
Xerox, una fábrica de patentes
Registraron 31.000 en los últimos 20 años
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En los últimos 20 años, sólo en Estados Unidos Xerox registró más de 10.000 patentes; el año último obtuvo 584, un 31% más que en 2005. Dos tercios del volumen de ventas de la compañía se generan mediante productos desarrollados en los últimos dos años.
Una de las patentes más redituables de la historia de los Estados Unidos es la xerografía; es un negocio que hoy genera 71.000 millones de dólares en el mundo. En ese centro de innovación trabaja Marco Bressan, nacido en Bariloche, 38 años, casado, con tres hijos, es hijo de un físico del Balseiro ("Me crié ahí", dice) y de una profesora de matemática. Estudió matemática en la UBA y cuando se recibió se volvió a Bariloche.
Trabajaba administrando la red de datos del Instituto Balseiro, y al mismo tiempo era bombero voluntario. "Fue un año de muchos incendios forestales, y me puse a pensar en formas de hacer detección de humo por imágenes como forma de prevención. Me entusiasmé con el trabajo de imágenes digitales y me fui a hacer una maestría en la Universidad Autónoma de Barcelona." Aplicó a un trabajo en Xerox y lo llamaron un año después. No lo dudó ni un segundo, y con familia y todo se mudó a Grenoble, en los Alpes franceses. "Quería ver cómo funcionan las cosas donde hacen que funcionen las cosas", resume.
El centro de investigación de Xerox está en un castillo del siglo XVII, rodeado de bosques al pie de los Alpes franceses, a siete minutos de la casa de Bresson. Desde la ventana de su oficina se ve el parque con plátanos, pinos, cipreses y nogales.
En el alféizar de la ventana hay fotos de sus hijos y tres robots de juguete (los bionicles creados por Lego). Bressan va a trabajar en bicicleta. "Es un trabajo piola", admite entre risas.
Xerox tiene tres áreas de negocio: producción de impresión, productos de oficina y servicios.
-¿Qué hace cuando no trabaja?
-Como mi trabajo está en mi cabeza, es verdad que a veces me duermo y me despierto pensando en algún problema que me tiene loco. En esos días contados, la familia suele cumplir en bajarme de un hondazo. Vivimos rodeados de un paisaje de montañas, parecido al sur argentino.
-Son una familia de científicos. ¿Qué futuro suponés para tus hijos?
-Lo importante no es el tipo de pensamiento, sino pensar, entender cómo funciona la mirada de uno sobre el mundo y trabajar sobre eso.
-¿Te gustaría volver a la Argentina?
-Sí; desde que me fui, me estoy volviendo todos los fines de año -dice, y se ríe-. Es difícil, porque tengo un privilegio que es hacer lo que me gusta. En la Argentina hay poca investigación, pero, a fin de cuentas, uno es de acá.






