
Vuelve Pan Am, pero sólo en la TV
Una serie intenta reflotar la imagen de la aerolínea estadounidense; tras un despegue feliz, perdió audiencia
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Entre las series de televisión estrenadas por las grandes cadenas norteamericanas en la última temporada, una de ellas se destacó por varias razones. La principal es que, además de pelear por un lugar entre las de mayor audiencia, como cualquier otro programa, tiene que superar un desafío aún mayor: reflotar la imagen de Pan American, la emblemática aerolínea estadounidense que desapareció de los cielos hace más de dos décadas.

Es la primera vez, que se sepa, que se intenta resucitar una marca de tanta magnitud mediante un programa de TV que lleva su nombre. Es una apuesta fuerte y riesgosa.
Lo primero lo consiguió, por lo menos, al principio: con más de 11 millones de espectadores, se la comparó con una campeona de la audiencia: Mad Men. Ambas están ambientadas en los mágicos años 60, aunque con miradas muy diferentes.
Pero la serie Pan Am, después de este despegue feliz, comenzó a perder altura y su audiencia apenas pasaba de cinco millones. Para volver a estabilizarla, los productores convocaron a Steven Maeda, un avezado piloto de tormenta que había probado su habilidad con la exitosa serie Lost.
Lo curioso es que Pan Am no ha perdido nada de su calidad inicial, según los críticos del espectáculo, pese a lo cual en diciembre aún no estaba confirmado el despegue de una segunda temporada, aun con las expectativas que despertó su estreno en España en octubre.
La marca, un capital
Los productores de la cadena ABC dotaron a la teleserie de un buen presupuesto y destinaron a una actriz de cartel, Christina Ricci, para el papel de una de las cuatro azafatas que protagonizan una historia de celos, romance, algo de sexo y hasta de espionaje que encontró su justificación en el contexto de la Guerra Fría.
En este plano con ingredientes comunes a todas las series con alguna pretensión, se incrustaron detalles de la vida profesional de las azafatas de la poderosa aerolínea Pan American de aquellos tiempos, obligadas a rendir exámenes de peso regularmente, ocultar sus romances y hasta algún casamiento para evitar verse en problemas con la empresa.
La serie creó tanto interés como si la misma empresa estuviera a punto de resucitar, aunque en realidad no estaba muerta del todo; poco después del ataque terrorista de 1988, ocurrido en la ciudad escocesa de Lockerbie, se declaró en bancarrota y la marca fue comprada por una compañía que operaba ferrocarriles con sede en New England, bajo el nombre de Pan Am Railways.
Siempre pensó en volver a levantar vuelo y lo logró en tramos cortos durante una década hasta 2008. La nueva empresa Pan Am espera poder ofrecer servicios de pasajeros hacia ciudades latinoamericanas en este 2012. En sus hangares todavía no hay aviones, sino azafatas y pilotos de ficción.
"Pan Am fue algo sin tiempo, innovadora, un estilo", dijo Stacy Beck, directora de Marketing de Pan Am Brands. Las marcas son su bien más preciado y Beck es feroz en la protección de ese activo. La rehabilitación del marketing comenzó por el merchandising, promovido por la serie, pero vendido separadamente como parte de la licencia concedida a Sony.
Buena parte del retorno depende de la serie, que para empezar ha desatado una fuerte nostalgia no sólo por la aerolínea, sino también por el glamour de volar que distinguía a esa época inigualable.
La gente se vestía formalmente para subir al avión, como si se embarcara en un crucero de lujo. Eran personas bien educadas, con recursos, que disfrutaban de las excelentes comidas servidas a bordo y del cuidado de azafatas seleccionadas entre las más hermosas y mejor educadas del país.
La ficción recrea una realidad añorada, porque hoy todo es diferente. Los vuelos se han vuelto cotidianos, más baratos y están al alcance de todo el mundo. El mejor argumento de venta son las promociones. La popularidad de los vuelos los hizo más vulgares; los pasajeros suben en bermuda y musculosa y saben que la comida, si es que la incluye el pasaje, es sólo para distraer el hambre. Nadie disfruta el viaje y todos esperan llegar más rápido a destino.
Representantes de un país
El antiguo glamour y la prosapia de volar, no obstante, pueden revivirse todas las semanas en la serie, cuyo guión pudo sobreponerse incluso a las limitaciones impuestas por una finalidad promocional, a la manera de un largo comercial institucional. Hay mucha presencia de marca, pero a nadie parece molestarle, al menos siempre que le permita visitar ciudades, hoteles de lujo y ver chicas bonitas.
En rigor, los símbolos de Pan American aparecieron en muchas películas y teleseries de éxito. Un clipper especial de la aerolínea tuvo un rol destacado en el film de Stanley Kubrick 2001. Una odisea del espacio; Pan Am asomó en varias películas de James Bond y el logo alcanzó a verse también en Blade Runner. Juan Trippe, el mítico presidente de Pan Am, hizo de villano de turno en el filme El aviador, de Martín Scorsese.
Los empleados de Pan Am debían comportarse como representantes no sólo de una poderosa compañía, sino también de un poderoso país.
Eran parte del "sueño americano" que es más difícil de reflotar que una aerolínea, aunque se llame Pan Am.





