Al Gore, el "profeta" que puede volver
Ecologista, sería otra vez candidato
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WASHINGTON.- Hillary Clinton marcha primera; Barack Obama es la sorpresa y John Edwards encarna el ala más liberal del partido. Pero es otra la figura que acapara las especulaciones rumbo a las elecciones presidenciales de 2008. Y su ingreso a la contienda podría cambiar todos los cálculos y mover las fichas demócratas: Al Gore, el profeta del calentamiento terrestre.
El ex vicepresidente derrotado en forma controvertida por George W. Bush en 2000 es, por ahora, sólo el abanderado de moda en Estados Unidos, con sus alertas sobre la contaminación ambiental, riesgo menospreciado durante años por la Casa Blanca republicana, a las que responde con sus propias ironías.
"Hola, soy Al Gore. Solía ser llamado «el próximo presidente de Estados Unidos»", es la frase con la que suele presentarse en seminarios y conferencias, antes de disparar contra la "guerra global contra el terror" de Bush: "Volé en el Air Force Twodurante ocho años y ahora tengo que sacarme los zapatos para subir a un avión".
Pero mientras él prepara sus valijas -y se saca los zapatos- para volar a la Argentina y Chile el 11 de mayo, son más cada semana quienes le preguntan si se subirá al ring de la campaña que promete ser la más atractiva de las últimas décadas. Gore se limita a sonreír y responde con evasivas. "No lo tengo planeado" o "no lo creo" o "por el momento te diría que no", son sus réplicas habituales.
Pero la decisión la tomará en los próximos meses, en septiembre u octubre como máximo, indicaron a LA NACION dos de sus asesores electorales. Su ingreso a la pelea pone en alerta a los demócratas y republicanos que ya están golpeándose en el ring. Pero Gore quiere, justamente, esquivar ese desgaste prematuro, ver cómo evoluciona el panorama político y, sólo luego, anunciar su lanzamiento o hacer como que aquí no ha pasado nada. "Nos dijo que estemos atentos y no nos comprometamos con los demócratas que ya se han lanzado", comentó a LA NACION uno de sus contactos en Washington, que en 2004 trabajó para la campaña de John Kerry.
Gore cuenta, dicen sus defensores, con algunas ventajas. La primera, que es muy conocido. Tras ocho años como vicepresidente de Clinton, una campaña presidencial en 2000 y el impacto del documental Una verdad incómoda en 2006, no necesita publicidad. Tiene un reconocimiento público del 100% y, por ejemplo, marcha primero en imagen positiva (85%) entre los demócratas en California, el estado más poblado del país, según una encuesta de Field.
Su segunda ventaja es que tampoco necesita recaudar tanto dinero. Mientras Hillary, Obama y Edwards juntaron 26, 25 y 14 millones de dólares desde enero, respectivamente, y esperan superar los US$ 100 millones, Gore calcula distinto. "Con 50 millones [de dólares], estamos hechos. Gore nos dijo que nos encarguemos de juntar la mitad y el resto lo pondrá él y sus amigos", explicó el estratego. "Si juntamos esos primeros 50 millones con rapidez, el resto vendrá solo, por temor a no apostar por él", aventuró.
Tras el Oscar, ¿el Nobel?
¿Cómo reuniría Gore los otros 25 millones? "El solo vale unos 250 millones de dólares, entre las acciones que tiene en diversas compañías, los derechos de sus libros y su participación en el documental", afirmó el segundo asesor. Tiene inversiones en las compañías Google y Apple.
Pero sus colaboradores no son ingenuos. Tras alzarse con un Oscar -y aparecer gratis en todos los televisores de Estados Unidos-, Gore fue convocado a una audiencia sobre calentamiento terrestre en el Senado y ahora apunta más alto: el Premio Nobel. Lanzó ya una campaña de lobby para lograrlo y viajó a Noruega tres veces en los últimos doce meses. Retrasar su nominación, si la anuncia finalmente, tiene otro efecto positivo: mantener escondidos sus defectos. "Sería un excelente presidente, pero es aburrido, es inseguro y habla demasiado", dice un colaborador.
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