
Banderas argentinas frente al Vaticano
Estaban entre las más numerosas
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ROMA (De una enviada especial).- Madrugaron, compraron la bandera, y llegaron con ella a los primeros lugares en la plaza de San Pedro con una sola idea: que en todo el mundo se viera que la Argentina estaba con el Papa.
Cinco banderas celestes y blancas se contaron ayer en la explanada vaticana, en el primer día sin Karol Wojtyla. Junto con las polacas, españolas y mexicanas, estuvieron entre las más numerosas en la cita donde la tristeza se doblegó, justamente, a fuerza de solidaridad. Y, junto con ellas, decenas de camisetas y pañuelos del mismo color. Todos, con el mismo intento de aglutinar a los compatriotas dispersos durante el oficio.
A la izquierda de la entrada a la basílica, y casi a la altura del altar exterior, Diana Domínguez, una enfermera de 34 años que trabaja en el hospital Bambino Gesú, ocupó la primera posición.
Emocionada, explicó por qué: "Llegué a las seis de la mañana. Quería que la Bandera se viera aquí, en el adiós a una de las figuras más importantes de nuestra historia".
Un poco más atrás venía Elsa Pérez Lindo y, con ella, las hermanas Rocío, Violeta y Jazmín Fontana. "Somos nietas de Hugo del Carril; él nos enseñó a querer a la Bandera. La llevamos a cada hecho importante que nos toca vivir. Este, por supuesto, es uno de ellos. Es una forma de compartir con quienes no puedan estar aquí", dijeron.
Gabriela y Gianni, quienes hace tres años, antes de emigrar a Italia, vivían cerca del santuario de San Nicolás, no dejaron pasar un minuto. "Estamos en la plaza desde el viernes, apenas supimos del empeoramiento de la salud del Papa."
A su lado, Daniel y Nancy Crocitta, quienes se acercaron para seguir la ceremonia bajo el mismo paño. A pocos metros, pero alejado por la multitud, Santiago Alvarez Forn y Lucila exhiben la cuarta bandera, mientras hablan de la humanidad del Papa. "Una persona difícil de olvidar", dicen.
Con el aliento cortado llegaron luego, Ana de Luca y María Cistera, madre e hija, respectivamente. "Sentimos un enorme dolor por la muerte de este hombre santo. Y vine con la Bandera porque, cuando uno está fuera y en situaciones como éstas, de algún modo se trata de representar."
En medio, sin insignia pero con camiseta celeste y blanca, estaba Alberto, quien trabaja como empleado en el restaurante argentino Café Corrientes, en las afueras de la ciudad.
"Juan Pablo fue una de las figuras más grandes del cristianismo y, pese a que todos un poco esperábamos ya su muerte, ocurrió como con los seres entrañables: cuando llega, es un dolor muy profundo, una sensación de vacío difícil de explicar", dijo.
Rojas y blancas, las banderas que revelan peregrinos polacos fueron las más solicitadas por las cadenas internacionales. Pero las de los países de América latina fueron, de lejos, las más activas. Cuando todo terminó, se juntaron insignias de México, de la Argentina, de Chile y de Perú. Juntos, quienes se aferraron a ellas corearon lo de tantas veces: "Juan Pablo, segundo, te quiere todo el mundo".





