Contra reloj, avanza un pacto para dejar fuera del poder a Salvini

El líder de la xenófoba Liga, Matteo Salvini, el gran perdedor
El líder de la xenófoba Liga, Matteo Salvini, el gran perdedor Fuente: LA NACION
El PD y el M5E formarían un nuevo gobierno sin convocar a elecciones, como reclama el poderoso ministro del Interior
Elisabetta Piqué
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27 de agosto de 2019  

ROMA-. Se viven horas de gran frenesí en Italia. Ayer, mientras se contaban las horas que quedaban para el comienzo de una segunda ronda de consultas que iniciará esta tarde el presidente Sergio Mattarella con todos los partidos políticos, se perfilaba un acuerdo entre el Movimiento Cinco Estrellas (M5E) y el Partido Democrático (PD) para formar un nuevo gobierno. En medio de versiones encontradas y negociaciones contra reloj, también se afianzaba la hipótesis de un "Conte-bis".

Aunque resulte paradójico y difícil de explicar, todo indicaba que la nueva alianza de gobierno "rojo-amarilla" (por los colores del PD, de centroizquierda, y del M5E, "ni de derecha ni de izquierda", como suele definirse, y antisistema) será presidida por el primer ministro saliente, Giuseppe Conte.

Fueron el fundador del M5E, el cómico Beppe Grillo, y Luigi Di Maio, viceprimer ministro saliente, quienes le impusieron al PD el nombre de Conte, un abogado desconocido hace un año, cuya figura moderada y equilibrada fue creciendo con el paso de los meses. Cercano al M5E, aunque presidió durante 14 meses un gobierno populista y soberanista dominado por Matteo Salvini, el líder de la xenófoba Liga, viceprimer ministro y ministro del Interior saliente, en los últimos días al rojo vivo Conte se transformó en una suerte de héroe "anti-Salvini".

Salvini, también llamado "el capitán" por su determinación y carisma, el 8 del actual, envalentonado por las encuestas, decidió romper la alianza con el M5E de Di Maio y llamar a elecciones anticipadas. Presentó entonces una moción de censura en contra del primer ministro Conte, que la semana pasada, y mientras se iba formando una virtual "santa alianza" para evitar las urnas, renunció. Lo hizo después de pronunciar un discurso casi épico en el Senado en el que humilló a Salvini, al definirlo de "irresponsable" y acusarlo de autoritario y "sin sentido de las instituciones".

Después de una primera ronda de consultas, la semana pasada, Mattarella, que es el árbitro de "la crisis más loca del mundo", según la bautizó la prensa local, decidió darles cuatro días a los partidos para explorar la formación de un nuevo gobierno. En caso contrario, advirtió que no le quedará otra opción que disolver el Parlamento y llamar a nuevas elecciones.

Con tal de evitar los comicios que podrían llevar a Salvini al poder, el PD y el M5E, dos movimientos hasta ahora enemigos, comenzaron a negociar a regañadientes. Al principio, el líder del PD, Nicola Zingaretti, en nombre de la "discontinuidad", le puso un veto al nombre de Conte como nuevo premier. Pero fue cediendo con el pasar de los días, presionado por figuras como los expremiers Matteo Renzi y Romano Prodi y en nombre de la "real-politik".

Acorralado por esta maniobra, Salvini intentó resucitar su fallido matrimonio con el M5E. Se quedó todo el fin de semana en una desierta Roma veraniega a la espera de una reunión (que nunca tuvo lugar) con su exsocio Giggino Di Maio, a quien fagocitó con sus políticas antiinmigrantes. Le mandó mensajes para seducirlo con la idea de un nuevo acuerdo. Incluso le habría ofrecido a Di Maio la jefatura de gobierno con tal de evitar que sellara un acuerdo con el PD. Pero las cartas parecen estar echadas.

Ayer, en otra jornada marcada por la incertidumbre, Di Maio y Zingaretti tuvieron una primera reunión de 20 minutos en el Palazzo Chigi -sede del gobierno-, lugar particularmente simbólico. "Estamos en el camino correcto", dijo Zingaretti, que se manifestó "optimista". Horas más tarde, tuvo una segunda reunión con Di Maio y con el supuesto próximo nuevo primer ministro, Conte, que regresó a Italia después de la Cumbre del G-7 de Biarritz.

Consciente de una posible y cercana derrota anunciada, Salvini condenó ayer el casi sellado acuerdo.

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