
Singapur, signada por la potencia china
El éxito como legado. La población china creó un capitalismo de Estado y un moderno sistema burocrático.
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SINGAPUR.- Es un fenómeno que se da en todos los países de la región. Los chinos forman una elite comercial y financiera y manejan una parte sustancial de la economía. Es obvio que eso ocurra aquí en Singapur, donde forman el 75% de la población o en Malasia, donde constituyen el 30%, pero aun en países en los que son una minoría relativamente pequeña desempeñan el mismo papel. En Indonesia sólo el 2% de los habitantes son chinos, pero manejan el 50% de los negocios.
Chinos de distintas regiones comenzaron a emigrar a estos países mucho antes de la llegada de los europeos y crearon sus redes comerciales. Ahora están integrados con las otras comunidades y la mayoría habla como primera lengua el idioma del país. Pero hasta no hace mucho eran frecuente objeto de violencia racial. Su relativa prosperidad los convertía en chivos emisarios de resentimientos sociales y reivindicaciones nacionalistas. En la década del sesenta hubo estallidos en Malasia y sobre todo en Indonesia, donde se produjeron matanzas. Más trágica fue la persecución en Camboya, durante el régimen del Khmer Rouge, cuando la mayoría de los chinos que no había abandonado el país a tiempo fue asesinada.
Sin armas ni bandera
A lo largo de siglos, en períodos de calma o de tumulto social, con su espíritu pragmático y su extraordinario poder de adaptación, los chinos sobrevivieron y prosperaron. ¿Cómo enfrentan ahora un futuro de cambios económicos y políticos en la región?
Wang Gungwu, director del Instituto de Asia Oriental de la Universidad de Singapur, es la autoridad más respetada en el tema de la emigración china al sudeste asiático y la cultura de los chinos expatriados. Sus trabajos analizan el carácter particular de las comunidades, separadas por sus orígenes en distintas regiones de China y su particular talento para la adaptación manteniendo siempre su idiosincracia. En una larga entrevista con La Nación , el especialista revisó las distintas etapas en que se desarrolló la actividad económica de los chinos en la región.
"Las potencias coloniales trajeron su comercio aquí junto con sus armas y su bandera. El objetivo era económico, pero se apoyaban en medios políticos y militares. Los chinos no tenían ni armas ni bandera que los respaldaran. Dependían del comercio y de su ingenio -explica. En esas circunstancias, era importante mantener y desarrollar sus redes de conexiones. Los europeos, que eran muy pocos, usaron a los chinos como intermediarios con los nativos y los chinos se adaptaron muy rápidamente al comercio moderno. Esto los distanció de los naturales de cada país que quedaban más confinados en sus propias áreas." En este proceso, desarrollaron redes comerciales. "Los chinos tienen un espíritu muy secular y muy pragmático -prosigue el profesor Wang-; la familia y las lealtades de clan, reforzadas por la tradición son la base para desplegar sus negocios. Traladadan la estructura de relaciones familiares a la organización comercial. "
Las multinacionales
Las empresas chinas triunfaron trabajando como redes, que forman estructuras muy ágiles aunque no muy permanentes. "Este es un sistema muy eficaz -subraya Wang-, siempre que los objetivos sean simples y claros, como por ejemplo ganar más dinero. Pero no funciona si deja de estar al margen de la política. Cuando un socio tiene intereses políticos se ve en la necesidad de tratar con otras gente cuyos intereses no son comerciales. Gente que quiere el poder, y entonces el sistema se deshace."
Nacidas para manejarse en situaciones en que no tenían poder, las redes chinas se vuelven vulnerables a las manipulaciones de los políticos. Esta es la gran diferencia con las multinacionales, que pueden trabajar con los gobiernos y obtener ventajas de esa relación.
