Actos de guerra en el Golfo Pérsico

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23 de septiembre de 2019  

Hace muy pocos días se produjeron dos sorpresivos, pero no necesariamente inesperados, ataques masivos contra las instalaciones petroleras de Aramco, en Arabia Saudita. Fueron ejecutados con 18 drones y 17 misiles-crucero de fabricación iraní. Tan pronto ocurrieron, el movimiento chiita yemenita denominado "huti" emitió un comunicado mediante el cual asumió la responsabilidad directa por los atentados. Se trata de una facción importante que participa en la guerra civil que azota a Yemen y que responde íntimamente a la teocracia iraní, que la financia y le suministra pertrechos militares. Por esta última razón, muchos interpretan que si bien el brazo del atentado pudo haber sido yemenita la decisión terrorista se originó presumiblemente en Teherán.

Los daños producidos en la mayor instalación petrolera de Arabia Saudita fueron enormes y afectaron al 5% de la producción mundial de petróleo crudo.

Los servicios de inteligencia de Arabia Saudita, con el asesoramiento de sus pares norteamericanos, señalaron que los misiles, en función de su trayectoria, nunca pudieron haber sido disparados desde la región de Yemen, que está bajo control de los rebeldes chiitas, sino que provinieron del interior de Irán mismo.

Se trata de la acción bélica más peligrosa ejecutada con éxito en el Golfo Pérsico desde que, en 1990, Irak invadió Kuwait. Esta podría haber sido realizada por la propia Guardia Revolucionaria iraní.

Los Estados Unidos -como era de suponer reaccionaron abiertamente en apoyo de Arabia Saudita. Lo hicieron con una ponderable paciencia inicial, pero calificando el atentado de "acto de guerra". Hoy evalúan las posibles represalias, tanto en materia de nuevas y más duras sanciones económicas como de posibles acciones armadas.

Está en juego un fuerte desafío al papel que los Estados Unidos han asumido en la zona petrolera más rica del mundo.

Las monarquías de esa región, enfrentadas con Irán, pueden verse frente a un conflicto militar que, en su esencia, contiene una rivalidad religiosa que existe en el interior del mundo islámico.

Mientras Arabia Saudita lidera a los llamados sunnitas, Irán es el portaestandarte de los chiitas. Ese componente religioso, por la influencia de los fanatismos, le agrega peligrosidad a un conflicto en el que tanto Arabia Saudita como Irán pugnan en función de sus respectivos roles como potencias regionales.

En la agenda corta de paz y seguridad internacionales, el conflicto al que nos referimos pareciera ser hoy el más preocupante de todos, porque es capaz de afectar la estabilidad del mundo.

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