
Una empresa acostumbrada a los conflictos judiciales
Denuncias que mezclan política con negocios
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La controversia y las disputas internas han sido la constante en Aluar desde su fundación, en 1971. A la investigación judicial por supuestas irregularidades en el contrato firmado por entonces entre la empresa y el Estado para la explotación de la planta de aluminio se sumaron permanentes luchas de poder entre los miembros de la familia Madanes (ver aparte).
Hoy, otros conflictos acechan a la compañía como, por ejemplo, la denuncia de una diputada justicialista de Chubut sobre una drástica reducción de proveedores que habría beneficiado exclusivamente a dos firmas, una, propiedad del ministro de la Producción provincial, José Cardini; la otra, de Miguel Machinea, hermano del ministro de Economía, José Luis Machinea.
"Yo no dudo de la diputada (Argentina Martínez). El tema es quién le pasa letra y en una situación de conflicto societario como el nuestro no es muy difícil imaginarlo", afirma Javier Madanes Quintanilla en obvia referencia a su prima Mónica.
-¿No es desprolijo, como mínimo, que el ministro de la Producción de Chubut sea proveedor de Aluar?
-Cardini debe serlo desde hace 20 años. Tal vez yo no hubiera aceptado un cargo público en esas condiciones, pero él lo aceptó y se lo tienen que preguntar a él. Desde el punto de vista técnico, logró montar un taller con un nivel muy alto. Hicimos un proceso donde buscamos gente preparada, que invierta y tenga talleres adecuados para bajar los costos y mejorar la calidad.
-¿Y el caso de Miguel Machinea?
-Tiene un tallercito que debe emplear a 25 o 30 personas. Debe facturar 50.000 pesos por mes y es proveedor de Aluar desde el inicio de la compañía. Si se llamara Miguel Pérez (se ríe) nadie hubiera dicho nada, pero su pecado es llamarse Machinea. Hay una dualidad en todo esto. Los mismos denunciantes nos objetan que no somos lo suficientemente cuidadosos con los proveedores que no pueden estar respetando sus obligaciones tributarias.
-Esa es la denuncia contra la firma Meibar, a la que se acusa de pertenecer a Aluar y de haber evadido los aportes jubilatorios de los empleados.
-Cuando tratamos de ser estrictos con los que no cumplen con los requisitos viene la denuncia exactamente opuesta. Que se pongan de acuerdo. Que nos denuncien por Meibar o por la concentración de contratistas.
-También lo denunciaron por el manejo de fondos públicos chubutenses que hizo su ex financiera, Argemofin.
-Los abogados de mi prima (el estudio de Luis Moreno Ocampo) dijeron que Aluar le sacó a la provincia 6 millones de dólares de intereses. Cuando uno presta plata se generan intereses. Habrá que discutir si la tasa que se aplicó estaba en el precio de mercado o si era más alta; cualquier análisis permitirá determinarlo.
Primos en armas
Una batalla legal que suma 60 juicios en los últimos ocho años
La historia de Aluar está plagada de típicos enfrentamientos de una empresa familiar. A comienzos de los años 70, la impulsaron dos hermanos, Manuel y Adolfo Madanes, que habían fundado Fate en los años 40 y que hasta ese momento llevaban años de convivencia relativamente pacífica. Pero la puesta en marcha de la productora de aluminio pronto los separó.
"Mi padre (Adolfo) no quería socios con actividades políticas. En cambio, mi tío (Manuel) invitó a incorporarse a la compañía al ex ministro de Economía (del gobierno de Juan Domingo Perón) José Ber Gelbard. Eso creó entre ellos un abismo de diferencias", recuerda Javier Madanes Quintanilla.
Con los años, los hijos de Manuel fueron ganando posiciones de poder dentro de Aluar y Fate hasta quedar finalmente al mando, tras la muerte de Manuel y de Adolfo.
Pero las cosas se complicaron aún más. A principios de los años 90, para Aluar, conducida entonces por Miguel, el primogénito de Manuel Madanes, el color de los balances era siempre el mismo: rojo. Javier Madanes Quintanilla, que por ser hijo único se había convertido en accionista mayoritario, vio la oportunidad para tomar el poder. La mayoría de sus primos aceptó venderle las acciones que poseían y así llegó a la presidencia de la empresa.
Actualmente, entre su madre, Dolores Quintanilla, y él controlan el 70% de Aluar; el 20% de las acciones cotiza en la Bolsa porteña y el 10% restante se reparte entre la prima que no quiso vender, Mónica Madanes, su más tenaz enemiga; la familia Friedenthal, y el yerno del también fallecido Gelbard. La proporción es similar en Fate, aunque esa firma no cotiza en el mercado bursátil.
-¿Por qué la disputa con su prima?
-Tendría que preguntarle a ella (se ríe). No sé si lo que exige legalmente tiene que ver con su reclamo interior. Un reclamo emocional muy característico de empresa familiar. Ella es la hija mayor de Manuel Madanes, que es quien manejó los intereses de Aluar durante un montón de años. En 1992 y 1993, cuando todo andaba horroroso, los accionistas se juntaron y dijeron: "Con estas reglas de juego no podemos seguir". Nos vendieron sus papeles a mi madre y a mí, pero Mónica no quiso. Ahora ella reclama un derecho preferencial de compra de acciones. Ya tuvo un fallo judicial en primera instancia absolutamente desfavorable.





