
Un trabajo en plena emergencia
La organización internacional que ganó el Nobel de la Paz en 1999 recluta a médicos, ingenieros y personal de RRHH para viajar donde más los necesitan
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Hay algo, y no es el dinero, que lleva a que profesionales de distintas especialidades quieran salir de su zona de confort para trabajar en aquellos lugares del mundo que más los necesitan. Puede ser una catástrofe natural, como la ocurrida en Chile con el terremoto devastador de 2010; una emergencia alimentaria (hambruna) o sanitaria (epidemia); un conflicto armado, un problema de desplazados por razones políticas, que puede convertir a todo un pueblo en nómade sin ningún tipo de asistencia. Lo cierto es que, ante el llamado de Médicos Sin Fronteras (MSF), hombres y mujeres salen a la misión asignada, por algunos meses o años, y saben que vivirán en zonas de riesgo, con escasas comodidades y un ritmo de trabajo agotador.
Los 100 profesionales que pertenecen a la asociación en la Argentina, y los 2000 llamados expatriados que trabajan en total en las misiones, son conscientes de que su presencia en destinos como India, Africa, Afganistán, Siria, Congo, Somalia, Palestina, y tantos otros le va a cambiar (y salvar) la vida a mucha gente.
"Médicos Sin Fronteras es una organización médico humanitaria de carácter internacional que ayuda a poblaciones en situación de riesgo sin discriminar raza, ideología u orientación política. Su objetivo también es informar al mundo de la situación y denunciar cuando las personas no están recibiendo los tratamientos que necesitan", dice Pierre Garrigou, hoy responsable de reclutamiento de la oficina de la Argentina, quien también trabajó en terreno en como logista y coordinador de proyecto en República Democrática del Congo, Palestina y Niger, entre otros destinos.
En el mundo hay unos 5 millones de socios, 12.500 en la Argentina, que donan entre 10 y 30 dólares por mes para que MSF pueda funcionar. Fundada en Francia en 1971 por médicos y periodistas franceses, MSF está presente en 65 países donde trabajan 25.000 personas. Los salarios de quienes se inician en el área de acción son de alrededor de 900 euros.
Encargado de reclutar personal, Garrigou explica que siempre están en busca de profesionales para incorporar a MSF, pero que los estándares son altos. "Buscamos gente motivada, que sabe adónde quiere ir, que conoce de la organización y sus contextos. Necesitamos gente que sepa inglés y en muchos casos también francés. Pedimos disponibilidad de tiempo para salir al terreno. Y algo muy importante es que queremos gente que quiera tener una proyección en MSF ya que pasan por todo un entrenamiento. No nos interesa que busquen ir a una misión para ver qué pasa".
A continuación, algunos testimonios de quienes pasaron por esta experiencia, y también de quienes están, actualmente, en terreno.
Daniela Garone/41 años
Médica infectóloga
Desde Khayelitsha, un barrio de bajos recursos en Ciudad del Cabo, esta médica recibida en la UBA, que hizo su residencia en el hospital Muñiz y fue investigadora del Conicet libra una batalla cotidiana contra el VIH en el continente africano. El programa que lidera tiene impacto en 20.000 pacientes con VIH.
"Me gustan las aventuras, viajar. En 2008 tuve mi primera misión en Zimbabwe, donde estuve un año en un área rural con un 80 % de prevalencia en VIH y un 20% de tuberculosis. Después volví a Argentina por un mes y llegó la segunda misión en Sudán, de ocho meses. Allí tuve que implementar un proyecto en tres hospitales para tratar el VIH, y finalmente me tocó Ciudad del Cabo, donde en una población de 500.000 habitantes, el 24% de las embarazadas tiene VIH. Una de cada cinco personas es positiva. También es muy alto el nivel de tuberculosis.
"El gran problema en Sudáfrica es que el gobierno tardó mucho en aceptar el problema que tenía con el VIH. Directamente lo negaba, de ahí el alto nivel de contagio. Hoy, por suerte, se trabaja en conjunto con el gobierno. Nuestro papel fue mostrar que los antirretrovirales son seguros y que pueden ser mantenidos por el sistema de salud. Hoy, todos los meses tenemos 450 pacientes que empiezan el tratamiento.
"Tenés que ser apasionado para sostener el hecho de que estás lejos de casa. Yo me siento afortunada de llevar esta vida sin lujos, pero con la sensación de con nuestro trabajo podemos cambiar un poco la historia."