"Un límite para el crecimiento de las empresas chinas es su incapacidad para dejar el manejo de los negocios en manos de un poder gerencial. En las compañías chinas siempre hay una persona que tiene todo el control. La cultura de las multinacionales, con fuerte base legal y un directorio que deja el manejo directo en manos de los ejecutivos es ajena al espíritu chino. Por eso las multinacionales pueden trabajar con los gobiernos y las redes chinas no", explica Wang.
La excepción de Singapur
La situación de Singapur es excepcional con respecto al resto del Sudeste asiático, porque aquí los chinos constituyen la mayoría de la población y tienen en sus manos el gobierno. "Este nunca fue un país hasta que fue expulsado de la Federación Malaya por sus desinteligencias con el resto de ese Estado -resume Wang-; se necesitó un gobierno fuerte para sobrevivir".
Una estructura de Estado sólida, como se deseaba crear, no podía apoyarse en la estructura siempre móvil de las redes comerciales chinas. El gobierno se volvió entonces a las multinacionales para echar las bases de la prosperidad actual de Singapur. Con su siempre asombrosa capacidad de adaptación, los chinos terminaron creando un capitalismo de Estado y un moderno sistema burocrático en el que las grandes empresas públicas deben competir en eficiencia con las compañías privadas.
En este contexto, ¿cuál es el futuro del sistema tradicional chino de hacer negocios? "El sentido de la familia extendida, como se la entendía antes, con relaciones que llegaban hasta los parientes más lejanos, no puede subsistir en un entorno altamente urbano. Esto es un hecho -concluye el profesor Wang-, pero la idea de la red de conexiones familiares subsiste, aunque más no sea como una noción. Y el desarrollo actual de las comunicaciones puede revitalizar el sistema. Una vez más habrá que confiar el extraaordinario pragmatismo de los chinos."
El éxito como legado
La población china creó un capitalismo de Estado y un moderno sistema burocrático.
SINGAPUR (De un enviado especial).- La situación de Singapur es excepcional con respecto al resto del sudeste asiático, porque aquí los chinos constituyen la mayoría de la población y tienen en sus manos el gobierno.
La prosperidad de esta diminuta república insular -sólo 647 Km2 poblados por menos de tres millones de habitantes- se asienta sobre sus bases sólidas: un ingreso per cápita anual de más de 27.000 dólares anuales, un volumen comercial que, incluyendo las reexportaciones de países vecinos fue de 361.000 millones de dólares en 1996, y un constante superávit de cuenta corriente que equivale al 15 por ciento del producto bruto interno.
Envidiada por los vecinos
Con su modernidad y sus asombrosos niveles de eficiencia, Singapur es un modelo y un motivo de envidia para sus vecinos. Se podría llamar a esto un paraíso. Pero entonces habría que admitir la idea de un paríso regimentado.
"Este nunca fue un país hasta que fue expulsado de la Federación Malaya por sus desinteligencias con el resto de ese Estado -resume Wang-; se necesitó un gobierno fuerte para sobrevivir".
Una estructura de Estado sólida, como se deseaba crear, no podía apoyarse en la estructura siempre móvil de las redes comerciales chinas. El gobierno se volvió entonces a las multinacionales para echar las bases de la prosperidad actual de Singapur. Con su siempre asombrosa capacidad de adaptación, los chinos terminaron creando un capitalismo de Estado y un moderno sistema burocrático en el que las grandes empresas públicas deben competir en eficiencia con las compañías privadas.
El futuro
En este contexto, ¿cuál es el futuro del sistema tradicional chino de hacer negocios? "El sentido de la familia extendida, como se la entendía antes, con relaciones que llegaban hasta los parientes más lejanos, no puede subsistir en un entorno altamente urbano.
"Esto es un hecho -concluye el profesor Wang-, pero la idea de la red de conexiones familiares subsiste, aunque más no sea como una noción. Y el desarrollo actual de las comunicaciones puede revitalizar el sistema. Una vez más habrá que confiar el extraaordinario pragmatismo de los chinos."






