
Bush, el líder que hizo de la lucha contra el terrorismo su bandera
Su gestión dividió a EE.UU. y al mundo
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WASHINGTON.- Parado entre los escombros humeantes de las Torres Gemelas 48 horas después del ataque terrorista al corazón de la superpotencia mundial, George W. Bush encontró la verdadera misión de su presidencia. Ese día asumió el liderazgo de una nación aturdida por el golpe y puso en marcha una gestión que será recordada como una de las que más profundamente dividieron a Estados Unidos y cambiaron los paradigmas de las relaciones internacionales.
"En nuestro dolor y cólera, hemos encontrado nuestra misión y nuestro momento", dijo ese día Bush en su mensaje a la nación.
Bush, que entró a la Casa Blanca por la ventana después de que la Corte Suprema detuvo el recuento de votos en Florida otorgándole el triunfo en medio de un escándalo, unificó al país detrás de su liderazgo tras los atentados y lanzó una cruzada contra el terrorismo con el respaldo total del país.
Según Karen Hughes, la principal asesora de Bush y una de las responsables de su triunfo electoral, el 13 de septiembre de 2001, casi ocho meses después de haber asumido la presidencia, "Estados Unidos vio al George W. Bush que nosotros conocemos".
El líder republicano, de 58 años, le ganó la presidencia al demócrata Al Gore en el 2000, prometiendo ser un "unificador y no un divisor" después del profundo enfrentamiento que se vivió en el país a fines de los 90 por el escándalo de Bill Clinton con la pasante Monica Lewinsky, que casi le costó la presidencia.
Pero lejos de ello, el camino que emprendió Bush después de los atentados terroristas del 11 de septiembre lo llevó a provocar una tremenda brecha entre quienes confían ciegamente en él y quienes rechazan abiertamente su política, después de sentirse defraudados por la estrategia que adoptó para avanzar hacia la guerra en Irak.
El líder republicano llegó a Washington con una historia de gobernador exitoso en Texas (1994-2000), donde puso en práctica una política de seducción y comprensión hacia la oposición demócrata, que le permitió ejercer el poder con un amplio respaldo y por medio de acuerdos políticos que borraban las diferencias ideológicas y partidarias.
Sin embargo, esa característica se fue diluyendo a medida que avanzaba su administración en esta capital, dando paso a lo que fue otro sello de su gestión: la incapacidad de admitir errores.
Integrante de una familia de la aristocracia norteamericana, Bush es el primer hijo de un mandatario en llegar a ser presidente desde que John Quincy Adams (1825-1829) repitió el camino de su padre, John Adams (1797-1801). Su abuelo Prescott Bush fue senador; su padre, George Bush, fue vicepresidente de Ronald Reagan y presidente (1989-1993), y su hermano Jeb es el actual gobernador de Florida.
Pero no fue hasta su llegada a la gobernación de Texas que comenzó a romper con un pasado por el cual se lo consideraba la oveja negra de una familia distinguida. Durante la Guerra de Vietnam, como tantos hijos de las familias de la aristocracia, estuvo enrolado en la Guardia Nacional en Texas, pero nunca lo enviaron al frente. Fue piloto de aviones de combate, pero sus misiones fueron fronteras adentro e incluso hay una enorme controversia por supuestos beneficios que recibió en esos años.
Fue en Texas donde conoció a Laura Bush, una bibliotecaria y maestra, con la que tuvo hijas mellizas, Barbara y Jenna, que han tenido una participación activa en la campaña electoral. Bush intentó emular el camino de empresario exitoso de su padre y fundó una compañía petrolera, que quebró al poco tiempo mientras él se hundía en una rutina dominada por el alcohol.
Cuando tenía 40 años su esposa lo conminó a abandonar la bebida o dejar la casa. Con su ayuda y con la de la Iglesia Metodista, el joven Bush inició una batalla para salir del alcohol, en la que le dio un fuerte respaldo su amigo de toda la vida Donald Evans, su actual secretario de Comercio.
Fue un camino hacia la fe religiosa que abrazó con pasión, que desde ese momento dominó sus actos y que ha dejado marcas indelebles en su paso por la Casa Blanca. Desde esa fe proclamó la idea del conservadurismo compasivo, que marcó el camino de su gobierno, tanto para lanzar la "cruzada contra el terrorismo", como era llamada la operación que alumbró después de los ataques terroristas, como para oponerse al derecho del aborto o al matrimonio entre homosexuales.
Bush justificó la guerra contra el terrorismo y la extensión del conflicto a Irak en términos de la lucha del bien contra el mal, y acuñó el término "eje del mal" para identificar a los enemigos de Estados Unidos. Su síntesis fue "están con nosotros o están en contra nuestra" y no detuvo su marcha para invadir Irak y derrocar a Saddam.
Bush está convencido de que tiene una misión que cumplir en el mundo: llevar la libertad y la democracia hacia donde se oculta el germen del terrorismo islámico, enemigo de Estados Unidos. Esta fue la marca de su gobierno, cuya continuidad estará en juego hoy.
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