Brasil: ¿Líder indiscutido de la región?
Rodrigo Mallea Especial para lanacion.com
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Nadie discute que tenga las condiciones para serlo: es el país más grande de Latinoamérica en términos de superficie, población y PBI. Como si esto fuera poco, Lula da Silva -en su séptimo y anteúltimo año de gobierno- es el presidente más popular de América, superando incluso al estadounidense Barack Obama.
Sin embargo, en Brasil algunos analistas evitan hablar de liderazgo: "Todavía es demasiado temprano para hablar en estos términos, pero sí puede decirse que está en un proceso de expansión" asegura Miriam Saraiva, directora del posgrado de Relaciones Internacionales de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.
En el mismo sentido, Daniel Castelán, investigador del Instituto Universitario de Pesquisa de Río de Janeiro, recuerda que "en ciertas situaciones sensibles, como su candidatura al asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, o la última elección para el Director General de la OMC, en la que Brasil presentó la candidatura del embajador Seixas Correa, no fue acompañado por sus pares".
El precio del liderazgo. Para Rosendo Fraga no hay dudas de que Brasil tenga la vocación de liderazgo regional, pero sostiene que "habría que preguntarse si está dispuesto a pagar los costos políticos, económicos y militares que esto implica".
En esta materia, Saraiva cree que "hubo un salto cualitativo que hasta entonces pocos mandatarios estaban dispuestos a realizar, algo que hoy se puede observar en los proyectos que financia el Banco de Desarrollo de Brasil en América del Sur".
Las inversiones que Brasil realiza en la región a través del Bndes, actúan, en la visión de Castelán, como "un instrumento de la política exterior brasileña en la medida que contribuyen a paliar crisis políticas".
Sin embargo, esta herramienta no siempre rindió sus frutos: a fines del año pasado, el mandatario de Ecuador, Rafael Correa, expulsó del país a la constructora brasileña Odebrecht -que construyó la represa hidroeléctrica San Francisco con créditos del Bndes- dejó de pagar la deuda que contrajo con Brasil, alegando "graves fallas" en su funcionamiento.
Más reciente fue el ofrecimiento de Brasil de financiar proyectos en Paraguay mediante inversiones del Bndes a cambio de que modere sus reclamos sobre la represa binacional de Itaipú –cuya deuda Paraguay considera ilegítima–, lo que fue calificado como un "chiste de mal gusto" por parte del negociador paraguayo. Hoy Paraguay amenaza con llevar el reclamo a la Corte Internacional de Justicia.
El rol de Brasil frente a Venezuela. A los recientes roces diplomáticos con Paraguay y Ecuador, las autoridades brasileñas aún no olvidan la drástica nacionalización del gas boliviano en mayo de 2006, que afectó a las inversiones de la estatal petrolera brasileña (Petrobras) como a la importación del principal recurso natural de Bolivia. Todos estos países tienen una característica común: están alineados políticamente al gobierno de Venezuela que preside Hugo Chávez.
¿Qué papel juega, entonces, Venezuela, en la búsqueda del liderazgo brasileño? Castelán estima que no hay una contradicción de intereses, considerando que "el gobierno de Lula siente una gran admiración por las reformas que se están llevando a cabo en Venezuela, y es un defensor de su integración en el Mercosur", pero Saraiva cree que "hay visiones muy diferentes".
Según su perspectiva, "El ALBA (Alternativa Latinoamericana Bolivariana para las Américas) es un proyecto de cooperación centrado en lo político-estratégico más que en lo económico, y actúa en el área de América Central y el Caribe; regiones que hoy son más distantes a Brasil. Hoy la prioridad de la diplomacia brasileña se encuentra en América del Sur, aunque eso no implica que su diplomacia dejará de contornar al ALBA con su pragmatismo".
Fraga, por su parte, opina que Brasil "se caracteriza por una política exterior sumamente flexible y poco dispuesta a la confrontación, donde los proyectos en conjunto con Venezuela como la constitución del Banco del Sur, el Gasoducto del Sur, o su ingreso en el Mercosur serán siempre bienvenidos por Brasil, pero su materialización, por algún u otro motivo, siempre distarán del corto plazo".
El papel de la Argentina. Los investigadores consultados coinciden en que la Argentina es, desde fines de la década del 80, el principal socio de Brasil en la región, explicado por la interdependencia que generó la constitución del Mercosur. No obstante, las divergencias con su socio del Sur no son menores.
Saraiva observa que: "El peso de los dos países en el escenario regional es diferente, y no está claro el rol que cada país debe ocupar en esta relación", a lo que Fraga contribuye a explicar: "En 1910, Argentina era dos veces el PBI de Brasil, mientras que hoy Brasil es cuatro veces el PBI argentino, pero los impulsos históricos de la Argentina llevan a que hoy continúe actuando como una potencia latinoamericana cuando las condiciones de ambos países cambiaron drásticamente."
Algunas de las diferencias entre ambos países pueden verse, según Castelán, "en el caso de la reforma del Consejo de Seguridad o en la forma en que se abordó el G20", añadiendo a su vez que "en la última cumbre de la OMC Argentina se mostró más preocupada que Brasil en defender su industria, de esta forma, hay algunas cuestiones en que los intereses no son necesariamente convergentes".
Las diferencias sobre cómo abordar la crisis estuvieron latentes en la reciente visita de Lula en la Argentina, en la que reclamó una mayor liberalización del comercio mientras que el gobierno de Cristina Kirchner abogó por medidas proteccionistas.
Brasil: ¿Interlocutor entre Latinoamérica y EE.UU.?. Respecto la posibilidad de que Brasil se transforme en un interlocutor entre Estados Unidos y Latinoamérica, los analistas brasileños creen que esta idea es poco realista, por lo menos, en el corto plazo.
Según Castelán, "los gobiernos que se encuentran más a la izquierda en América del Sur no quieren ser liderados por Brasil", en una clara referencia a Bolivia, Ecuador, Paraguay y Venezuela.
En este contexto, "Brasil sabe que una aproximación significativa a los EE.UU. puede perjudicar su posición con esos países", lo que motiva, según el investigador, que Brasil "busque proyectos estrictamente regionales, como el Consejo de Defensa de la Unasur, o la inclusión de Venezuela en el Mercosur ".
Por su parte, Saraiva cree que "una potencia regional en ascenso difícilmente actúe como intermediaria de una potencia hegemónica", estimando a su vez que "los intereses con EE.UU. a largo plazo de ambos países no son los mismos".
Para Castelán, otro factor que impide un claro acercamiento entre Brasil y la primera potencia mundial debe buscarse en el pensamiento del Secretario General de Itamaraty, Samuel Pinheiro Guimaraes (segundo en la jerarquía de la Cancillería brasileña) quien tiene una visión de que "los intereses de EE.UU. son, la gran mayoría de las veces, contrarios al bienestar de la periferia del sistema capitalista, independientemente de quien ocupe la Casa Blanca", en un pensamiento que según él cuenta con "no pocos adeptos en los formuladores de la política exterior brasileña".
No obstante, ambos investigadores coinciden en que la cooperación pueda surgir a partir de situaciones puntuales de la agenda de los EE.UU. con algún país latinoamericano. Para ellos, es probable que acudan a Brasil en primera instancia, para que juegue un rol de intermediario entre ambos, tal como sucede con Cuba y Venezuela en algunos aspectos.
Si bien el debate sobre el rol de Brasil en la región se encuentra lejos de una clara conclusión, pocos discuten su clara vocación de liderazgo en el plano regional y mundial.
* El autor es politólogo, analista de Brasil
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