
Una brigada cuyo objetivo es la solidaridad
Organizado por American Express, un grupo cumple tareas de asistencia social y apoyo a la cultura
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Con sus 150 años de historia en el circuito de los negocios mundiales, la empresa de tarjetas de crédito American Express (Amex) no se silencia ante las necesidades de la comunidad en la Argentina. Tal como lo realizan desde hace décadas en la casa matriz de los Estados Unidos, han comenzado a cumplir un rol activo de ayuda entre los que no tienen "el privilegio de pertenecer" a su nutrida troupe de socios, un conglomerado internacional de 43 millones de personas distribuidas por todo el planeta.
"Trabajamos cumpliendo con uno de los seis valores que guía a la corporación: ser buenos ciudadanos. Lo hacemos en equipo a través de una acción coordinada entre la compañía y sus empleados ", cuenta Carolina Martin, gerente de relaciones públicas. Tanto en el país como en el exterior, la actitud, la acción y el compromiso que asume el personal es clave en la puesta en práctica de los diferentes programas.
El privilegio de pertenecer
Marisa Cuervo, encargada de las comunicaciones, explica que aparte de los programas especificos de Amex, cada año un promedio de 50 personas presentan, individual o grupalmente, al "Fondo para acciones voluntarias globales" proyectos destinados a cubrir al menos una parte de las incontables necesidades de diferentes tipos de instituciones sin fines de lucro, necesidades que van desde la mejora de la infraestructura de los edificios de las entidades que ayudan a la incorporación de equipamiento y entrega de comestibles, ropa y material de lectura.
Una de las entidades "amparadas" por la patrulla solidaria de Amex es el hogar Betania, de Lomas del Mirador, provincia de Buenos Aires. "Este lugar tenía serios problemas edilicios, pero finalmente hemos podido construir un pabellón para los chicos", comenta Fabián Sagaró, voluntario líder del departamento cobranzas.
Otro sitio que se ha puesto bajo el cielo protector de los empleados de la firma es la guardería Luz, esperanza y pureza, ubicada en Garín, provincia de Buenos Aires, a pasos de una villa donde viven aproximadamente 400 chicos.
"Este hogar funciona de una forma muy solidaria. Las madres que no trabajan cuidan a los niños de las que están ocupadas. Estamos juntando dinero para levantar una sala, llevamos alimentos y juguetes", comenta Victoria Borelli del sector servicio financiero.
Borelli es una joven que descubrió las carencias del lugar a través de una amiga que trabaja en la zona en la prevención del cáncer de útero.
En Castelar, por caso, están colaborando para el sostenimiento del Centro Educativo Complementario, una especie de hogar de paso donde albergan a chicos necesitados cuando salen de la escuela y los ayudan a estudiar. "Por él transitan aproximadamente 300 chicos. Uno de los problemas de este lugar es la falta de edificio propio", comenta Mariana Fava, voluntaria que visita y colabora con el centro desde hace diez años.
Activistas de la solidaridad que van y vienen de un lado a otro en sus ratos libres, lentamente van ampliando su abanico de hogares. En Florida, provincia de Buenos Aires, los voluntarios de la tarjeta verde dan su apoyo a la Casa de María y a la Casa de Jesús. "Ambas instituciones funcionan como viviendas estables, o de paso para unos cuarenta chicos", dice Virginia Galarza, una morena de ojos verdes que sintetiza en una frase el trabajo del equipo: "Nosotros no buscamos rédito alguno. Todos participamos desde el corazón".
La patrulla de voluntarios Amex es un grupo compacto que avala además otras iniciativas que llegan de afuera como puede ser Jugarte, una iniciativa de un grupo interdisciplinario de profesionales, desarrollada en las salas del Hospital de Clínicas para despertar la alegría y favorecer las curaciones de los chicos enfermos a través de diversos juegos.
Para ayudar a las instituciones, los empleados se movilizan cual ráfagas de viento.
Cualquier festejo es bueno para pedir colaboraciones y salir a repartir desde un osito de peluche hasta un cálido abrazo.
Se ha convertido en un hábito la recolección mensual de tickets restaurantes. "American Express duplica el valor de los mismos y con la plata se compran alimentos para distribuir", aclara Cuervo. Las acciones solidarias se multiplican por doquier.
Organizan campañas para el interior del país, envían las computadoras que dan de baja a escuelas que las necesitan y en 1997 empezaron a llevar adelante el programa "Biblioteca del aula", mediante el cual donan libros a colegios elegidos por el personal. Esto no es todo.
El monto de dinero que Amex debiera invertir en regalos y tarjetas de fín de año se transforma en equipamiento para hospitales. La movida solidaria no olvida la cultura. En Argentina, junto a la Fundación Antorchas, colaboraron con el Museo de Bellas Artes (MBA) para realizar la conservación de las esculturas del siglo XIX, al Museo Fernández Blanco para la instalación de aire acondicionado y al Teatro Colón para las traducción electrónica de óperas.
Voluntad contagiosa
Amex cuenta con un grupo de coordinación con representantes de cada área de la empresa que a su vez actúan como coordinadores de los programas en cada sector. Se juntan, piensan qué y cómo hacerlo. La voluntad de ayudar contagia incluso a los socios, quienes pueden donar el equivalente a los puntos que acumula mediante el programa Membership Reward a instituciones como el Cottolengo Don Orione, Caritas, la Fundación Huésped y la Casa Garrahan.
En cuanto a la cantidad de dinero que se destina a la filantropía, no tienen un presupuesto preestablecido.
"El punto de partida es una referencia, pero vamos viendo y entusiasmándonos con las diferentes áreas", culmina Martin.
Campañas
La Fundación American Express Internacional aporta fondos para campañas de educación, para combatir el hambre y, entre otros, para el programa mundial de conservación del patrimonio cultural _edificios, monumentos-, conocido internacionalmente con el nombre de proyecto World Watch, emprendimiento que realizan en conjunto con The World Monument Fund y para el cual invirtieron cinco millones de dólares. Entre los monumentos que ayudaron a conservar se encuentra el Taj Mahal (India).
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