Tradición, clase y negocios
El Jockey Club y el Círculo de Armas, dos clubes que agrupan a empresarios, políticos e intelectuales
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Es jueves al mediodía. El restaurante del Jockey Club está repleto. En una mesa, Jorge Brito (Banco Macro), habla con otros dos hombres trajeados, también banqueros, aunque de bajísimo perfil. En la otra, Alejandro Bulgheroni, de Bridas, saluda de lejos a Eduardo Costantini.
La noche antes, en el Círculo de Armas, algunos de los mismos personajes habían participado de la tradicional "tertulia de los miércoles", en la que después de escuchar hablar a Federico Pinedo (diputado del Pro), entre whisky y whisky un grupo de hombres charlaba alegremente con Carlos Pedro Blaquier, de Ledesma.
Aunque estas escenas nunca ocurrieron, perfectamente podrían darse cualquier día, cualquier mediodía o noche en algunos de estos dos clubes. Cuna de empresarios, políticos y hombres de alcurnia, el Jockey Club y el Círculo de Armas siguen siendo dos de los circuitos sociales más selectos de Buenos Aires. Pertenecer a cualquiera de ellos tiene sus privilegios: ambos tienen acuerdos de reciprocidad con los clubes más selectos del mundo, permiten la práctica de algún deporte y lo que es aún más importante: son escenarios frecuentes de coquetas comidas y de reuniones clave, donde pueden dirimirse negocios multimillonarios.
Fundado el 15 de abril de 1882 por Carlos Pellegrini, el Jockey tiene 6400 socios activos -sólo se aceptan varones- y todos los meses, según confiaron desde la entidad, recibe entre cuatro y 10 solicitudes de ingreso. Entrar, sin embargo, no es tarea fácil: hace falta contar con la firma de cinco socios, tener el visto bueno de la comisión directiva y pagar por única vez una cuota que puede ir desde los $ 4800 -en el caso de los hijos de socios con más de 40 años de antigüedad en el club- hasta los 260.000, en el caso de no tener parientes que sean miembros. Mensualmente, la cuota ronda los 605 pesos. Los socios pueden disfrutar luego de la sede social en la avenida Alvear, exclusiva para hombres, o de la sede en San Isidro (a la que puede ir la familia de los socios), con su cancha de golf y campo de deportes.
En el Círculo de Armas, que mantiene su tradicional y única sede en la Corrientes 671 y se creó como un club de esgrima en 1885, el ingreso es todavía más complicado, ya que mantiene vigente el sistema de bolilla negra. En este caso, la cuota de ingreso no es alta, pero exige que el candidato sea introducido por cinco socios y que luego la solicitud sea sometida a votación de todos los miembros. Por cada bolilla negra, debe recibir cinco aprobaciones. Así, sus socios se precian de haber rechazado a embajadores y empresarios.
"El Círculo se mantuvo en la vereda opuesta al Jockey. Creo que no son más de 400 socios [sólo hombres]. Por eso, la cuota mensual también es más alta, de unos 700 pesos", relata uno de sus miembros, que pide anonimato. "Tiene una sola sede y mal ubicada, pero extraordinaria como edificio; es típicamente inglés, lo que implica que sólo se puede tomar, ir al sauna, comer, jugar cartas, squash y hacer yoga. Sirve para figurar."
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