Alejandro Betancourt, el nuevo oligarca latinoamericano de Trump
El empresario venezolano, investigado en Suiza y España, es la llave del acuerdo petrolero con el régimen de Rodríguez; sus maniobras de los últimos años están sembradas de intrigas y negociaciones secretas
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BOGOTÁ.– Un empresario de 46 años, con una pésima reputación, acaba de convertirse en el nuevo hombre del petróleo de Donald Trump en Venezuela.
Tras días de especulaciones, finalmente la Casa Blanca dio más detalles sobre el histórico acuerdo por el que tendrá acceso privilegiado durante un siglo a una cuarta parte de las reservas de crudo venezolanas. Se trata de un acuerdo insólito, pero tan sorprendente como sus términos es quién está detrás. Alejandro Betancourt, que sigue siendo investigado por presunto lavado de miles de millones de dólares en Suiza y España, es el autor, el mediador y el principal beneficiario de un contrato que desató una tormenta política desde Caracas hasta Washington.
“Sin Betancourt, no habría acuerdo de seguridad energética”, le dijo un funcionario estadounidense al portal Axios.
El empresario logró que Delcy Rodríguez le otorgara a su empresa, North American Blue Energy Partners (NABEP), la explotación de 17 yacimientos petroleros. Él se encargará de atraer inversiones y poner en marcha la producción con el decisivo respaldo del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que se quedó con el 35% de la compañía. Washington se asegura además el derecho de comprar un 20% del crudo a precio de costo. “Ningún otro empresario petrolero puede decir que tiene al Pentágono de su lado”, resumió un funcionario ante Axios.

De la noche a la mañana, el polémico empresario investigado por la justicia europea pasó a ser uno de los hombres más poderosos de Venezuela, con el respaldo político, económico y militar de Washington. “No estoy proponiendo canonizar a nadie. Lo que digo es que se trata de una persona que, en el pasado, ha sido útil para los Estados Unidos”, defendió un alto funcionario de la administración Trump ante periodistas.
¿Por qué él? El propio entorno de Trump ha dejado claro que no le importan sus líos con la justicia —mientras no enfrente cargos en Estados Unidos—, sino su desempeño en los campos de crudo y cómo NABEP había disparado su producción en los últimos años. Es realpolitik. “Tenemos que tomar decisiones como esta todo el tiempo en todo el mundo. La geopolítica, con frecuencia, no va de elegir entre lo ideal y lo imperfecto. A menudo se trata de decidir cuál es el mejor resultado, y tienes que trabajar con lo que hay”, aclaró este alto funcionario.
“Dicen que es hábil y un gran negociador”, cuenta una fuente del sector. “Y es cierto que a su empresa le fue muy bien, pero también porque los activos que explotaba tenían un enorme potencial”. Otros empresarios petroleros son mucho más escépticos: “Betancourt no se destaca por sus conocimientos petroleros, sino porque sabe cómo mover el dinero”.

El camino para que Betancourt y el Pentágono se quedaran con el control de NABEP dejó a antiguos socios afuera del negocio. Hasta agosto, una participación minoritaria pertenecía a Harry Sargeant III, magnate petrolero de Florida, donante republicano y mediador informal entre Washington y Caracas. Incluso había contribuido a liberar rehenes estadounidenses en 2025 y Maduro lo apodaba cariñosamente “El Abuelo”.
Pero con Maduro preso en Nueva York, su presencia comenzó a ser incómoda. En agosto, el Tesoro estadounidense congeló los activos de la sociedad con la que operaba en Venezuela y Sargeant recibió presiones desde distintos sectores, incluso desde Venezuela a través de personas cercanas a él, para vender su participación. Finalmente cedió su parte por 300 millones de dólares a una entidad vinculada a Betancourt, que quedó como único accionista de una empresa que produce alrededor de 200.000 barriles diarios.
Hoy, el empresario que se enriqueció gracias a contratos energéticos durante el gobierno de Hugo Chávez es mucho más que el nuevo socio petrolero de Trump. Betancourt posee algo más que una gran capacidad para los negocios: mantiene desde hace más de una década una extensa red de contactos dentro de las estructuras de poder en Caracas, moviéndose entre distintos sectores según cambian las circunstancias políticas. “Puede que Maduro todavía estuviera en el poder si no fuera por él”, aseguró el mismo funcionario citado por Axios.
Conexión
La prensa estadounidense sostiene que Betancourt tuvo un rol clave en el proceso que culminó con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. Esa madrugada, mientras fuerzas especiales detenían al líder venezolano y a su esposa, Cilia Flores, Betancourt actuó como interlocutor moderado con Delcy Rodríguez, quien inicialmente creyó que Maduro había sido asesinado.
“¡No hablo con asesinos!”, repetía una alterada Rodríguez, según relataron varias fuentes involucradas en esas conversaciones. Finalmente, varios interlocutores, entre ellos Betancourt, lograron convencerla de dialogar con Marco Rubio sobre la transición política en Venezuela.

