
Bush otorgó más poderes a la CIA para derrocar a Saddam Hussein
Los servicios secretos de EE.UU. fueron autorizados a capturar e incluso asesinar al presidente iraquí
1 minuto de lectura'
WASHINGTON.- El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, otorgó más poderes a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para derrocar a Saddam Hussein, a través de operaciones encubiertas que incluyen la licencia para capturar o asesinar al presidente de Irak. A pesar de contar con la firme oposición de los aliados occidentales de Estados Unidos, el plan del mandatario recibió ayer el apoyo de congresistas tanto republicanos como demócratas.
Bush autorizó el "programa encubierto y de amplio alcance" a principios de año y el gobierno ya lleva gastados "decenas de millones de dólares" en desarrollar el plan, según reveló ayer The Washington Post, en una nota del conocido periodista Bob Woodward.
"Agentes de la CIA y unidades de las fuerzas especiales similares a las empleadas en Afganistán después del 11 de septiembre podrán ser usados en Irak. Están autorizados a matar a Saddam si se encuentran en la necesidad de defenderse", dijo un funcionario del gobierno de Bush a The Washington Post.
Ejes del plan
Desde el 11 de septiembre Bush ha declarado abiertamente su deseo de remover, por la fuerza militar si es necesario, a Saddam, a quien acusa de respaldar el terrorismo contra Estados Unidos y de desarrollar armas de destrucción masiva. Pero ofreció muy pocos detalles sobre cómo se realizaría esta operación.
"La maldad es la maldad, y lucharemos contra ella con todas nuestras fuerzas", se limitó a decir Bush en una aparente alusión a Saddam.
Según las fuentes citadas por The Washington Post, el líder de Bagdad debe dejar el poder "vivo o muerto".
El plan anti-Saddam de Bush se basaría en tres elementos principales:
- Mayor apoyo a grupos de oposición iraquíes y fuerzas dentro y fuera de Irak, incluyendo dinero, armas, equipos, entrenamiento e información de inteligencia.
- Posible uso de equipos de fuerzas especiales de la CIA y de Estados Unidos. Estas fuerzas estarían autorizadas a matar al presidente iraquí si actuaran en defensa propia.
- Esfuerzos ampliados para recabar inteligencia dentro del gobierno, ejército, servicios de seguridad y población iraquí en general, donde se han detectado focos de intenso sentimiento anti-Saddam.
La última orden fue dada especialmente por el propio presidente para saber "cuál es la verdad sobre el terreno", según aseguró una fuente a The Washington Post.
Otro funcionario añadió que el plan "no es necesariamente la solución a todos los problemas, pero quizá seamos afortunados".
Pero Washington corre el riesgo de no ser tan "afortunado" como planea. El propio director de la CIA, George Tenet, advirtió a Bush, según fuentes anónimas, que la operación encubierta tendría escasas posibilidades de lograr la meta -entre un 10 y un 20 por ciento de posibilidades de éxito- si no va acompañada de un esfuerzo diplomático, militar y económico.
Para The Washington Post, la operación de la CIA sería un paso "preparatorio" para una eventual campaña militar, de manera que la agencia pueda recabar más información sobre posibles blancos en Irak y preparar el camino para un gobierno alternativo, una vez derrocado Saddam Hussein, indicó el diario.
Entre las opciones que maneja el Pentágono figura una invasión militar en Irak, posiblemente para el próximo año, con al menos 200.000 soldados. Los aliados árabes y europeos en la guerra liderada por Estados Unidos contra el terrorismo se han mostrado generalmente contrarios a una acción militar de Estados Unidos en Irak. Sin embargo, aunque con algunas reservas, tanto el líder demócrata en la Cámara de Representantes, Richard Gephardt, como su par en el Senado, el también demócrata Tom Daschle, apoyaron la idea de derrocar a Saddam Hussein
"Fuimos consultados y estamos de acuerdo con que Saddam debe irse. El problema, sin embargo, es cuándo y cómo", dijo ayer Daschle.
Por su parte, el senador republicano John McCain también llamó a Estados Unidos "a prepararse para hacer todo lo necesario para provocar el cambio de régimen" en Irak, pero expresó ciertas dudas: "No sé si podremos lograrlo", dijo.
Irak y la nueva doctrina de prevención:
Para EE.UU., Saddam es el caso emblemático de su nueva doctrina de prevención del terrorismo. Su eliminación no sólo representaría deshacerse de una espina en la política exterior norteamericana desde 1991, sino también de la amenaza de sus supuestas armas de destrucción masiva.
Escenario 1:
La diplomacia de las sanciones
Estados Unidos podría optar por mantener la presión diplomática sobre Bagdad, es decir, intensificar las sanciones y su aislamiento.
Efectos:
Como se demostró en los últimos 10 años, las sanciones de la ONU no sirvieron para debilitar a Saddam y, menos aún, para derrocarlo. Más bien sirvieron para que el pueblo sufriera de desabastecimiento de medicinas y alimentos. Intensificarlas, entonces, no aseguraría su caída.
Escenario 2:
Operación Alianza del Norte
Para derrocar a Saddam, EE.UU. analizaría también el enfoque “Alianza del Norte”, una táctica similar a la usada en Afganistán, donde se reforzó a la oposición. De esta manera, con operaciones encubiertas, la CIA no sólo desestabilizaría el gobierno, sino que apoyaría a los grupos de oposición, aunque la Casa Blanca no confía demasiado en el principal, el Congreso Nacional Iraquí.
Efectos:
Con el apoyo a la disidencia iraquí, Estados Unidos busca provocar un golpe de Estado –en lo posible cívico-militar– con apoyo popular por cuenta propia y secundado por acciones aéreas norteamericanas. Pero las divisiones internas de la oposición poco le garantizan a Washington el éxito del plan, que de fracasar públicamente no haría más que elevar la popularidad interna de Saddam.
Escenario 3:
La guerra total
La opción más arriesgada de Washington, pero también con mayor garantía de éxito, es emprender públicamente una guerra contra Saddam para forzar el cambio de régimen. Semejante operación implicaría destinar al menos 200.000 efectivos y cientos de aviones a la guerra. Además, la Casa Blanca estaría obligada a negociar el permiso de las naciones de la región para usar sus bases.
Efectos:
Esta estrategia es la que garantiza mayor éxito a Estados Unidos, a pesar de su costo. Sin embargo, los países occidentales ya advirtieron que se oponen a una guerra contra Irak y se abriría una nueva brecha entre la Casa Blanca y sus aliados; así, se profundizarían el unilateralismo de Washington y el unipolarismo del mundo.

