorables hubiera podido haber sido uno de los grandes presidentes de la historia argentina".
-Tampoco hay que cometer el pecado contrario, no señalarles sus equivocaciones a los colegas, cuando son amigos.
-Efectivamente. El pecado es particularmente severo porque quien ejerce una responsabilidad ejecutiva vive bajo fortísima tensión y, por consiguiente, puede comenzar a "ver" conspiraciones detrás de cada señalamiento crítico. Aquí es donde la amistad, entendida como opinión sin ulteriores intenciones, resulta particularmente valiosa y debería ser apreciada. Aunque en el nombre de la amistad haya que arriesgar a dejar de ser considerado amigo por parte de quien viviendo en tal tensión cree que hasta su amigo forma parte de la conspiración. Con el tiempo, el entuerto se aclara.
-Don Robert, muchas gracias.




