
¡Vade retro! confianzudos
Entre la rica fauna que habitan los pasillos corporativos hay especies que jamás se extinguirán. "Mire –alecciona el Gurú de la cortada de la calle Estomba– si algo no va a faltar jamás en una empresa, por más chica que sea, es el confianzudo."
Justamente entre algunas lecciones que suelen dar quienes enseñan a los altos directivos sobre protocolo en la oficina jamás falta la que habla de los límites de la confianza en el ámbito laboral.
Cierta vez –confesaba el CEO de una multilatina que tiene una filial en la Argentina– sus hijos compartían colegio con los de un director que le reportaba. "Cada vez que había una actividad académica que nos encontrábamos en algún ámbito fuera de la oficina, el hombre tomaba nuevos bríos. Y esa semana me hacía chistes en los pasillos o comentaba alguna cuestión de mi vida privada", cuenta el hombre.
La cuestión era llevadera hasta que un día no pudo aguantar la situación. Estaban a la vera de una solemne mesa de directorio en una reunión de área. Mientras esperaban que se completen las sillas vacías, el director inició una suerte de monólogo en el que hablaba de las bondades femeninas de la maestra de inglés de sus hijos. Los colores y calores del CEO iban en aumento hasta que el hombre lanzó la estocada: "Vos estás callado, te hacés el que no pasa nada pero bien que la conocés", dijo a su jefe mientras convidaba una risa irónica a los presentes.
La situación, recuerda hoy el CEO, fue "al menos curiosa". Dice que los otros testigos de aquella chanza no sabían si reírse o no. "Desde ese momento, mi relación con aquel director no fue la misma. Imagínese lo que fue la charla que siguió", concluyó. Luego se negó a contestar la última pregunta: si aquella broma le costó la carrera en la empresa.
Más allá de los códigos de cordialidad, muchas veces impostados, establecer límites en la confianza es un fino equilibrio que no siempre se logra. El contador de cuentos, otro pelaje bajo el que se camufla el confianzudo, también suele ser un arma de doble fila. El CEO de una multinacional de consumo masivo de origen norteamericano se confesaba hace pocos meses en un auditorio pequeño. "Nos tienen prohibido contar cuentos en el ámbito de la empresa. Uno nunca sabe que sentimiento puede tocarse con un chiste. Más vale, pasar por aburrido", dijo entonces.
El confianzudo promedio suele tomar cualquier guiño de su interlocutor como el pasaporte al amiguismo y a la complicidad. Pues error. No son pocos los que en la misma entrevista hacen algún chiste para conocer la reacción del entrevistado ante una situación similar.
Claro que el gran peligro del confianzudo en las compañías es la búsqueda de cómplices para sus monerías. El "tip", como les gusta decir a los maestros del management, es rajar cuando se lo ve cercano a las máquinas de café. "El problema es cuando el confianzudo es el jefe –dice con sorna el Gurú de la cortada de la calle Estomba–. Pero eso da para otra columna."






