
Admiten en Israel un sórdido caso de purificación étnica
El reencuentro de una mujer, que había sido dada en adopción, con su madre biológica puso al descubierto un escandaloso secuestro de niños yemenitas
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JERUSALEN, 18 (Reuter).- Un importante rabino rompió décadas de silencio y confirmó hoy que las autoridades de su país arrebataron a hijos pequeños de inmigrantes de Yemen, hace casi 50 años, para dárselos en adopción a parejas de judíos nacidos en Europa.
"Esta mancha, el secuestro de niños de familias de Yemen, es la más horrible del Estado de Israel", dijo el rabino Menachem Porush, que fue líder del partido ultraortodoxo Agudat, durante una entrevista concedida al Canal 2 de televisión.
Los israelíes de origen yemenita han denunciado por años que cientos de niños que nacieron entre los años 1948 y 1950 fueron dados en adopción a parejas de judíos ashkenazis.
Porush dijo que trabajadores sociales de los hospitales y dirigentes políticos conocían esos hechos.
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Tzila Levin acaba de abrir una de las más dolorosas heridas colectivas de la sociedad israelí, un episodio considerado el mayor y más inmoral fraude de la historia del país.
La mujer, que hace casi cincuenta años había sido dada en adopción a un matrimonio del kibbutz Ein Hamifraz, en las cercanías de la ciudad de Haifa (norte de Israel) se reencontró hace pocos días con su madre biológica, Margalit Umeisi, una judía yemenita emigrada a Israel en los albores de la creación del Estado.
La historia es asombrosamente desgarradora:Margalit había llevado a su pequeña hija Mazal a un hospital pediátrico de Rosh Haainz, donde-según le informaron horas después- la pequeña había muerto. La joven Margalit, de escasa formación y recién emigrada, no pudo aceptar las explicaciones oficiales, pero su hija ya no estaba y en su lugar Margalit recibió un pequeño ataúd sellado.
Durante años, Margalit y otras jóvenes yemenitas que habían denunciado episodios similares fueron tratadas como desquiciadas. El eficiente servicio sanitario israelí les proveyó asistencia psicológica para superar el trance. La Justicia ni siquiera contempló la posibilidad de investigar un eventual delito.
Mazal fue adoptada por una joven pareja oriunda de Europa. En un instante se le había arrebatado la identidad, los afectos y el futuro. Mazal dejó de ser Mazal. Con nuevo nombre y nueva familia, la niña, convertida en Tzila, emigró a los Estados Unidos.
Hace pocas semanas, Tzila, a quien nunca se le había ocultado que era adoptada, retornó a Israel con el propósito de rastrear a su familia de sangre. Puso avisos en los diarios. Margalit y unas veinte mujeres más, todas ellas yemenitas, sospecharon que podrían ser las buscadas. Rápidamente las pesquisas se orientaron hacia Margalit, madre de otra mujer, Iehudit, de asombroso parecido con Tzila. Pruebas genéticas realizadas en la Universidad Hebrea de Jerusalén confirmaron, con el 99,99 por ciento de certeza, la relación.
La historia dejó al descubierto una maquiavélica maniobra pergeñada para proporcionarles a los niños yemenitas una educación más depurada, según los selectivos criterios de algunos cerebros ashkenazis (judíos provenientes de Europa del Este). Ahora se sabe, por ejemplo, que numerosas tumbas de recién nacidos están vacías, que la mayoría de las víctimas son de origen sefardí (judíos oriundos de España o Africa) y, lo que es más inquietante, que esa virtual limpieza étnica no pudo jamás llevarse adelante sin la complicidad de sectores vinculados con el poder, que ahora quedó sometido a una vigorosa presión para demostrar su inocencia.
En 1995, el gobierno del entonces primer ministro Shimon Peres había creado una comisión investigadora de lo que para entonces no era más que una leve sospecha. La historia de Tzila y Margalit, además de una tragedia personal, es un incidente inexplicable en una colectividad que ha sido víctima, a lo largo de la historia, de las más despiadadas muestras de discriminación. La historia de Tzila y Margalit es un espejo en el que nadie, desde ahora, podrá observarse sin una verguenza irremediable.
Desalojaron a colonos judíos
JERUSALEN, 18 (AFP).- La policía israelí evacuó esta noche a tres familias de colonos judíos que se habían instalado a principios de esta semana en una casa del barrio árabe de Ras al Amud, en el sector palestino de Jerusalén, constató la AFP.
Los colonos fueron evacuados muy discretamente por la policía y no se resistieron. Salieron por una puerta trasera de la casa, pero una decena de personas encargadas de asegurar el mantenimiento de los locales los reemplazó.
Esta evacuación tiene lugar luego de un "compromiso" concluido hoy por el gobierno israelí e Irving Moskowitz, un judío norteamericano propietario de la casa y del terreno que la rodea. Según este acuerdo, la casa permanecerá bajo control israelí. En un comunicado desde Gaza, el gobierno palestino lo rechazó .
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