Temor por la sobreexplotación pesquera
Errores: los permisos excesivos en los últimos diez años dejaron al sector en una situación acuciante; los técnicos dicen que el caladero está al borde del colapso.
1 minuto de lectura'
En lo que va de la década, las exportaciones pesqueras argentinas superaron ampliamente el acelerado ritmo de crecimiento de la actividad económica interna.
Sólo en 1997 se exportaron 997 millones de dólares, si bien en el año récord -1996- las cifras habían trepado a 1013 millones de dólares, un 11 por ciento por encima de las de 1995, y un 150 por ciento por encima de las de 1991.
En volumen, las ventas externas ascendieron a 671.700 toneladas en 1996, un 15 por ciento arriba del año anterior, y un 145 por ciento respecto de 1991.
El lado oscuro de esta exitosa historia -por la que, desde 1994, la exportación de pescado le ha dejado al país más ganancias que por el de las tradicionales carnes rojas- es que el caladero argentino está hoy al borde del colapso.
Esto significa que todas las especies de valor comercial están en su nivel de captura máxima permisible (CMP) en tanto que la merluza hubbsi -que representa el 60 por ciento de las capturas totales- está sobreexplotada.
Al punto que un informe del Instituto de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep), organismo ejecutor de las tareas de conservación, que depende de la Secretaría de Agricultura, Pesca y Alimentación, revela que sólo quedaría un 20 por ciento de la biomasa (stock) de merluza adulta en el mar argentino.
Y las perspectivas no son halagüeñas, si se piensa que la CPM de 280.000 toneladas fijada para el presente año ya ha sido ampliamente sobrepasada en, por lo menos, 100.000 toneladas, según afirman técnicos del sector.
Alerta rojo
Con la sombra de pesquerías agotadas por una explotación irracional en otros mares del mundo -está muy fresco el recuerdo de la extinción del bacalao en el Mar del Norte, por ejemplo-, los distintos sectores involucrados reconocen que el problema aquí también es grave.
Una medida en consonancia con tal preocupación ha sido la elaboración de una ley de emergencia pesquera que obtuvo días pasados media sanción en Diputados.
El proyecto establece la creación de la comisión bicameral de seguimiento del cumplimiento de la ley de pesca -cuya reglamentación está muy demorada-, a la vez que prohíbe la captura en zonas de desove y suspende la habilitación de nuevos permisos de pesca.
Pero para el doctor Eduardo Auguste, flamante subsecretario de Pesca, la solución del problema no pasa por la emergencia pesquera.
Primero, porque de acuerdo con la ley federal de pesca sancionada el 6 de enero de este año -después de 25 años de vanos intentos- quien maneja tal política es el Consejo Federal Pesquero "y éste ya declaró a la merluza hubbsi en emergencia y fijó cupos y cuotas de captura para lo que resta del año". La iniciativa de los legisladores le parece, por lo tanto, "sobreabundante".
Excesos de permisos
Al preguntársele por qué se ha llegado a esta situación de crisis evidente, el doctor Auguste apuntó al "exceso de permisos de pesca concedidos durante los últimos 10 años".
Pero en la comisión respectiva de la Cámara baja, donde fue invitado a concurrir a fines de septiembre, a poco de hacerse cargo, el funcionario fue bastante más allá y -en una denuncia que causó sorpresa- indicó que las autoridades salientes se llevaron "hasta las computadoras", situación que dejó registrada en la instancia policial, y agregó que había que buscar a los responsables de la situación actual entre los que firmaron los nuevos permisos de pesca sabiendo que el caladero estaba en el límite.
La crisis no empezó ayer. Ya en 1996, la Cámara de Armadores Pesqueros Congeladores de la Argentina (Capeca), cuyas empresas exportan en conjunto más de 600 millones de dólares por año, había solicitado que no se otorgaran más permisos de pesca "de ninguna especie y bajo ningún concepto" y que dado el sobredimensionamiento de la flota actual, los permisos de pesca nacionales deberían permitir, e incluso incentivar, la salida de barcos fuera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina a pescar en alta mar para disminuir el esfuerzo en aguas territoriales; a su vez, que el charteo de barcos poteros (para la pesca del calamar) no tenía razón de ser ante la situación del caladero y en vistas de que la flota nacional tenía suficiente capacidad de captura.
