Un Banco Central independiente para gestionar expectativas

Carlos Balter
Carlos Balter PARA LA NACION
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10 de diciembre de 2015  

Hay que preguntarse sobre las razones teóricas por las que se eligen directores del Banco Central (BCRA) por un cierto período de tiempo y que sean inamovibles mientras su actuación resulte idónea y honesta. El motivo principal que justifica esta estabilidad es transmitir a los operadores económicos el mensaje de que la política monetaria y cambiaria tendrá un alto grado de estabilidad. Minimizar oscilaciones en la oferta monetaria y en el modo de intervenir afectando el valor del tipo de cambio es básico en cualquier diseño de política macroeconómica para el crecimiento. Y así lo establece la carta orgánica del BCRA.

Pero ocurre que las hasta ahora autoridades del BCRA no creían en estos objetivos, sino que su actuación última se limitó a implementar una política monetaria definida por la necesidad de financiar el déficit público, complementada con un control de cambios que regula la demanda de dólares necesaria para impedir que la divisa suba y así aplacar los incrementos de precios causados justamente por esta emisión monetaria. Emitir y luego usar el tipo de cambio para reprimir sus efectos inflacionarios. Impuesto inflacionario y luego cepo: exactamente lo opuesto a una política monetaria y cambiaria que priorice la estabilidad de precios y la del tipo de cambio real.

Tenemos que entender la diferencia entre tipo de cambio nominal y real. El real es el que resulta de tener en cuenta la inflación de costos local y la inflación en los países a los que se exporta. Lo relevante es el tipo de cambio real, que determina cuánto se podrá exportar e importar en bienes y servicios. Con una inflación local de cerca del 30% anual, pensar que se puede mantener un dólar nominal fijo es realmente un absurdo. Se dejaría de vender al mundo, se frenarían importaciones de insumos críticos y tarde o temprano se agotarían las reservas, aunque transitoriamente alguien preste algunos dólares.

Los peyorativamente denominados "miembros del club de los devaluadores" son simplemente lógicos en un razonamiento económico elemental, mientras que los que insultan y pregonan un mundo sin devaluación con inflación, o son ignorantes o son exageradamente inescrupulosos en sus mentiras con fines de propaganda política.

Por ello, no pueden permanecer dirigiendo el BCRA quienes no creen en los objetivos de estabilidad monetaria y cambiaria. Deben ser removidos con la mayor celeridad del procedimiento previsto en la ley, para lo que el presidente provisional del Senado debe convocar a la comisión permanente del artículo 9° (de la cual es su presidente natural) en forma inmediata, pues no es necesaria la convocatoria a sesiones extraordinarias.

La recomendación de tener una banca central independiente tiene como única justificación maximizar la estabilidad presente, generando simultáneamente expectativas de estabilidad futura. Se trata de, esencialmente, un objetivo de estabilidad en la política monetaria y cambiaria. Si los directores no creen en estos objetivos, sino que simplemente obedecen rigurosamente a una necesidad de la política fiscal deficitaria de la administración central, no pueden gozar de inamovilidad en sus cargos. Sería obviamente un contrasentido.

La nueva conducción política anunció sus intenciones de una política de crecimiento de la economía nacional en su conjunto, pero especialmente del salario real, y pobreza cero. Para lo cual una política monetaria antiinflacionaria y una política cambiaria pro exportación son requisitos básicos.

El tema fue suficientemente estudiado en teoría económica. Ningún otro impuesto es tan regresivo como el impuesto inflacionario, y no hay discrepancias teóricas sobre la gran oportunidad de un crecimiento económico apoyado en la exportación industrial. Una banca central independiente es muy recomendable, pero entiéndase bien: no para servir obsecuentemente a los generadores de déficit fiscal.

El autor es ex vicepresidente de la Cámara de Diputados

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