Variación del precio de la carne e inflación
Hay que tener en cuenta que lo que ocurre con el encarecimiento de ciertos productos suele neutralizarse al analizar períodos más prolongados
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“La carne, siempre la carne”, tituló una columna periodística Carlos García Martínez a comienzos de la década de 1970, al tiempo que Lorenzo Sigaut hablaba de “inflación vacuna”.
En el plano de la acción pública, Adalbert Krieger Vasena fue acusado de demorar la reapertura del mercado inglés de carne vacuna, cuando por razones internas descubrió que nuestras carnes tenían aftosa, porque tal demora reducía la tasa de inflación; Ricardo Mazzorín se inmortalizó, a mediados de la década de 1980, cuando importó pollos para neutralizar el aumento del precio de la carne vacuna, y Guillermo Moreno prohibió las exportaciones de carne vacuna, ¡aún las de aquellos cortes que no tenían demanda interna! Todo lo cual, en la feliz expresión de Lucio Reca, los gobiernos argentinos convierten el ciclo ganadero en un “ciclón” (¿en Australia ocurrirá lo mismo?).
Carlos Díaz Alejandro nos explicó a los economistas argentinos la dinámica del ciclo ganadero, puntualizando que para el productor de carne sus animales son bienes de capital, de manera que la expectativa de caída del precio induce la liquidación, por lo cual se verifica el aumento de la cantidad demandada de carne, producto del menor precio relativo, sin que se produzca desabastecimiento. El ministro de Economía que piensa que descubrió la pólvora se siente “Gardel”, hasta que descubre que el ciclo ganadero pasa de la etapa de liquidación a la de retención, con el consiguiente aumento en el precio.
Nada de esto es nuevo, pero sirve para entender lo que puede estar ocurriendo hoy con el precio de la carne y para no repetir errores del pasado. La miopía sugiere que el referido precio puede “poner en peligro la lucha contra la inflación”, ignorando que lo que ocurre con los precios de ciertos productos específicos, suele neutralizarse cuando se les presta atención a períodos más prolongados. Ejemplo: entre diciembre de 2025 y enero de 2026, en promedio, los precios al consumidor aumentaron 2,9%, pero los de los productos estacionales subieron 5,7%. Pero entre enero de 2025 e igual mes de 2026, mientras en promedio los precios al consumidor aumentaron 32,4%, los de los productos estacionales subieron 23,2%, la denominada inflación núcleo 33,4% y los precios regulados, 34%.
Milei y Caputo no deben estar felices con la actual tasa de inflación, pero afortunadamente tampoco parecen estar desesperados.
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