Un mosquito contra el zika levanta tormenta

Jacob Bunge
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20 de mayo de 2016  

Un mosquito biotecnológico está desatando una tormenta política en los Cayos de Florida.

Oxitec Ltd., un fabricante británico de insectos genéticamente modificados, planea ir de puerta en puerta durante las próximas semanas en la localidad de Key Haven para promocionar las virtudes de un mosquito genéticamente modificado que, en su opinión, puede ayudar a acabar con los mosquitos silvestres que transmiten enfermedades como el virus del zika y el dengue.

Los críticos de la prueba de campo propuesta por Oxitec están combatiendo la propuesta activamente con letreros y campañas en las redes sociales, advirtiendo que no se necesitan mosquitos transgénicos para frenar las enfermedades y que éstos podrían dañar los ecosistemas locales.

El asunto divide a los cerca de 1.000 habitantes de Key Haven, una comunidad cercana a Key West, donde Oxitec y las autoridades locales de control de plagas buscan obtener el permiso federal para desarrollar la prueba.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que evalúa la propuesta y le dio su visto bueno preliminar en marzo, ha recibido más de 2.600 comentarios a favor y en contra y las reuniones sobre el tema en ocasiones han degenerado en gritos. En abril, las autoridades locales decidieron realizar una votación pública sobre el plan en agosto.

"Vamos a tratar de hablar con todos los residentes de Key Haven que podamos", dice Derric Nimmo, gerente de desarrollo de productos de Oxitec, que encabeza la campaña en Florida. "El riesgo del zika es muy, muy real. El riesgo de esta tecnología es prácticamente inexistente".

Ambas partes reconocen que hay mucho en juego. El Distrito de Control de Mosquitos de los Cayos de Florida, que trabaja con Oxitec en la prueba propuesta, considera los mosquitos modificados como una posible herramienta para frenar el Aedes aegypti, el mosquito que ha ayudado a propagar el virus del zika. Los mosquitos de Oxitec están diseñados para transmitir un gen que causa la muerte de las crías antes de que alcancen la adultez, lo que frenaría el número de mosquitos potencialmente infecciosos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC) confirmó en abril que un puertorriqueño de 70 años murió en febrero de complicaciones relacionadas con el zika. El CDC ha instado a las agencias estatales y locales a prepararse para la propagación del zika en EE.UU., especialmente a medida que sube la temperatura y nacen más mosquitos.

Para Oxitec, propiedad de la firma de biotecnología de Virginia Intrexon Corp., el ensayo de Florida puede allanar el camino para un mercado estadounidense que podría llegar a US$100 millones en ventas anuales, según la firma de servicios financieros Wunderlich Securities Inc.

Intrexon, que facturó US$174 millones el año pasado, no revela los ingresos de Oxitec. La empresa fundada hace 14 años, que nació de los laboratorios de investigación de insectos modificados genéticamente de la Universidad de Oxford, produce polillas y gusanos que combaten las plagas que destruyen los repollos y el algodón.

La controversia sobre los mosquitos de Oxitec forma parte del creciente debate sobre la ampliación de la ingeniería genética en EE.UU. Una ley del estado de Vermont que exige el etiquetado de ciertos alimentos elaborados con cultivos transgénicos ha obligado a algunas empresas a aplicar tales rótulos a nivel nacional.

Los funcionarios de control de plagas eligieron a Key Haven para hacer el ensayo porque aseguran que la comunidad de esta pequeña isla mostrará claramente si los mosquitos de Oxitec funcionan o no. La compañía señala que en pruebas anteriores sus mosquitos mataron más de 90% de las poblaciones de Aedes aegypti salvajes, más o menos el doble de la eficacia de los insecticidas.

Sin embargo, los Cayos, la cadena de islas conectadas por casi 300 kilómetros de puentes frente a la costa sur del estado de Florida, también albergan un espíritu profundamente independiente. "La gente aquí se une cuando enfrenta al gobierno", dice Michael Doyle, director ejecutivo del distrito de control de las islas.

Los opositores señalan que la propuesta es un ejemplo de extralimitación corporativa y estatal que hace caso omiso a las pre-ocupaciones de los ciudadanos y que podría poner en riesgo el atractivo de la región como destino turístico. Dicen estar también preocupados por el potencial impacto sobre los murciélagos y las ranas que puedan llegar a comer los mosquitos de Oxitec, y de lo que podría suceder si los mosquitos hembra, que podrían picar a la gente, son liberados.

Oxitec insiste en que los genes añadidos a los mosquitos no son ni tóxicos ni producen alergias para los animales, y que los Aedes aegypti no son una especie nativa de los Cayos ni una fuente importante de alimento para los animales. La firma estima que menos de 0,01% de los mosquitos liberados son hembras y que los que queden en libertad no son propensos a vivir el tiempo suficiente como para transmitir el virus del zika o el dengue.

La evaluación de la FDA, que incluyó a funcionarios de los CDC y la Agencia de Protección del Medio Ambiente, encontró impactos ambientales "insignificantes", y la Organización Mundial de la Salud recomendó en marzo una prueba de los mosquitos de Oxitec.

Mila de Mier, una agente de bienes raíces que vive cerca del lugar de la prueba prevista, dice que le gustó el plan cuando lo escuchó por primera vez hace cuatro años, pero cambió de parecer cuando se percató que las autoridades les restaban importancia a las preocupaciones de los residentes.

"No estamos dispuestos a ser parte de este experimento", asevera De Mier, quien inició una petición en Internet contra el plan que ha reunido decenas de miles de firmas. Agrega que Oxitec debe buscar un lugar diferente, donde el zika o el dengue sean problemas más apremiantes.

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