A lo Hannibal Lecter: el brutal asesino que pasa 23 horas al día en una "jaula de cristal"

Robert Maudsley, el asesino en serie británico que muchos catalogan como "el Hannibal Lecter de la vida real"
Robert Maudsley, el asesino en serie británico que muchos catalogan como "el Hannibal Lecter de la vida real" Crédito: Wikipedia Commons: Murderpedia
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27 de agosto de 2020  • 14:30

Robert Maudsley tiene 67 años, es un asesino serial y está preso desde 1974. El hecho estar tras las rejas no fue impedimento para que cometiera otros tres brutales homicidios. El prisionero conocido como el "más peligroso de Gran Bretaña" pasa 23 horas del día encerrado en una "jaula de cristal", y por eso muchos lo llaman "el Hannibal Lecter de la vida real".

Según informa el Daily Mail Maudsley fue víctima de abuso de su propio padre, quien lo encerró durante seis meses en una habitación y torturó a 12 niños más. Cuando cumplió 16 años huyó de su casa y trabajó como mozo mientras pagaba un alquiler temporario.

Sin embargo, cayó en una profunda adicción a las drogas y cometió su primer crimen: asesinó a un cliente del bar, John Farrell, a quien mató a golpes después de ver que ese hombre tenía fotos de niños como trofeos porque los había abusado sexualmente.

Robert Maudsley durante su tormentosa infancia
Robert Maudsley durante su tormentosa infancia Crédito: Liverpool Echo WS)

El homicidio fue tan violento que los policías apodaron a la víctima con el adjetivo "azul", porque era el color que tenía su cara cuando fue encontrado sin vida. Inmediatamente, Maudsley fue encarcelado con una condena perpetua y enviado al hospital psiquiátrico de alta seguridad de Broadmoor, que albergaba a algunos de los presos más peligrosos del país.

En 1977, él y su compañero de prisión, David Cheeseman, atacaron a otro depredador sexual, David Francis. Se atrincheraron en una celda para torturar al abusador de menores durante nueve horas.

El ataque nuevamente fue violento al extremo: Maudsley le metió una cuchara por la oreja a la víctima hasta perforar su cerebro. Allí comenzó a ser apodado como "el verdadero Hannibal Lecter". A partir de ahí fue trasladado a la prisión de máxima seguridad HMP Wakefield en Yorkshire.

Sin embargo, un año después cometió otro terrible crimen: apuñaló a Salney Darwood, un recluso que cumplía una condena por haber matado a su esposa, hasta asesinarlo, y luego escondió el cuerpo debajo de la cama en su celda.

El mismo día atacó a Bill Roberts, otro preso acusado de agredir sexualmente a una niña de siete años. Le cortó el cráneo con una daga improvisada, y luego habló con los guardias de seguridad y les comentó: "Hoy habrá dos menos para cenar".

Hannibal Lecter, el temible asesino de ficción quien, como Robert Maudsley, vivía aislado de los demás reclusos por su peligrosidad.
Hannibal Lecter, el temible asesino de ficción quien, como Robert Maudsley, vivía aislado de los demás reclusos por su peligrosidad.

Ante la peligrosidad sin precedente de Maudsley, decidieron tomar medidas más drásticas y construyeron una celda especial sólo para él, ubicada en un ala apartada de la prisión. Desde 1983 el hombre pasa sus días en la "jaula de cristal", que tiene similitudes con la de Hannibal Lecter, el célebre personaje de El silencio de los inocentes.

La habitación mide solo 5, 5 metros por 4,5, con enormes ventanas a prueba de balas, a través de las cuales lo observan los guardias. Los únicos muebles son una mesa, una silla, y una losa de hormigón como cama, y por un pequeño espacio debajo de la puerta le pasan la comida.

Maudsley pasa 23 horas al día encerrado dentro de la celda, ya que sólo se le permite salir durante una hora para hacer ejercicio, escoltado por guardias en todo momento, y sin contacto con ningún otro recluso.

Este solitario y extremo confinamiento hizo que el asesino serial pidiera que redujeran las condiciones de su condena: solicitó tener un perico como mascota, o en caso de negativa, una dosis de cianuro para suicidarse.

Ambas solicitudes fueron denegadas y Maudsley pasará el resto de su vida dentro de la caja de cristal. En este sentido, el hombre declaró que siente que no tiene nada por lo que vivir: "No me quedan esperanzas; siento que ningún oficial se interesa por mí y solo les preocupa cuándo abrir la puerta y luego asegurarse de que vuelva a mi celda lo antes posible".

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