
Bush triunfó en Florida, pero aún no es presidente
Gore apelará el resultado ante la Corte
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WASHINGTON.- El momento más esperado por el candidato republicano, George W. Bush, se produjo anoche cuando Florida certificó el resultado que lo consagra como el ganador de los 25 electores que tienen las llaves de la Casa Blanca.
Aunque enfrentará nuevos desafíos legales del vicepresidente Al Gore, que no parece dispuesto a aceptar una derrota, Bush se presentó ante la opinión pública como el presidente electo.
En un discurso de siete minutos, el republicano hizo (al cierre de esta edición) un llamado a Gore para que desista de todo nuevo desafío legal y, de hecho, se comportó como si la disputa fuera un capítulo cerrado.
"Voy a trabajar para unir a nuestro país", prometió Bush, que habló de sus planes de gobierno y dijo que su compañero de fórmula, Dick Cheney, empezará hoy a coordinar la transición con la administración Clinton.
La secretaria de Estado de Florida, Katherine Harris, certificó anoche con su firma el resultado oficial de las elecciones en su Estado: Bush ganó por una diferencia de 537 votos sobre un total de 6 millones de sufragios escrutados. El anuncio fue hecho en una sala colmada por periodistas en un domingo muy inusual para la historia política de los Estados Unidos.
A partir de allí, el tono del gobernador de Texas cambió: el candidato comenzó a mostrarse como presidente electo.
Aquella ceremonia apenas había terminado en Tallahassee, la capital de Florida, cuando el senador Joe Lieberman, compañero de fórmula de Gore, declaró en Washington que el resultado que había certificado Harris es "incompleto e incorrecto". Lieberman agregó: "No tenemos más alternativa que disputar este resultado porque miles de votos están siendo ignorados".
Los demócratas volverán hoy mismo a los tribunales para disputar los números que anunció Harris, al argumentar que la secretaria de Estado no tuvo en cuenta el recuento manual del condado de Palm Beach y que quedó pendiente otro que había solicitado el equipo de Gore en Miami-Dade.
"Yo entiendo el dolor que sienten por haber perdido una elección de manera tan ajustada, pero es tiempo de honrar la voluntad de la gente y dejar que la transición avance de forma ordenada", dijo James Baker, el ex secretario de Estado que representa a Bush en el recuento de Florida.
Gore ganó el voto popular, pero la sucesión en la Casa Blanca se define en el Colegio Electoral, y el candidato que gane en Florida alcanzará la mayoría en ese cuerpo.
Baker habló poco después que Lieberman para iniciar la campaña de presión pública diseñada por los republicanos para acorralar a Gore.
Harris, una funcionaria que forma parte del gabinete del gobernador de Florida, Jeb Bush, hermano menor del candidato republicano, fue muy cuestionada por los demócratas.
La secretaria de Estado había intentado certificar el resultado del primer conteo por máquinas de los votos que fueron escrutados el 7 del actual, que le daba a Bush una ventaja de 930 votos.
Pero la Corte Suprema de Justicia de Florida autorizó por pedido de la campaña de Gore un recuento manual en tres condados y extendió el plazo hasta ayer a las cinco de la tarde. La decisión será revisada a raíz de una presentación de los abogados de Bush por la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos en una audiencia del próximo viernes.
Para cumplir con la maratónica tarea de revisar todas sus boletas, las autoridades de mesa en Palm Beach trabajaron en jornadas de más de diez horas y pasaron toda la noche del sábado en vela. Al final, le pidieron a Harris dos horas extras para terminar con la tarea, pero la secretaria de Estado se las negó y certificó los números que habían arrojado las máquinas en ese condado.
Fue el momento que Bush aguardaba con ansiedad desde la noche de las elecciones del 7 de este mes; era también el momento que Gore más temía, porque su margen para disputar un número oficial es más acotado.
En Tallahassee, capital de Florida, la tensión fue en aumento a medida que se acercaban las cinco de la tarde (las siete hora de la Argentina), el horario tope que tenían los diversos condados para enviar por fax los resultados de sus mesas a la secretaria de Estado.
Gore descontó con el conteo manual 567 votos en el condado de Broward, pero sufrió un golpe duro cuando Miami-Dade resolvió no revisar los números que habían arrojado las máquinas por temor a perder el plazo de ayer por la tarde, y otro en Palm Beach.
El principal abogado de Gore, David Boies, anunció que disputarán las cifras de tres condados: Miami-Dade (porque faltó el recuento manual), Palm Beach (porque miles de boletas controvertidas fueron descartadas) y Nassau (donde Gore perdió 52 votos con un recambio de autoridades de mesa que resolvió no tomar en cuenta el recuento por máquinas).
Boies dijo que hay tiempo hasta el 12 de diciembre, cuando Florida debe consagrar a sus electores, para que una corte pueda designar a un grupo especial de personas para que proceda con el recuento.
La prioridad de la campaña de Gore, que hablará hoy para justificar su decisión de apelar a los tribunales, anoche era impedir que Bush aprovechara el anuncio de Harris para presentarse ante la opinión pública como sucesor de Clinton. Para perseguir su estrategia, los demócratas anunciaron que apelarían el resultado aun antes de escuchar a la secretaria de Estado.
El candidato republicano, que siguió los acontecimientos en Florida desde la mansión que ocupa como gobernador de Texas, tiene de todas maneras otra asignatura pendiente que le impide festejar como si ya fuera un presidente electo indisputado: la audiencia del próximo viernes en la Corte Suprema de la Nación.
Convicción total
Se enfrenta, además, con el desafío de un vicepresidente que, según un artículo que publicó ayer el diario The New York Times, cree ciegamente que ganó las elecciones del 7 de este mes en Florida, y confía también en que lo podrá probar si tiene suerte en los tribunales.
La situación política de Gore es, de todas maneras, bastante delicada, porque si insiste demasiado, puede quedar ante la opinión pública como un mal perdedor que por razones egoístas es capaz de empujar el país al abismo de una crisis constitucional.
"Hablé con muchos colegas en los últimos días y no hay ningún interés en que conceda la derrota a estas alturas", dijo ayer el titular del bloque demócrata en la Cámara de Representantes, Tom Daschle.
"Creo que hora ingresamos en un período de alrededor de dos semanas en las cuales ambos lados van a disputar el resultado", agregó, y señaló que los demócratas siguen por ahora encolumnados detrás de Gore.
Los republicanos sostienen que Gore intenta "robarle" a Bush las elecciones. El candidato republicano llegó a sugerir que no aceptaría como legítimo ningún resultado que consagrara al vicepresidente como sucesor de Clinton.
En Tallahassee, en Austin, en Washington (frente a la residencia oficial del vicepresidente que ocupa Gore en el Observatorio Naval) y en cada uno de los condados que participaron del recuento de votos, los republicanos organizaron ruidosas manifestaciones.
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