Ante una multitud, el Papa llamó a "oír el grito de los pobres"

Pidió trabajar por una sociedad "justa, libre y reconciliada"; hubo casi un millón de personas
Elisabetta Piqué
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17 de agosto de 2014  

SEÚL.- En un escenario imponente, la explanada de la Puerta de Gwangwamun, un lugar emblemático que resume la historia antigua y contemporánea de Corea del Sur, el papa Francisco llamó a seguir el ejemplo de amor a Dios y de amor al prójimo, especialmente en un momento en el cual suele escucharse poco "el grito de los pobres".

En una misa al aire libre donde impactaba ver el disciplinado fervor de casi un millón de personas, Jorge Bergoglio lanzó su enérgico llamado a combatir la pobreza al beatificar a los 124 primeros mártires de la Iglesia Católica de esta tierra.

"El ejemplo de los mártires tiene mucho que decirnos a nosotros, que vivimos en sociedades en las que, junto a inmensas riquezas, prospera silenciosamente la más denigrante pobreza, donde rara vez se escucha el grito de los pobres y donde Cristo nos sigue llamando, pidiéndonos que lo amemos y sirvamos tendiendo la mano a nuestros hermanos necesitados", dijo el Papa.

"La herencia de los mártires puede inspirar a todos a trabajar en armonía por una sociedad más justa, libre y reconciliada, contribuyendo así a la paz y a la defensa de los valores auténticamente humanos en este país y en el mundo entero", agregó.

En ese momento, en la gigantesca explanada de la Puerta de Gwangwamun, donde suelen realizarse las principales celebraciones del país, había 800.000 fieles. Es decir, buena parte de los católicos de este país, que representan el 10% de una población de más de 50 millones. Sin embargo, reinaba el silencio y un clima muy disciplinado. Los fieles habían llegado muchas horas antes del inicio de la celebración, en ómnibus y luego a pie.

Sólo quien tenía una entrada especial podía ingresar a la zona, después de sortear un detector de metales y controles. Centenares de voluntarios entregaban botellitas de agua y un kit con una pequeña colchoneta plegable para sentarse y una bolsita de plástico para la basura. Debido al sol impiadoso y al calor húmedo, también regalaban imprescindibles viseras y gorros. Hubo cantos y rezos antes de la llegada de Francisco, que fue aclamado -en forma contenida- cuando llegó y recorrió en papamóvil el lugar. Y hubo aplausos cuando se detuvo a saludar a un grupo de parientes de víctimas de la tragedia del ferry Sewol, que conmocionó el país en abril pasado.

Lo mismo pasó por la tarde cuando visitó Kkottognae, la "colina de las flores" o de la caridad, en la provincia de Cheongiu, a 90 kilómetros de esta capital, donde se levanta un enorme centro de recuperación de adicciones y ayuda a los necesitados, fundado en la década del 70 por un cura católico carismático.

Allí también unas 35.000 personas vieron imágenes conmovedoras de un encuentro que el Papa tuvo con personas con capacidades diferentes, niños abandonados, personas con síndrome de Down, paralíticas o víctimas de terribles enfermedades. No pronunció ningún discurso, sino que besó, bendijo, tocó, acarició, abrazó y consoló a cada una de esas 70 personas, símbolos del sufrimiento. Como es tradición, antes de ingresar al centro de rehabilitación, Francisco se sacó los zapatos en señal de respeto hacia los enfermos.

Después de detenerse a rezar ante el denominado "jardín de los niños abortados", un cementerio de fetos con cruces blancas, tuvo un encuentro con 6000 monjas y religiosos.

"La hipocresía de los hombres y las mujeres consagrados que profesan el voto de pobreza y, sin embargo, viven como ricos daña el alma de los fieles y perjudica a la Iglesia", les dijo. Aunque tenía previsto rezar con las religiosas, al final prefirió dedicarles más tiempo a los enfermos y discapacitados. "Se me hizo tarde y el helicóptero con el que tengo que volver a Seúl puede estrellarse en la montaña", explicó a las monjas, provocando risas.

Antes de irse de Kkottognae, tuvo un encuentro con líderes laicos. "Como demuestra el ejemplo de los primeros cristianos coreanos, la fecundidad de la fe se expresa en la práctica de la solidaridad con nuestros hermanas y hermanos", les dijo. "Asistir a los pobres es bueno y necesario, pero no basta", advirtió Francisco, y llamó a "multiplicar sus esfuerzos en el ámbito de la promoción humana, de modo que todo hombre y mujer llegue a conocer la alegría que viene de la dignidad de ganar el pan de cada día y de sostener a su propia familia".

Antes de volver mañana a Roma, el Papa viaja hoy a Haemi, 100 kilómetros al sudeste de Seúl, para la misa de clausura de la VI Jornada de la Juventud Asiática (JJA), que atrajo a 6000 jóvenes de 23 países.

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