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Abdel Fatah al-Sisi: el astuto general que soñaba con ser raïs

Confirmó su liderazgo en las elecciones, pero Egipto lo espera con descomunales desafíos
Ricard González
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30 de mayo de 2014  

EL CAIRO.- A pesar de que la junta electoral aún no anunció los resultados oficiales de las elecciones presidenciales en Egipto , las filtraciones hechas a los medios no dejan margen para la duda. Abdel Fattah al-Sisi consiguió una victoria abrumadora con más del 90% de los votos.

Su adversario, el político progresista Hamdin Sabahi, que reconoció públicamente la derrota, puso en tela de juicio las cifras publicadas, y muy especialmente la tasa de participación, que apenas alcanzó un 47%. "Es un insulto a la inteligencia de los egipcios", sentenció.

Sea como fuere, Al-Sisi ya consiguió su viejo sueño de gobernar Egipto. Literalmente. En una entrevista con el diario Al-masry al-Youm a principios de este año, explicó que desde hace más de tres décadas tenía sueños que, según él, lo predestinaban a dirigir la nación árabe. En uno de ellos incluso se le apareció el difunto presidente Anwar al-Sadat y lo informó del prominente cargo que asumiría en el futuro. "Ya lo sabía", le respondió un confiado Al-Sisi.

El vertiginoso ascenso de este oficial nacido en Gamaliya, un barrio popular de la capital egipcia, sirve como prueba de su astucia y afinada intuición política.

Si hace apenas dos años era un completo desconocido para la gran mayoría de la población egipcia, actualmente los pósteres y carteles con su figura adornan las calles de todo el país. Y en el momento más álgido de la "Sisimanía" su rostro se podía encontrar incluso en las tortas de cumpleaños de algunas reposterías.

Curiosamente, el hombre que propició su gran salto a la vida pública, el ex presidente Mohamed Morsi, languidece hoy en la cárcel. Poco podía imaginarse el líder en aquel momento que el joven general al que designó en agosto de 2012 como ministro de Defensa daría unos meses más tarde un golpe de Estado contra su propio gobierno (el primero elegido en forma democrática en 5000 años de historia egipcia). Un golpe que además daría inicio a la represión más brutal jamás sufrida por el movimiento político de Morsi, los Hermanos Musulmanes.

Al-Sisi se ganó la confianza de Morsi por su condición de musulmán devoto y por haber sido el interlocutor con la cofradía de la junta militar que asumió el poder tras la caída de Hosni Mubarak. De hecho, se comenta que el ex raïs se negó a aceptar su participación en la revuelta hasta el último momento.

A pesar de la admiración que inspira -o quizás precisamente por eso-, la ideología y el proyecto político de Al-Sisi continúan siendo un misterio. Parco en palabras, el mariscal se limitó a ofrecer una serie de propuestas vagas en las entrevistas televisivas que otorgó durante toda la campaña electoral. En su página web, tan sólo se detallan varios objetivos de carácter general.

"Al-Sisi no es un ideólogo. Es un hombre práctico que se aproxima a los problemas sin ideas preconcebidas", declaró a la nacion Amr Musa, ex presidente de la Liga Árabe y el principal asesor político del futuro presidente.

Ahora bien, todo apunta a que el raïs Al-Sisi no se alejará demasiado del rumbo adoptado por el actual gobierno, en especial en lo que respecta a la represión de los Hermanos Musulmanes. Al ser consultado por un periodista, llegó a augurar que la organización islámica "desaparecería" bajo su mandato.

Conservador

De sus discursos emotivos, realizados normalmente en árabe coloquial, y su estilo paternalista se deduce una visión de la sociedad eminentemente conservadora, no muy diferente de la de sus predecesores.

"Si cuentan con alguna información sobre algún tema [sensible], deben susurrarla al oído de las autoridades. Si es posible, sin hacerla pública", exhortó a los principales directores de los periódicos egipcios, un comentario poco prometedor para el futuro de la libertad de prensa en el país.

En ese mismo discurso, afirmó que Egipto no está preparado para un sistema democrático y que necesitará "al menos 25 años", un mensaje mil veces repetido por Mubarak y el resto de los autócratas árabes.

Los desafíos que el nuevo raïs tiene ante sí son descomunales, tanto en el ámbito de la seguridad como en el económico, pues las arcas públicas se encuentran vacías. Para desarrollar la economía, Al-Sisi otorga un papel central al Estado, como hizo Gamal Abdel Nasser, junto al que aparece en numerosos pósteres y con quien se lo compara a menudo. "Al-Sisi no es un nuevo Nasser ni un nuevo Mubarak", advierte Musa.

Más vale que así sea, porque el Egipto del siglo XXI poco tiene que ver con el de hace seis décadas.

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