
Botero y la violencia en Colombia
Por primera vez, el pintor retrató la convulsionada realidad que vive su país.
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"Uno quisiera terminar su vida donde nació -dijo recientemente el pintor y escultor colombiano Fernando Botero (68) a la Associated Press (AP) desde su estudio en Pietra Santa, Italia-. Por ahí en una finquita en Antioquia, pintando acuarelitas."
Pero hasta los sueños del pintor latinoamericano vivo más famoso se enfrentan a un gran obstáculo: la violencia guerrillera que azota desde hace décadas su país. Es esa violencia que ahora, por primera vez, Botero -como todo verdadero artista comprometido con su tiempo- se ha animado a plasmar en sus cuadros.
En plena selva, con traje de fajina, fusil en mano y su tradicional toalla roja al hombro; así decidió representar Botero a su compatriota, el jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas), Pedro Antonio Marín, más conocido como Manuel Marulanda Vélez, o simplemente Tirofijo.
Se trata de una de las cinco nuevas obras de este pintor nacido en Medellín (departamento de Antioquia) en 1932 que serán expuestas a partir de octubre en el edificio Donación Botero del Banco de la República, en Bogotá, y que la Revista Diners, de Colombia, presentó en sociedad la semana última.
"Tirofijo es un personaje de gran importancia, que merece ser tratado en la pintura", dijo a la AP sobre su cuadro, en el que el líder guerrillero aparece retratado en el instantáneamente reconocible estilo de Botero, de grandes volúmenes rollizos, que le dan a la imagen presencia y realidad.
Fama internacional
Tras estudiar en Florencia y Madrid y pasar largas temporadas en Nueva York y París, donde ganó fama internacional, Botero se ha instalado desde hace unos años en la Toscana italiana, desde donde sigue atentamente el horror de la violencia que sufre su país.
"Es normal que un artista registre esa angustia que se vive en Colombia. Es parte de un testimonio que uno tiene que dejar por algo por lo que uno siente espanto, repulsión", agregó en la entrevista a la AP Botero, que tiene tres hijos y numerosos nietos.
De la misma manera, y apartándose de su tradicional serenidad, una de las inéditas pinturas refleja la atroz matanza de Mejor Esquina, ocurrida el 3 de abril de 1988, cuando nueve hombres y una mujer armados hasta los dientes irrumpieron en una fiesta de campesinos y asesinaron a 28 personas que bailaban fandango.
El tercero de los cuadros, "Carrobomba", con un estilo más expresionista, representa uno de los métodos más comunes que ha utilizado la guerrilla para cometer sus atentados en centros urbanos: el coche bomba.
El propio Botero fue víctima de un atentado terrorista cuando una de sus esculturas, "La paloma de la paz", fue destruida por una carga explosiva.
Por lo tanto, no se trata de pinturas que hagan una apología de la violencia, sino todo lo contrario.
En otra de las pinturas, "Guerrilleros", el artista prefirió imaginar a los rebeldes en una escena apacible, durmiendo la siesta en hamacas.
Finalmente, en el lienzo titulado "Esmeralderos", el pintor antioqueño ilustró los riesgos de los buscadores de esmeraldas, que en el cuadro son sobrevolados por buitres negros que anuncian una muerte por ocurrir.
Esperanza
Pese a su visión artística patética sobre la violencia que golpea el país, Botero aún es optimista sobre el proceso de paz que conduce actualmente el presidente Andrés Pastrana con las FARC.
Y señaló: "Todos estamos pendientes de que haya paz en Colombia, de que vuelva a haber prosperidad, que haya justicia social, que el país siga adelante".
Fernando Botero es un artista al que que millones de personas en el mundo admiran por sus pinturas y esculturas, esparcidas por varios lugares del planeta. Una de ellas, "Torso masculino", se encuentra en el Parque Thays de la ciudad de Buenos Aires.
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