A 134 años del primer caso: Chipita Rodríguez
Injusticia: acusada de asesinar a un vendedor de caballos para robarle el oro, fue ahorcada en Texas, en 1863; hoy se sabe que era inocente.
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Muchos habitantes del condado de San Patricio afirman haber visto el fantasma de Chipita Rodríguez en la orilla del río Arkansas, reclamando su inocencia. Sobre su trágica historia se tejió una leyenda que la volvió famosa y precipitó su vida y su muerte en libros, poemas épicos y óperas, la mejor de las cuales fue puesta en escena en la Universidad de Texas, en 1993.
Chipita Rodríguez fue colgada por el cuello hasta morir en 1863, según el estilo clásico de la época. Estaba acusada de haber dado muerte en la ribera del río Arkansas al vendedor de caballos John Savage, para robar su oro. Murió jurando su inocencia y un siglo después el Parlamento estatal de Texas votó una resolución en la que afirmó que "no recibió un juicio imparcial".
Pese a que el jurado del pueblo de San Patricio pidió clemencia para ella después de oír su descargo, un juez que no hablaba español -la única lengua que dominaba Chipita- la obligó a subir al cadalso. Días después de la ejecución se descubrió que el oro de Savage nunca había sido robado en realidad. El crimen jamás fue aclarado y quienes creen en espectros sostienen que el fantasma de Chipita busca sin descanso al asesino para probar su inocencia.
Vestida de novia
Keith Gunthrie, historiador del condado de San Patricio, contó que la ejecución de Chipita Rodríguez "horrorizó a las mujeres del pueblo". Agregó que cuando llegó al patíbulo, Chipita "no tenía siquiera ropas decentes para afrontar la muerte y mi bisabuela le prestó su vestido de novia. Dicen que murió con dignidad, pero que prometió no descansar hasta limpiar su memoria".
Desde entonces, la figura de Chipita fue emblemática. Su nombre ilustró una ópera de Lawrence Weiner, profesor de la A and M University de Corpus Christi, que se volvió célebre entre quienes libran la batalla en favor de la abolición de la pena capital.
Chipita fue la primera mujer ejecutada en Texas (la única antes que Karla Faye Tucker, si hoy se cumple la sentencia dictada contra esta última) y su desafortunada historia pareció alimentar la imaginería popular. Cuando su vida y su muerte llegaron al gran público -contada en libros y artículos periodísticos a partir de los años veinte-, cientos de paseantes circunstanciales y enamorados juraron haber visto su fantasma rondando en medio de la noche la ribera del río Arkansas, donde Savage fue asesinado.
Así nació la leyenda. Una escritora de Galveston transformó a Chipita en la heroína de un poema épico y quienes exhumaron los viejos testimonios de su juicio afirman que el mismo constituye el mejor alegato contra la pena de muerte. En los Estados Unidos, su historia cobró mayor dimensión cuando comenzaron a fracasar los pedidos de clemencia en favor de Tucker, pero aún así sólo un cuarto de la población texana es hoy partidaria de que se conmute su sentencia por la de prisión perpetua.
Según una encuesta del Houston Chronicle, el 48 por ciento de los texanos apoya la ejecución de Tucker, lo que demuestra que, para muchos, el fantasma de Chipita Rodríguez es sólo un fantasma y que las leyendas ya no importan. Ayer, la historiadora Genevieve Hearton advirtió en vano que "si Karla Tucker es ejecutada, también ella se convertirá en leyenda. Y, en su caso, no harán falta cien años para que eso suceda".
Pero quizá dentro de cien años el Parlamento estatal vote otra resolución.


