Apuntan a altos mandos militares por las torturas
Según el general que investigó los abusos, falló la supervisión
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WASHINGTON.- En un clima cada día más enrarecido por el escándalo de las torturas en Irak, el general que encabezó la investigación de los abusos dijo ayer en el Senado que las violaciones se produjeron por una falla de liderazgo, disciplina y entrenamiento y la ausencia de supervisión.
El general Antonio Taguba, que en marzo culminó su investigación por las torturas en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, afirmó, sin embargo, que no encontró "ninguna prueba de una política o de orden directa dada a los soldados para que actuaran como lo hicieron". La principal sospecha sobre la la forma de actuar de las fuerzas norteamericanas es que las torturas responden a una política deliberada y sistemática para quebrar a los detenidos iraquíes.
"Creo que lo hicieron por su propia voluntad", insistió el general nacido en Manila, Filipinas, que cargó la responsabilidad sobre la general de brigada Janis Karpinski, que estaba a cargo de la prisión militar.
La presentación de Taguba ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado mantuvo ayer la atención pública sobre el tema de las torturas en Irak, que han conmovido a la comunidad internacional, ya comenzó a erosionar el apoyo popular hacia Bush.
El mandatario respaldó anteayer al cuestionado secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, que sigue en la cuerda floja no sólo por el escándalo de las violaciones militares, sino también por las fallas en la política que se está llevando adelante en Irak.
El gobierno de Bush no logra salir de la crisis en la que ha quedado sumergido por el gran impacto que han tenido las fotografías que muestran el sadismo de los soldados norteamericanos.
Una encuesta de la cadena CNN, el diario USA Today y Gallup mostró por primera vez ayer una fuerte caída en la opinión de los norteamericanos sobre el manejo de la guerra. El 58% dijo que aprobaba la forma en la que Bush está llevando adelante la guerra en Irak, mientras que una abrumadora mayoría -el 79%- dijo estar molesta o muy molesta por los abusos de los norteamericanos.
Las fotografías de los actos de sadismo que fueron publicadas en las portadas de todos los diarios, y luego difundidas por las cadenas de televisión, han pulverizado los esfuerzos republicanos -a fuerza de una millonaria campaña televisiva- por mantener al tope de las preferencias del electorado a Bush, que intentará su reelección en noviembre próximo.
Además, el gobierno ya se está preparando para la inminente difusión de nuevas imágenes -según la cadena CNN hay un total de 300- que podrían agravar aún más el escándalo.
Según la encuesta difundida ayer, la diferencia que Bush le lleva al candidato presidencial demócrata, John Kerry, es de sólo un punto -48 contra 47 por ciento-. Cuando se incorpora al tercer candidato, el líder de los consumidores Ralph Nader, la diferencia se amplía en favor de Bush, pero sólo a dos puntos.
La opinión de los norteamericanos sobre el trabajo de Bush está en su nivel más bajo. Sólo el 41% de los votantes registrados dicen que está haciendo un buen trabajo en la Casa Blanca. Esta caída, según los analistas, responde directamente al impacto de la difusión de las imágenes de las torturas en Irak.
Los demócratas, escépticos
El general Taguba, que encabezó la investigación interna, avanzó aún más ayer y dejó abierta la posibilidad de que miembros de la CIA, personal de seguridad y contratistas privados también sean culpables de los abusos.
Pero los demócratas no se conformaron con su afirmación de que las torturas no respondieron a una política. El senador Carl Levin, segundo en la jerarquía de la comisión de las fuerzas armadas norteamericanas, dijo ayer que esa clase de abusos "no son acciones espontáneas de personal de baja graduación. Estaban claramente planeadas y sugeridas por otros", dijo Levin, que destacó: "Esto huele a trabajo organizado y preparación metódica de interrogatorios".
El general subrayó que los militares a cargo de la prisión de Abu Ghraib, en Irak, habían trasladado a los detenidos a otros sectores de la cárcel para que la Cruz Roja Internacional no descubriera las torturas. Sin embargo, la organización internacional elevó informes sobre los abusos cometidos por los militares norteamericanos.