Lucas Molfino/34
Médico clínico
Estudió medicina en la UBA y su residencia fue en el hospital Churruca. "Sabía que quería trabajar en una organización humanitaria, y además viajar, conocer el mundo, ver los problemas con mis propios ojos", dice en comunicación telefónica desde Mozambique, donde está con su familia ya que es una zona menos peligrosa que otras.
Su experiencia incluye haber trabajado en un campo de desplazados en Uganda, una emergencia de nutrición. "No se vuelve a ser la misma persona después de trabajar en una hambruna", dice. "Etiopía, por ejemplo, tiene este problema dos o tres veces por año. Ahí se hace una inspección y una intervención con soporte nutricional. Estas hambrunas, que se dan por períodos definidos, como por ejemplo por una sequía, cambian la perspectiva que se tiene de las cosas, la escala de valores, las prioridades."
De MSF le impactó la manera de trabajar, con pautas sistematizadas y protocolos médicos. "Se puede hacer medicina en serio. No es que estás trabajando abajo de una palmera."
Federico Domínguez/31
Psicólogo, posgrado en RRHH
"Mi trabajo en MSF fue como coordinador de RRHH en República Centroafricana. Cada misión tiene un jefe de misión, un coordinador financiero, otro de logística, el coordinador médico y el de RRHH. Es decir, se la trata como si fuera una empresa, con todos sus especialistas.
"Yo estaba trabajando en una empresa como director de RRHH, había crecido mucho y muy rápido, pero necesitaba alimentar mi espíritu de otra forma. Hice un replanteo y me anoté en MSF, donde te explican que hay riesgo de vida".
Cada trabajador de MSF tiene un contrato que dura lo mismo que la misión asignada. Mientras se esté contratado, se cobra el sueldo, pero en los meses de descanso no. De todas maneras el salario se ahorra ya que en la misión todos los gastos están pagos.
"Mi trabajo era reclutar a la gente local que iba a trabajar en terreno, entrevistar, publicar avisos para enfermeros, choferes y guardias, ya que hay mucho robo de combustible y medicamentos. La seguridad es uno de los grandes temas, pero en MSF está prohibido portar armas. Si se presenta un conflicto armado, hay bunker con bolsas de arena, alimentos para dos semanas y teléfono satelital".
Encargarse de los RRHH en una zona de conflicto es un desafío. "Me di cuenta de que los problemas que surgían con la gente eran de necesidades básicas. Por ejemplo proveer un mosquitero a un empleado indignado porque no lo tiene, o ver una pelea muy grande por un block de hojas. Hay un nivel de necesidad que no había visto en mi vida."
Liliana Carrizo/41
Médica infectóloga
Estudió en la Universidad Nacional de Córdoba y se especializó en medicina tropical en Brasil. "Yo tenía claro que quería trabajar en una organización humanitaria", y así llegó a su primera misión en Mozambique, "el mejor año de mi vida", dice. "Pudimos ayudar a muchísima gente en relación a su calidad de vida".
Cuando volvió, avisó en MSF que iba a hacer un posgrado, para que no la llamen por un tiempo. "Pero a los dos días recibo un llamado muy temprano por la mañana. "¿Viste lo que pasó en Chile?" Me dicen desde la oficina local. "No", dije mientras prendía la televisión. Ahí supe que tenía que partir de inmediato. El terremoto de 2010 fue devastador."
"Aunque fue muy triste ver cómo había quedado todo, noté que los chilenos estaban muy preparados para los desastres naturales. La gente es maravillosa, a pesar de que los médicos tenían problemas en sus propias casas, igual se presentaban a trabajar".
Fernando Murman/46
Ingeniero industrial
Entrenador de la primera división de rugby en el Newman, de donde es egresado, este ingeniero escuchó durante el tercer tiempo el relato de un compañero que tenía un hermano en MSF. Ahí mismo decidió que necesitaba un cambio. Se anotó, dejó su trabajo y partió a Uganda como coordinador de logística, después de pasar por un entrenamiento de dos semanas en Barcelona.
"En Uganda mi trabajo fue dar soporte al funcionamiento del proyecto: que haya energía, agua potable, seguridad, comunicaciones, tratamiento de deshechos hospitalarios.
Este profesional, que hoy busca trabajo ya que está por ser padre y no puede salir de misión, vivió algo insólito para un ingeniero. "Cuando había enfrentamientos armados, salíamos a buscar heridos. La primera vez no sabía cómo iba a reaccionar, pero aprendí que uno se puede poner frío y actuar. Había que hacer el trabajo. Mi intervención era sostener las cosas, subir la camilla al auto y llevar al herido al campamento. Cuando hay una situación límite, uno se conoce más profundamente."




