Tras medio siglo de guerra ininterrumpida con Palestina, en Israel hoy la pobreza es más temida que las bombas
El gobierno de Sharon agotó sus fondos y recortó 50 por ciento los subsidios sociales
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DIMONA, Israel (The New York Times News Service).- Las compras previas al regreso a clases siempre son una molestia inevitable para los niños, pero este año en Israel, con la economía padeciendo uno de los peores períodos de su historia, también se ha convertido en una tarea muy temida por los padres.
Los bombarderos suicidas, no las estadísticas económicas, son los que generalmente conquistan los titulares en Israel. Pero con el índice de desempleo en Israel en los dos dígitos y un nuevo programa gubernamental de austeridad que ha reducido en 50 por ciento los subsidios sociales para decenas de miles de familias muchos israelíes están más preocupados por los asuntos económicos que por las relaciones con los palestinos.
"Durante el año pasado, hemos estado contando los centavos cada mañana para asegurarnos de que habrá comida sobre la mesa. No sé dónde encontraremos dinero para comprar los libros escolares", dice Yoel Menachem, un hombre de 36 años que practica varios oficios y tiene cinco hijos, los cuales regresarán a clases el domingo en Dimona, una ciudad israelí de 40.000 habitantes en el Sur. "Durante años, nuestro gobierno ha utilizado la guerra como una cortina de humo para no tener que enfrentar el problema de la economía. Ahora estamos padeciendo por ello", dijo.
Israel siempre se ha enorgullecido de su espíritu pionero y emprendedor. Esta mentalidad impulsó su ingreso per cápita hasta convertirlo en uno de los más altos de Medio Oriente, y llevó prosperidad al país, pese a gastos masivos para cubrir los costos de las guerras que se han librado a lo largo de los últimos 55 años. En 2000, no obstante, la economía entró en una espiral descendente como consecuencia de los combates más recientes con los palestinos y el desplome de la industria de las empresas de computación. El resultado neto fue la pérdida de cientos de millones de dólares en dos de los principales sectores de la economía, el turismo y las corporaciones de alta tecnología.
Los problemas económicos a lo largo de los últimos tres años culminaron con un desastre social este verano y han generado un número creciente de votantes que están cuestionando los gastos militares del gobierno. Varios gobiernos municipales han agotado sus recursos financieros, obligando a los hospitales a cancelar todas las operaciones quirúrgicas, salvo las de urgencia. Algunas poblaciones han resentido la suspensión de su servicio de agua por falta de pago. En julio, el índice nacional de desocupación laboral se elevó a 11 por ciento, mientras en Dimona este porcentaje llegaba a 13,2 por ciento, lo que hace de esta comunidad una de las más afectadas en toda la nación. El gobierno del primer ministro Ariel Sharon, en un esfuerzo por reducir el gasto público, llevó a cabo los recortes más radicales en el gasto público para servicios sociales que se hayan visto en este país, reduciendo los subsidios para niños y por desempleo en el equivalente hasta de 50 por ciento para algunas familias.
Holocausto social
"Resulta extraño utilizar esta palabra en Israel, pero lo que estamos viendo es un holocausto social", dice Olga Peretz, directora del capítulo Domina de la organización nacional de servicios sociales Yadid. "Tengo padres que llegan a mi oficina diciendo: "Tome a mis hijos. No puedo alimentarlos, no puedo cuidarlos.""
Las estadísiticas muestran que una de cada seis familias israelíes vive en la pobreza. La mitad de los niños vive bajo la línea de la pobreza, según algunos cálculos. En los últimos años, cientos de miles de trabajadores de cuello azul, u obreros, como Menachem, se han visto sumergidos en las filas de los trabajadores pobres.
En Dimona, donde nunca ha habido un ataque suicida de bombarderos y los residentes tienen escasa o nula interacción con los palestinos, los residentes admiten que la paz con los palestinos aportaría un dividendo económico al país, pero no están dispuestos a lanzarse apresuradamente a firmar un acuerdo de paz que tenga un alto costo político. Algunos no creen que los militantes palestinos cesarían sus operaciones contra Israel incluso si los palestinos obtuvieran la estatidad en la margen occidental y en la Franja de Gaza. De forma que, con la paz sólo como una teoría al parecer bastante distante, los residentes se concentran más bien en las realidades de su vida cotidiana.
Esa lucha para satisfacer las necesidades básicas diarias ha generado un movimiento popular político de votantes descontentos cuyos miembros pertenecen a todos los niveles de la vida. En una encuesta publicada la semana pasada en el diario hebreo Ha´artez, 39% de los entrevistados dijo que, en su opinión, los problemas económicos de la nación provocarán elecciones prematuras, en comparación con 31%, que opina que asuntos de seguridad obligarán a la creación de un gobierno nuevo.
"Nuestro pueblo necesita empleos y no los hay. En lugar de manufacturar tanques con un costo de 20 millones de dólares, ¿por qué no invertimos ese dinero en investigación y desarrollo de alta tecnología?", dice Amos Sirag, vocero de Gabi Laloush, alcalde de Dimona y miembro del Partido Likud, al que pertenece Sharon.
Menachem no puede darse el lujo de debatir acerca de los puntos finos de la recuperación económica. Está demasiado ocupado tratando de que el banco le preste dinero para comprar libros escolares para sus hijos de 7 y 8 años de edad. El costo promedio de regresar a la escuela por cada niño es unos 636 dólares, lo cual es más que el salario mensual que recibe. "La paz (con los palestinos) sería buena... pero la verdad es que más me gustaría tener la paz mental de saber que mis hijos asisten a una buena escuela."







