
Asesinatos económicos
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MIAMI.- Durante diez años, entre los 70 y los 80, el trabajo formal de John Perkins como economista jefe de la ya fenecida consultora financiera internacional de Boston, Chas. T. Main, consistió en recorrer naciones del Tercer Mundo como Indonesia, Ecuador y Panamá, y ofrecerles abultados créditos de desarrollo acompañados de optimistas informes sobre los beneficios que estas obras de infraestructura habrían de aportar en el futuro.
Pero en los hechos, Perkins era un empleado de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, según sus siglas en inglés) y su función era extorsionar a los gobiernos de estos países de manera que sirviesen a los intereses de la política exterior de Washington y, al mismo tiempo, concedieran lucrativos contratos a empresas norteamericanas. Existe una gran variedad de libros denunciando las tropelías de los intereses norteamericanos en América latina, Asia y Africa, y toda suerte de teorías conspirativas; lo que distingue a "Confesiones de un asesino económico" , el libro de Perkins que desde hace doce semanas ocupa uno de los primeros lugares en la lista de best sellers, es que se trata, por primera vez, del testimonio personal de uno de estos agentes.
El término "asesino económico" no es un neologismo inventado por el autor; es, según explica, como se apoda en el ambiente de la inteligencia a estos operadores, quienes, cual siniestros prestamistas, convencen a gobiernos de países subdesarrollados de que tomen préstamos por miles de millones de dólares que saben de antemano que no podrán pagar, para luego asumir el control del país y de su economía por medio de sus secuaces en el Banco Mundial y el FMI. Perkins describe lo que, afirma, ocurrió una semana después de que Lucio Gutiérrez ganara las elecciones en Ecuador, el 24 de noviembre de 2002: "Uno de estos asesinos económicos entró en su oficina y le dijo: «Felicitaciones, señor presidente. Quiero que sepa que tengo aquí, en mi poder, un par de cientos de millones de dólares para usted y su familia, si acepta cooperar con el Tío Sam y nuestras compañías petroleras; tengo también ahí afuera a un hombre con un revólver y una bala con su nombre»". Dos meses después, con la supervisión del FMI, Gutiérrez puso en marcha un drástico programa de austeridad, aumentó un 35% el precio de los combustibles y congeló los salarios. Dos años más tarde era derrocado por un movimiento popular.
La historia que cuenta Perkins tiene todos los ribetes de una novela de Le Carré -asesinatos, complots, sexo, prostitución y corrupción-, sólo que los nombres, las fechas y las referencias son verdaderas. Hay empresas llamadas Halliburton y Bechtel y personajes como George Schultz y Robert McNamara. Desde el asesinato de Mossadegh en Irán, en 1967, hasta las muertes de Jaime Roldós, de Ecuador, y Omar Torrijos, de Panamá, en 1981, Perkins ve la mano inexorable de la CIA, deshaciéndose de todos aquellos que interfieren con las utilidades de la "corporatocracia", como el autor la ha bautizado.
Perkins publicó su libro en 2004, en una editorial poco conocida. Fue recibido con poco interés por la crítica. Se lo acusó de poco creíble y paranoico, se dijo que estaba pobremente escrito y que muchas de sus afirmaciones eran difíciles de comprobar. En marzo último, el presidente de la editorial salió al cruce de las insinuaciones, defendió la veracidad del relato de Perkins y aportó documentos probatorios.
Pero en enero, el libro apareció en edición de bolsillo, esta vez publicado por una editorial poderosa como el grupo Penguin y las antiguas objeciones comenzaron a disolverse. Perkins fue entrevistado en algunos de los principales programas de TV y, como legitimación final, The New York Times le dedicó la tapa de su suplemento económico. El problema con los arrepentidos como Perkins es que se tiende a dudar tanto de su testimonio como de la sinceridad de su conversión. Cuando dejó de trabajar para la NSA, Perkins fundó una compañía de energía alternativa, que luego vendió holgadamente para dedicarse a los movimientos ambientalistas, las culturas indígenas del Amazonas, el chamanismo y la ecología. Pero aun cuando su metamorfosis política y espiritual sea sospechosa, su testimonio invita a mirar las cosas que suceden en el mundo y muchas de las que nos afectan personalmente con una mirada menos cándida.
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