Autorizan la eutanasia en Gran Bretaña
Una mujer parapléjica, pero en uso de sus facultades mentales, tendrá derecho a "morir con dignidad"
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LONDRES.- Una mujer británica inmovilizada desde el cuello hasta los pies obtuvo ayer el derecho a morir "pacíficamente y con dignidad", en un caso que marca un hito legal y que reavivó en el Reino Unido la controversia en torno de la eutanasia.
La trabajadora social, de 43 años, cuyo nombre no ha sido revelado por razones legales y a la que se llama Miss B., conoció la decisión desde la cama del hospital donde se encuentra, a través de una grabación de video.
La jueza del Alto Tribunal, Elizabeth Butler-Sloss, claramente motivada por un fallo de vida o muerte en uno de los más dramáticos casos llevados a una corte británica, elogió el "el gran valor, fuerza de voluntad y determinación que la mujer ha demostrado en el último año".
La jueza dijo que la mujer tiene ahora "derecho a un tratamiento apropiado, incluyendo drogas para aliviarle el dolor y el cuidado para mitigar el sufrimiento y permitir que su vida llegue a su fin pacíficamente y con dignidad". El hospital aseguró que no apelará la decisión.
Llegada a Gran Bretaña a los 8 años desde Jamaica, la mujer logró estudiar y trabajó durante años en hospitales con cargos de responsabilidad.
Una rotura de un vaso sanguíneo del cuello ocurrida hace un año dejó a Miss B. paralítica e incapaz de respirar por sí sola. Los médicos del hospital donde está internada habían dicho que era contrario a su ética profesional desenchufar las máquinas que la mujer necesita para vivir.
Plenas facultades
Es la primera vez en el Reino Unido que alguien considerado en plenas facultades mentales ha pedido a los médicos que le ayuden a poner fin a su vida por esta vía. En otros casos, los médicos han pedido a los tribunales que sancionen este tipo de prácticas en personas en estado vegetativo permanente.
La magistrada Butler-Sloss decretó que la mujer tenía la capacidad mental necesaria para pedir que se desconecta la máquina que la mantiene viva y agregó que para alguien tan gravemente discapacitada como la paciente "la vida en esas condiciones puede ser peor que la muerte".
"La administración de ventilación por vía artificial en contra de los deseos de los demandantes ha sido desde el 8 de agosto de 2001 una medida ilegal", dijo la jueza en su histórica sentencia.
El fallo se produjo después del creciente clamor por parte de diferentes pacientes de hacer primar sus derechos -por encima de la ley y de los derechos de los médicos- y decidir por sí mismos cuándo quieren morir.
Pero mientras los partidarios del derecho a morir celebran este fallo como una victoria que abre una brecha a futuros casos desesperados, quienes se oponen consideran que la decisión judicial envía un mensaje erróneo y peligroso.
Los médicos sostienen que no sería ético desconectar el dispositivo, pero este caso es diferente del de las personas que desean ayuda para suicidarse, ya que la paciente Miss B. sólo desea poner fin al tratamiento médico que la mantiene viva, pero no ha pedido a nadie que tome medidas para matarla.
La decisión se produce la misma semana en que Diane Pretty, una mujer cuadripléjica que defiende el derecho legal para que su marido la ayude a morir, decidió llevar su caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Los tribunales británicos ya habían descartado garantizar inmunidad al marido de Pretty si ésta seguía adelante con sus deseos de morir asistida por él. Pretty, de 43 años y madre de dos hijos, sufre una enfermedad muscular progresiva.
Pocos antecedentes
2002: Holanda se convierte en el primer país en legalizar formalmente la eutanasia.
2001: la asociación de médicos de Corea del Sur permitió a los profesionales detener el tratamiento de pacientes incurables, si ellos o sus familiares lo solicitan.
2000: la británica Heather Pratten ayudó a morir a su hijo Nigel y fue condenada, pero quedó en libertad por motivos humanitarios. Nigel sufría un mal cerebral degenerativo y murió por sobredosis de heroína.
1997: un médico holandés ayudó a morir a una paciente terminal de 84 años, pero como ella no había pedido la eutanasia, el doctor fue condenado por homicidio.