De acuerdo con The Washington Post, funcionarios estadounidenses le dejaron claro que Betancourt sería el intermediario central para la reconstrucción del sector petrolero venezolano y que cualquier asunto relacionado con esa industria debía canalizarse a través de él.
La mano de Washington en Suiza
El nombre de Betancourt ya circulaba con fuerza en Caracas cuando, después del doble sismo del 24 de junio, comenzó a llegar a Venezuela en aviones privados procedentes de Estados Unidos. Era una novedad llamativa: llevaba años viviendo en Europa y la investigación abierta por la fiscalía suiza incluía una solicitud de extradición y la retención de sus pasaportes italiano y venezolano. En los hechos, permanecía recluido entre sus propiedades en el Reino Unido.
Dos fuentes habían advertido entonces que detrás de esa nueva libertad de movimientos estaba la influencia de Washington. Una investigación de The Washington Post detalló cómo altos funcionarios de la Administración Trump, incluido el subsecretario de Estado Christopher Landau y la entonces fiscal general Pam Bondi, realizaron gestiones en Suiza en busca de información y beneficios para Betancourt.
Aunque la solicitud de extradición fue revocada en mayo de 2026, la investigación continúa abierta. “Es una situación muy inusual y esperamos que las autoridades suizas expliquen esa contradicción”, afirmó un portavoz de Public Eye, organización especializada en investigar la opacidad financiera en el sector petrolero.
Betancourt es además una persona política expuesta para las autoridades suizas. Apenas 48 horas después de la captura de Maduro, el Consejo Federal suizo bloqueó los activos que decenas de personas con vínculos con el autócrata —entre ellas el núcleo familiar de Maduro, figuras relevantes del chavismo, Betancourt y varios de sus socios— pudieran tener en el país. Gracias a esa orden, se congelaron 239 millones de francos suizos (unos 295 millones de dólares) pertenecientes a 21 de las 37 personas que conformaban la lista, según Public Eye.
De Guaidó a Delcy
La relación de Betancourt con Washington se remonta al primer mandato de Trump, cuando Estados Unidos declaró ilegítimo a Maduro y reconoció a Juan Guaidó en 2019. Según ha confirmado ya el entorno de Trump, Betancourt actuó como enlace entre la oposición y mandos militares venezolanos de alto nivel para construir apoyo interno a una transición pacífica hacia un gobierno de Guaidó.
Según Axios, llegó incluso a viajar a Moscú para entregar en mano una carta del entorno de Guaidó pidiendo a Rusia que dejara de respaldar a Maduro. Aquel intento fracasó: Maduro sobrevivió, y Betancourt cayó en desgracia.
Fue entonces cuando el régimen le confiscó su participación en su empresa de explotación de crudo (Petrozamora), congeló sus activos en Venezuela y envió fuerzas de seguridad a sus propiedades. Ya no era bienvenido en Venezuela.
Betancourt, según reveló estos días el Post, no solo medió, sino que financió a la oposición contra Maduro, algo que encaja con un ataque directo que en aquella época le hizo el actual presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy. Rodríguez, entonces ministro de Comunicación, denunció en una rueda de prensa en febrero de 2020 que existía “un entramado de corrupción entre Alejandro Betancourt, Tamara Adrián [entonces diputada] y Voluntad Popular en el que ocultan la fortuna que es utilizada para atentar contra Venezuela y financiar actos terroristas”. El título de aquella nota de prensa decía: “Alejandro Betancourt López es el financista directo de Juan Guaidó”.
En 2023, según contó el Post, fue la propia Delcy Rodríguez, entonces vicepresidenta, quien lo llamó de vuelta a Caracas para una reunión privada. Le ofreció un trato: su vuelta al ruedo a cambio de alejarse de la política, volver a sus negocios con garantías de seguridad. Betancourt aceptó, y de esa reconciliación nació NABEP, aunque de la mano de Sargeant, una condición de Maduro. Ese mismo año, la causa venezolana que estaba abierta en su contra fue archivada.
Familia acomodada
Betancourt es hijo de un músico y una diseñadora de joyas, una familia acomodada de Valencia, a 170 kilómetros de Caracas. El empresario formó parte de un grupo de jóvenes del Instituto Cumbres de Caracas, de los Legionarios de Cristo, y fue a través de uno de sus amigos de patio como consiguió su primer contrato multimillonario cuando ni siquiera habían cumplido los 30 años.
Su primer desafío empresarial fue afrontar la crisis eléctrica de 2009 con la compra de varias plantas eléctricas —se dice que usadas— que resolvieron poco.

En aquella rueda de prensa de Jorge Rodríguez, que hoy aplaude el trato con Washington y el empresario, él mismo planteó que Betancourt se hizo multimillonario gracias a esa crisis. “Con la aprobación de tales contratos, Betancourt compró fábricas, industrias y residencias lujosas en el estado de Florida de Estados Unidos y en España”, aseguró.
Las causas judiciales contra Betancourt comenzaron hace más de una década en Venezuela, siguieron a Estados Unidos y saltaron a Suiza y España, donde ha invertido cientos de millones de dólares en empresas y comprado propiedades de altísimo valor, como un castillo del que es propietario en Toledo.
En Venezuela la causa se sobreseyó; en Estados Unidos condenaron a varios de sus socios, pero nunca llegaron a acusarlo a él y en Europa aún están en proceso de instrucción. No son casos sencillos: las investigaciones intentan esclarecer el origen y destino de más de 4.000 millones de dólares supuestamente desviados de la petrolera estatal venezolana con la connivencia de funcionarios sobornados.
Betancourt, a través de sus reputados abogados —que incluyen al abogado personal de Trump, Rudy Giuliani—, siempre ha rechazado cualquier irregularidad. Su figura, sin embargo, produce un enorme rechazo en Venezuela. De derecha a izquierda. Tanto entre el chavismo como entre los seguidores de la opositora María Corina Machado.
Una animadversión que Betancourt intenta aplacar en múltiples páginas web donde se ensalzan sus virtudes y con un ejército de bots que reaccionan alabándole en cada publicación en su contra. “Alejandro Betancourt, el pueblo está contigo”, lo alientan.
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