
Brasil estuvo a punto de tener la bomba atómica
Lo afirmó un ex funcionario; la comisión de energía lo niega
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SAN PABLO.– Una bomba atómica de poder similar al de las de Hiroshima y Nagasaki estuvo a punto de ser construida en Brasil a comienzos de la década del 90 con la supervisión de las fuerzas armadas. Así lo afirmó anteanoche un ex funcionario del área en un programa de TV, aunque la información fue desmentida ayer por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEN).
La revelación fue hecha por el científico nuclear José Luiz Santana, que presidió la CNEN en el comienzo del gobierno de Fernando Collor de Mello (1990-1992).
Según dijo Santana en el programa “Fantástico”, de la TV Globo, sus colaboradores encontraron, además de uranio –elemento fundamental para la bomba–, un detonador y algunas piezas, como una esfera, para la construcción del explosivo nuclear. Al descubrir el proyecto, Santana inició un proceso para desactivarlo.
Después de tomar la decisión de cancelar el plan conducido por la marina para construir la bomba atómica, Santana sufrió tres atentados y tuvo que recibir protección policial.
Ayer, sin embargo, la CNEN refutó las afirmaciones de Santana. "No existen documentos en los archivos institucionales o información que las pruebe", indicó en un comunicado. Destacó, además, que todo el material nuclear brasileño está almacenado con el conocimiento de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Las declaraciones de Santana tuvieron lugar dos semanas después de que el ex presidente José Sarney (1985-1990) revelara en el mismo programa de televisión que en 1986 supo que las fuerzas armadas estaban preparando un pozo en el norte del país para realizar una explosión nuclear de prueba. "Descubrimos que ellos [los militares] querían hacer una prueba con una bomba atómica", contó Sarney. Apenas tuvo conocimiento del hecho, dijo el ex mandatario, ordenó inmediatamente tapar el pozo y detener los experimentos.
De ser cierta, la revelación de Santana probaría que las fuerzas armadas no obedecieron la orden del primer presidente civil tras el fin de la dictadura militar. Y que, además, violaron la Constitución brasileña, que en su reforma de 1988 estableció la prohibición absoluta de todo desarrollo nuclear que no fuera para fines pacíficos.
Según Santana, una parte del uranio que iba a ser utilizado como combustible para la bomba estuvo guardada durante un tiempo en un container que estaba en el campus de la Universidad de San Pablo, en la zona oeste de la ciudad, en el área de investigación física y nuclear, posiblemente. "Asumí en abril de 1990, pero recién en agosto la CNEN logró poner el container bajo su control", dijo.
El uranio había llegado a Brasil enviado por un país con el que Brasilia tenía acuerdos de cooperación nuclear secretos -Santana prefirió no revelar de qué país se trataba-. Actualmente Brasil, que tiene la sexta reserva natural de uranio del mundo, puede enriquecer el material por su cuenta.
Sectores nacionalistas de las fuerzas armadas mantenían todo el proyecto bajo estricto secreto y no fue fácil desarmarlo, contó Santana. Según él, habían sido creados más de 50 equipos diferentes de técnicos y científicos que trabajaban en células. "Es probable que una parte de los técnicos involucrados ni supiera que estaba fabricando una bomba", graficó.
"Como las de Japón", dijo Santana cuando el periodista de la TV Globo le preguntó cuál sería el poder explosivo de la bomba.
Los sectores de inteligencia de comienzos del gobierno de Collor de Mello, que habían pasado indemnes por los cinco años del gobierno de Sarney, más ocupado en la democratización del país y los planes económicos fallidos, tenían información sobre el proyecto nuclear desarrollado por la marina.
Según el ex presidente de la Secretaría de Asuntos Estratégicos, Pedro Paulo Leoni Ramos, apenas asumió vio salir una camioneta del Servicio Nacional de Informaciones (SNI, la agencia de inteligencia de aquel momento). La hizo interceptar y descubrió que entre los papeles secretos que se estaban retirando estaba la documentación sobre el proyecto de la bomba atómica.
En noviembre de 2003, el primer año del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, causó sorpresa mundial la revelación de que Brasil ya estaba preparándose para enriquecer uranio. El entonces ministro de Ciencia y Tecnología, Roberto Amaral, había dicho a LA NACION: "Brasil tiene la mayor reserva de uranio del mundo. En lugar de enriquecerlo en Canadá, lo comenzaremos a enriquecer aquí. Si uno es responsable o si ese material va a caer en manos de terroristas, no son cosas que se le preguntan a Canadá, por ejemplo. Se les pregunta a los sudamericanos. ¿Por qué?".
Presión de Clinton
En su serie con ex presidentes para conocer secretos o datos desconocidos de sus mandatos, la TV Globo emitió también anteayer el capítulo con Fernando Henrique Cardoso (1994-2002). Según contó, el ex presidente norteamericano Bill Clinton le habría insinuado que pretendía una participación militar de Brasil en la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla en Colombia.
"El presidente Clinton quería que Brasil tuviera un papel más activo en Colombia, lo que significa tener presencia militar", interpretó Cardoso. Cuando el periodista le preguntó si efectivamente ése había sido el pedido de Clinton, Cardoso respondió: "El no me dijo eso. El me dijo «Brasil podría tener un poco más de preocupación [por Colombia]». Y nosotros teníamos una posición más retraída en ese tema, menos intervencionista".
Según Cardoso, "Estados Unidos quería un comando único de represión de las drogas, pero Brasil no quería eso. Nosotros queríamos tener nuestra propia política".
De hecho, la diplomacia brasileña siempre indicó públicamente que no participaría en conflictos ajenos e incluso criticaba la presencia norteamericana en la región.
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