La opinión de Capeca -cuyo titular, hasta el momento de asumir en la función pública era Eduardo Auguste- es también la de reducir la captura, hacer paradas programadas de buques y mantener zonas de veda (en este momento abarca 220.000 km2 de mar argentino) ejerciendo un control estricto.
A la hora de buscar razones al colapso pesquero en las 200 millas de la ZEE, no son pocos los que miran con malos ojos el Acuerdo de Pesca con la Unión Europea aprobado por el Congreso en 1994.
Por tal convenio se estableció el ingreso a la flota pesquera argentina de buques de la Comunidad, mediante radicaciones, sociedades mixtas o asociaciones temporales, reemplazando buques argentinos que transferirían sus permisos de pesca: hasta 120.000 toneladas de merluza hubbsi y, para especies que en ese entonces no habían llegado a la captura máxima permisible, 50.000 toneladas de merluza de cola, 30.000 de calamar y 50.000 de bacalao criollo y/o granadero.
Aguantar la recesión
Pero si se tiene que reducir en un 50 por ciento la captura de todas las especies -como indica el Inidep- y solamente la merluza hubbsi representa el 60 por ciento de las exportaciones, fácil es deducir que, para evitar el colapso, habrá que resignar un 30 por ciento de las exportaciones de pescado para los próximos años.
Esto, evidentemente, no será neutro desde el punto de vista del impacto socioeconómico, en una industria de mano de obra y capital intensivos, que emplea a 20.000 personas en forma directa y a más de 100.000 en forma indirecta y que ya está sufriendo los coletazos de la crisis.
"El pescado cada vez está más lejos. Cada vez hay menos pesca", dice Rubén Burkhard, gerente de la Cooperativa Marplatense de Pesca, que reúne a 150 embarcaciones con no más de 10 tripulantes cada uno. "Mil quinientas familias", resume. Y pinta un panorama desolador, con un puerto marplatense con plantas procesadoras abandonadas y buques factoría que levantan en un día lo mismo que sus 150 barcazas juntas.
En su opinión, todo lo que hay que hacer es cumplir con la ley de pesca, pero la puja entre buques fresqueros y congeladores por las cuotas, demora la reglamentación y su temor es que ocurra lo de siempre: que el hilo se corte por lo más delgado.
También el Consejo de Empresas Pesqueras Argentina (CEPA), que agrupa a empresas pesqueras integradas, con plantas procesadoras en tierra y abastecimiento al mercado interno y externo y una facturación anual de 150 millones de dólares, ve nubarrones sobre el mar.
"Vamos hacia el colapso y la forma de pararlo es aplicando la asignación de cuotas a cada grupo empresario, como dice la ley, y otorgando permisos para especies como la merluza de cola y el calamar, en compensación por las pérdidas en la cuota de captura de la merluza hubbsi", dice su presidente, Oscar Fortunato.
El subsecretario de Pesca, en cambio, sostiene que la única salida es "bajar flota", recomprando permisos de pesca con un préstamo que se está gestionando a tal efecto con el Banco Mundial, y así "achicar el caladero en por lo menos un 30 por ciento. De lo contrario, mandaríamos a muchas empresas a la quiebra", aseguró Por ahora, la gran incógnita es lo que puede llegar a suceder en los próximos meses, en el marco de un recurso agotado y con sectores comerciales a quienes les resulta cada vez más difícil resignar terreno en el mercado pesquero.
- 1
- 2
“Debe ser el espejo”: en el campo celebraron la promesa de Milei sobre las retenciones, pero hubo reparos por los tiempos y dudas por semillas
3Dólar oficial hoy, dólar blue hoy: a cuánto cotiza este domingo 1° de marzo
4El “momento Covid llegó a Italia” para la IA: cuando las fichas empiezan a caer en forma masiva


