
Una tarde con tres grandes emociones
En la pista central, los bastones de los cabañeros volvieron a apuntar al cielo
1 minuto de lectura'
Fue una tarde llena de emociones y algunas decepciones. Volvió a ser la tarde de las boinas por el aire, la de los bastones de los cabañeros apuntando al cielo y también la de alguna mirada perdida en la arena por lo que pudo ser y no fue.
Abrazos y premios en la pista, gente de pie y ovaciones en las tribunas. Fue la tarde de los grandes campeones. Y el primer gran anuncio se transformó en grito fuera de la pista, se trasladó a un sombrero en alto del presentador del caballo y finalizó en corcovos.
El gran campeonato para los machos de la raza Criolla ya tenía un dueño en este Palermo 2000. Y era el lobuno Mañanero Apachurrado, de Eduardo Ballester, ese criador que como cábala desecha el optimismo:"Nunca tengo fe y jamás, de antemano, insinúo que tengo un caballo ganador". Lo tuvo y por cuarta vez en una muestra ganadera la cábala pesimista volvió a resultarle, su criollo es el mejor y el martes volverá al campo de Trenque Lauquen porque no sale a venta.
Distinta fue la actitud de Claudio Zichy Thyssen, presidente de Antiguas Estancias Don Roberto, después de que a su toro Polled Hereford le colgaran la cucarda celeste y blanca. "Esperábamos este final, porque es el mejor reproductor que tenemos en el centro y el año último se clasificó reservado". Mientras el animal, llamado Guaicos X 7831, descansaba sobre su cama de paja de trigo, con todos los galardones colgando por encima de su cabeza, en su alrededor los allegados festejaban el triunfo con diversos choques de vidrios. Tampoco saldrá a la venta.
El cierre de la tarde fue como siempre el por todos esperado, con la consagración del mejor macho de la raza Aberdeen Angus. Un jurado puso su mano sobre el posterior del toro y su presentador, Ariel Barcelona, no levantó el bastón ni arrojó el sombrero. Apenas una exclamación y un interminable abrazo con el mismísimo reproductor.
Después, las lágrimas. El toro que no se dejaba poner el banderín sobre el lomo como si estuviera pidiendo más abrazos y más de 70 personas rodeándolo, fotografiándolo y queriendo acercársele. Sanfer Performa 811, allí se llama el gran peso pesado, se molestó un poco, tiro un fotógrafo al suelo y espantó a otros tantos.
Toda la emoción para la gente de la cabaña La Rosa María, de Coronel Dorrego, y para el hijo del propietario que era el mismo Ariel Barcelona: "Sacar el Gran Campeón es alcanzar un gran sueño. A nosotros nos costó mucho esfuerzo y sacrificio. Pensar que la cabaña tiene 70 años, sólo hace cinco pudimos venir por primera vez a Palermo y por fin hoy toda la familia puede disfrutar de una meta que a veces parece inalcanzable", relataba Barcelona sin dejarse de frotarse los ojos todavía irritados de alegría.
No hay que insistir con una pregunta porque Barcelona no vendería a su campeón por nada en el mundo.





