Trabajo infantil, un mal que avergüenza

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24 de junio de 2020  • 00:01

Aunque el trabajo infantil es un mal que aqueja desde hace años, sigue provocando indignación la mera idea de que alguien pueda pensar en explotar a un niño para garantizarse un rédito económico. En la Argentina, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), trabajan alrededor de 764.000 infantes, situación que seguramente se agrave por causa de la pandemia .

Con motivo de conmemorarse el pasado 12 el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, la OIT llamó a gobiernos, empresarios y sindicatos a comprometerse a terminar con esta práctica tan enquistada en ciertos sectores de la sociedad.

En este escenario, esa entidad y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) elaboraron una nota técnica en la que dan cuenta de la situación de niños y adolescentes que trabajan en la región. El estudio estimó que, como consecuencia de la pandemia de coronavirus , el trabajo infantil podría aumentar entre 1 y 3 puntos porcentuales en la región. "Esto implicaría que al menos entre 109.000 y 326.000 niños y adolescentes podrían ingresar al mercado laboral sumándose a los 10,5 millones que ya están en esa situación", asegura el informe.

El documento, además, destaca que entre 2008 y 2016 se venía registrando una baja en la incidencia de este mal, pues había pasado del 10,8% al 7,3%.

Según la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes, del Ministerio de Trabajo, en 2017, en la Argentina, uno de cada diez niños de 5 a 15 años trabajaba. La mayor incidencia se dio en las áreas rurales, donde se alcanza casi el 20%.

"El trabajo infantil no se da de modo aislado", dijo Gustavo Ponce, especialista de la OIT. "Es una situación que les ocurre a los niños en un contexto familiar y ese contexto está profundamente afectado por una crisis económica y social. Entonces, la pandemia deja a la vista a los sectores más vulnerables y desprotegidos".

Ya antes de entrar en esta emergencia sanitaria, nuestro país tenía una gran deuda con los menores, pues según el Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la UCA, más de la mitad de los niños y adolescentes vivían escandalosamente en la pobreza .

Es preciso observar a estos sectores que están en peores condiciones socioeconómicas, pues es en esos escenarios en los que aumenta el trabajo infantil, incluso en sus peores formas, como la explotación sexual, que afecta principalmente a las niñas.

También es indispensable dejar en claro que el trabajo de los niños no puede ser de ningún modo utilizado como instrumento para la recuperación económica de una familia. Por eso, se espera que todos los Estados promuevan la generación de empleos genuinos y dignos, incluyendo el apoyo a emprendimientos y trabajos autónomos.

Dejar de naturalizar el trabajo infantil es una condición determinante para su definitiva erradicación. No existe justificación alguna para consentir su existencia y debemos impulsar que la educación llegue a más y más niños pues es una herramienta clave en esa dirección. Por eso, destacamos la decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que declaró que 2021 será el año internacional para visibilizar la lucha contra este grave fenómeno que pervierte la infancia y la daña irreversiblemente.

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