En Expoagro resonaron los problemas del país
Las palabras del ministro De Pedro en la muestra rural lamentablemente no se condicen con el comportamiento del Gobierno hacia el campo
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No podría evaluarse debidamente el fenómeno económico, agropecuario y social que representó la edición de Expoagro que acaba de finalizar sin dos consideraciones importantes.
La primera refiere a la dimensión notable que ha adquirido la muestra en los tres lustros de realizaciones. Ha sido tal su crecimiento que ya es humanamente imposible pretender recorrerla en una sola jornada desde la apertura hasta el cierre. Su instalación aprovecha en parte, a la vera de la ruta 9, en función de un acuerdo por 15 años con el municipio de San Nicolás, las comodidades del autódromo de ese partido bonaerense.
Este año Expoagro dio espacio al lucimiento de 600 expositores, comenzando por los negocios con YPF Agro, que asoció su nombre al de la entidad que convocó simultáneamente a las expresiones más dinámicas del campo, a representaciones provinciales, y de los bancos y seguros, de los proveedores de insumos, a semilleros y a fabricantes de maquinaria agrícola y automotriz.
Bastaron las primeras horas desde la apertura al público de la exposición el martes para advertir que el número de negocios financieros acordados con productores y contratistas por la banca privada y oficial –en particular, en este último caso, por el Banco Nación y el Banco de la Provincia de Buenos Aires– superaba los mejores cálculos. Desde luego, eran prestaciones vinculadas con los productos de los expositores de la muestra, a tasas difíciles de encontrar en otros ámbitos del mercado, pero aun así reflejaban una vez más en su esencia el espíritu indomable de la gente de campo por sobreponerse a las más exigentes contingencias del país en muchos sentidos a la deriva y de invertir en él. Es el espíritu que se traduce en la decisión de perseverar en la lucha diaria, sea tanto en tareas agrícolas como ganaderas, a pesar de las exacciones fiscales que se emperran contra ambas como no ocurre con ninguna otra actividad económica. A pesar, por cierto, del desasosiego que como a todos produce la inflación, la imprevisión que causa el cambio constante en políticas básicas o la perturbación generalizada que ocasiona el desmadre de la inseguridad física y patrimonial por culpa de un Estado incapaz de cumplir con el primero de sus deberes: el de establecer el orden elemental de la convivencia en sociedad.
Si no se hubieran señalado con alguna pormenorización los rasgos que definen de forma individual y colectiva las características de los hombres de campo, y de quienes crean e innovan en círculos concéntricos con el de su actuación e influencia, se habría dicho que en la fiesta de estos últimos cuatro días subyacía un epifenómeno surrealista. ¿Cómo era posible esa fiesta, si apenas traspuestos los lindes de la muestra el espectáculo de la tierra y los cultivos de la campaña gruesa era, y es, el más deprimente del que haya habido memoria entre los hombres y mujeres de campo?
Esta segunda consideración, sin la cual, como decíamos al comienzo, no podría examinarse con seriedad lo sucedido en la semana en San Nicolás, concierne a consecuencias catastróficas para la producción y los intereses generales del país. Téngase en cuenta que la cosecha total de soja, en sus variantes “de primera”, “de segunda” o “tardía” constituye el rubro de mayor aporte de divisas al país, seguida por la industria automovilística y por la cosecha de maíz. La sequía ha sido de tal magnitud que, según los grupos CREA, de una estimación inicial de 132,6 millones de toneladas bajaremos por los menos a 88,1 millones, o sea que habrá una pérdida de 44,5 millones de toneladas.
El país dejará de percibir ingresos por 20 mil millones de dólares, una calamidad estratosférica en los anales agropecuarios argentinos
El país dejará de tal modo de percibir ingresos por 20.000 millones de dólares. Esa calamidad estratosférica en los anales agropecuarios argentinos se expresa en hechos tan curiosos como que aquí, y allá, los bomberos han ido a los campos no solo para apagar incendios; también para llenar tanques y bebederos del agua que falta por la baja pronunciada de las napas. O en la información de la estación experimental del INTA de Pergamino, en cuyos registros no figuraba desde 1910 un menor caudal de lluvias anuales como el que hubo en 2022 sobre las 299.000 hectáreas de ese partido del norte bonaerense.
A breve plazo, en abril o mayo, se podrá observar hasta dónde ha deteriorado tal situación el capital de trabajo de los productores. Debe tenerse en cuenta que sobre el total de tierras cultivadas en el país no menos del 60% lo son a través de algunas de las modalidades de arrendamiento o participación de terceros, con los costos mayores que esto significa en relación con quienes trabajan tierras de su propiedad.
Se explica así que hayan recrudecido en Expoagro las exigencias del campo de acabar o reducir ya mismo las retenciones que gravan en su punto más alto la soja, con el 33%, y después al trigo y maíz, con el 12%. El predio de la muestra fue un espacio también abierto a una campaña política que se halla en los albores, todavía sin programas ni candidatos definidos en cuanto a las principales fuerzas en pugna. Lo interesante fue percibir el recibimiento respetuoso de quienes recorrían la muestra hacia todos los precandidatos, lo cual era natural en el caso de quienes revistan en la oposición por el apoyo inclaudicable que vienen ofreciendo sin pausas al campo.
Esto se extendió a la figura del ministro del Interior, más próximo a la vicepresidenta que al Presidente, cuyo gabinete integra y a quien, en realidad, debería servir en los términos del espíritu y de la letra de la Constitución nacional. Eduardo de Pedro habló al final de la comida de cierre, algo que no estaba previsto, y extendió más allá de la cuenta la larga lista de oradores. Pero sus palabras interesaron sobremanera, como también las que pronunció el martes en el corte de cintas. Se definió como un productor de Mercedes, Buenos Aires, “de cuarta generación”, lo que en verdad no es poco, y dijo que “es necesario volver a unir al peronismo con el campo”.
Es discutible eso de pensar que el peronismo haya estado unido al campo en algún momento, con la excepción, tal vez, de los años del presidente Carlos Menem, que no alcanzaron para borrar las prevenciones preexistentes. Habría sido una tarea ímproba después de tantas expropiaciones, de la prolongación indefinida de los arrendamientos y de la regulación absoluta del comercio exterior hecha por “el primer conductor”, sin olvidar otras herejías en que se empeñaron sucesivos gobiernos de esa corriente en el siglo XX contra la actividad agropecuaria. Pero no hay dudas de que el matrimonio Kirchner y sus acólitos de izquierda han llevado adelante una prédica más que suficiente para colocar al campo en posición absolutamente refractaria a lo que esa facción representa.
Deben ser bienvenidas, pues, las palabras del ministro del Interior. Ahora, deberá adecuarlas a un comportamiento político diferente del que, por proximidad con Cristina Kirchner y por el lugar eminente del que disfruta en La Cámpora, para nada es coherente con el sano mensaje que llamó tanto la atención de amigos y adversarios esta semana. Mientras observamos con interés si en algo cambia el ministro De Pedro sus posiciones en el terreno de los hechos a raíz, acaso, de las experiencias nefastas que habrá constatado en estos años, la presencia de dirigentes de la oposición fue lo que suscitó en Expoagro el entusiasmo más notorio.
Caja de resonancia del país, Expoagro vivió por los importantes avances en la calidad de la tecnología exhibida en los más diversos órdenes, desde semillas, paneles solares, drones o riego hasta maquinaria agrícola, y por el acompañamiento de un número excepcional de visitantes, una de sus más felices experiencias.







