Una nueva bomba: la guerra de las patentes
Inventores, abogados y empresas han comprendido que no pueden quedar fuera de combate y se han lanzado a patentar todo lo posible; la competencia se ve amenazada y lo que comenzó como un sistema de protección, hoy es un abuso.
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LONDRES.- A fines del siglo XIX, las patentes eran un mito popular. Thomas Edison, al que se llamaba el mago de Menlo Park, era un héroe folclórico. Las multitudes invadían su laboratorio para ver sus inventos. Capitalistas inescrupulosos luchaban por el control de sus patentes y las consiguientes batallas legales fascinaban al público.
Hoy en día la propiedad intelectual no atrae al público de la misma manera y, sin embargo, parece que se está dando algo similar a esas grandes guerras por patentes. Se acelera el patentado de inventos. Las empresas nuevamente van a las cortes. Y crecen las críticas por cómo se otorgan patentes en amplias áreas de negocios relacionadas con la Internet. A los académicos y los activistas de Internet les preocupa que los gobiernos estén entregando la Red a monopolios privados. Las patentes nuevamente se han vuelto un asunto político.
La cantidad de patentes otorgadas en los Estados Unidos está a casi el doble de hace una década. Las oficinas de patentes de Europa tienden a trabajar más lento debido a que las leyes requieren investigar si hay oposición a que se otorgue una patente. Pero lo que sucede en los Estados Unidos le preocupa más al resto del mundo.
Las patentes son globales: aunque las patentes de EE. UU. no son válidas fuera del país, si una idea ha sido patentada allí, la misma idea (al menos en teoría) no puede ser patentada en ningún otro lugar. Sólo la persona que tiene la patente del tornillo de giro inverso no recíproco en EE. UU. puede solicitar la patente en Italia, Brasil o Japón. Lo que es más, los sistemas de patentado a nivel mundial convergen lentamente, por medio de un nuevo sistema internacional de patentado, la Organización Mundial de Propiedad Intelectual de las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y por la creciente exigencia de los inventores de que las patentes tengan validez en todo el planeta.
En parte el boom de las patentes en los Estados Unidos se debe al Estado. Luego de las grandes guerras por las patentes del siglo último, los gobiernos decididos a luchar contra los monopolios las consideraron como herramientas de los trusts, no como incentivos a la creatividad. Y las cortes rechazaron la mayoría de las solicitudes de patentes.
Eso empezó a cambiar en 1980. La Corte Suprema se expidió en favor de varios dueños de patentes. El Congreso creó una nueva corte de apelaciones a la que se derivan todos los reclamos por patentes. La reforma de procedimiento buscaba poner orden en el lío de las decisiones contrapuestas de diferentes juzgados, pero el efecto fue dramático. A partir de su creación se empezaron a ganar dos de cada tres juicios por patentado.
Ha habido decisiones históricas de las cortes que admiten el patentado de nuevas áreas de tecnología. Un caso de 1980 abrió las puertas al patentado de la biotecnología y los genes; un caso de 1981 permitió el patentado del software y un caso de 1998 llevó a que existiera un mayor número de patentes de métodos empresarios.
Europa ha seguido a los Estados Unidos en lo que respecta a nuevas tecnologías; los genes se pueden patentar, pero las convenciones europeas no admiten patentes de software y métodos empresarios. Aún así, los abogados lograron maniobrar para conseguir patentes de software en base a sus "efectos técnicos".
Cambios de actitud
También está cambiando la actitud de las empresas hacia las patentes. Las cartas amenazantes de los abogados tuvieron un poderoso efecto, especialmente después de que Microsoft tuvo que pagarle a IBM US$ 30 millones en una demanda por violación de patente. Bill Gates envió un memo a sus empleados diciendo que la solución era "patentar todo lo que podamos".
Pero en esto hay algo más que unos cuanto abogados agresivos. Lo que subyace es un cambio fundamental en la economía. La vida se ha vuelto más competitiva y las empresas han dedicado mucho más esfuerzo a pensar cuáles son las barreras que impiden el acceso a los negocios. Se evaporan las viejas respuestas. ¿El capital? Barato. ¿La mano de obra? Móvil. ¿La ventaja del que actúa primero? Transitoria. ¿La marca? Efímera. Cada vez más las empresas comprenden que una de las pocas barreras que quedan es la que el Estado entrega en la forma de monopolio por veinte años.
Pero no sólo se trata de la defensa de patentes. Estas también son cruciales para desarrollar el capital de la empresa. Las empresas de biotecnología que en muchos casos no tienen nada nuevo que vender durante años encuentran que su valor reside exclusivamente en su propiedad intelectual.
Patentado estratégico
Otras empresas explotan patentes para aumentar sus ingresos. Las patentes le han servido a IBM para desarrollar su mercado de tecnología. Y sus ganancias por patentes pasaron de US$ 500 millones en 1994 a alrededor de US$ 1500 millones en 1999.
Al advertir las empresas lo valiosas que pueden ser las patentes, se agrandan los arsenales. IBM obtiene diez patentes nuevas cada día hábil. Ahora que se puede patentar el software, las empresas que lo producen corren a asegurarse su propiedad.
Y las firmas ya no se limitan a patentar cosas que ya produjeron: utilizan las patentes para colonizar nuevas áreas de tecnología.
A esto se lo llama "patentado estratégico". Ni siquiera hay que hacer las cosas que uno quiere patentar mientras pueda describir de manera plausible cómo lo haría.
La historia de las primeras guerras de patentes tiene una moraleja. Los dueños de patentes (incluyendo a Edison) se abusaron del sistema. El resultado fue que el sistema de patentado terminó siendo impopular. Se debilitó la protección de las patentes. Las empresas se vieron perjudicadas. La historia tiende a repetirse.





