Subirán los precios de más modelos

Andrés Chambouleyron
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25 de noviembre de 2013  

Un análisis microeconómico elemental de la propuesta del Gobierno de gravar con un impuesto de 50% a (entre otros) aquellos autos de valor de mercado superior a $ 170.000 revela que ese impuesto no sólo repercutirá en el precio de esos vehículos, sino también en el del resto de los autos percibidos por los consumidores como "similares" o con las "mismas prestaciones". ¿Cómo es esto?

Imagine el lector una camioneta que vale $ 170.000 en el mercado y que quede sujeta al impuesto, y otra percibida por los compradores como similar a la anterior pero un poco más barata, digamos, $ 150.000, y que por ende no está sujeta al impuesto. ¿Qué ocurrirá? La camioneta más cara terminará con un precio final resultante de alrededor de $ 255.000 (170.000 más el 50% de esta cifra). ¿La más barata seguirá costando el mismo precio que antes? Claramente no, si ambas camionetas son percibidas por los consumidores como de la misma categoría: luego de la aplicación del impuesto, la demanda de la más cara caerá, mientras que la de la más barata subirá, haciendo subir su precio. ¿Cuál será entonces su precio final de equilibrio?

La teoría económica y la evidencia empírica indican que se ubicará en un valor tal que mantenga su precio relativo con respecto a la más cara en un nivel similar al de antes de la aplicación del impuesto. ¿Cuánto es esto? Ese precio relativo era antes del impuesto igual a 0,88, o 150.000 dividido 170.000. Esto significa que luego de la aplicación del impuesto la más barata pasará a costar 88% del nuevo valor de la más cara, es decir, $ 225.000 (un aumento también de 50%).

La historia no termina ahí, porque también hay camionetas con valor de mercado (antes del impuesto) de $ 140.000, 130.000 y 120.000 que una porción del mercado percibe como con las mismas prestaciones que la de $ 150.000 y cuyas demandas también aumentarán luego de la aplicación del impuesto, empujando sus precios. ¿Hasta dónde se expandirá la ola de aumentos? Es probable que su impacto se haga sentir sólo en aquellos vehículos que el mercado (los compradores de autos) perciba como sustitutos cercanos o similares o con prestaciones similares a aquellos que sufrieron la aplicación del impuesto, pero es difícil anticipar ese efecto, porque depende de las percepciones de los consumidores, y la onda expansiva de aumentos podría llegar a todo el mercado.

Es importante aclarar que el aumento de precios también afectará al mercado del usado, ya que un vehículo de segunda mano es percibido por el mercado como un sustituto más barato del nuevo. Por último, la segunda preocupación que deberían tener los consumidores es que en la Argentina todos los impuestos que el Congreso fija con carácter transitorio se convierten en permanentes. El Gobierno fija este impuesto de emergencia supuestamente para evitar la sangría de divisas y para evitar tener que devaluar la moneda. Esto significa que si nuestra historia se repite, la moneda se terminará (tarde o temprano) devaluando, pero el impuesto quedará y terminaremos pagando autos (y no sólo los de alta gama) a un tipo de cambio muy superior al actual, pero con un aumento adicional de 50%.

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