
Cae el gobierno de Bélgica tras un triunfo de la oposición de derecha
Los demócratas cristianos derrotaron a la coalición de liberales y socialistas
1 minuto de lectura'
BRUSELAS.- En medio del avance de la derecha y la crisis de los partidos de izquierda en Europa, una coalición demócrata cristiana ganó ayer las elecciones legislativas en Bélgica, y puso fin a ocho años de gobierno de una alianza entre liberales y socialistas.
Según los resultados parciales, la coalición demócrata cristiana flamenca CD & V-NVA obtenía anoche el 31 por ciento de los votos en Flandes, región de lengua neerlandesa donde vive el 60 por ciento de los belgas (en Bélgica, los flamencos votan por listas de partidos flamencos y los valones hacen lo propio con los partidos francohablantes).
Como dato preocupante, el partido de extrema derecha Vlaams Belang (Interés Flamenco), acusado por sus críticos de racista y xenófobo, se situaba en la segunda posición, con cerca del 21 por ciento de los votos.
Mientras tanto, el Partido Demócrata Liberal flamenco (VLD), del primer ministro Guy Verhofstadt -aliado con los socialistas en el gobierno federal-, se quedaba con sólo el 19 por ciento, cinco puntos menos respecto de las elecciones legislativas de 2003.
Pero, al parecer, el mayor perdedor de la jornada fue el Partido Socialista (SPA), que cayó al 15,5 por ciento, casi nueve puntos por debajo de 2003.
"Los ciudadanos han dejado en claro que quieren un cambio", dijo anoche, exultante, Yves Leterme, líder de los demócratas cristianos y favorito a convertirse en el sucesor de Verhofstadt. "Más seguridad, más justicia y una reforma moderna del Estado fueron los objetivos de nuestro programa. Y desde mañana serán nuestro hilo conductor", prometió.
"Es el triunfo de la derecha. A ver si la izquierda se entera de una vez que no es posible apartarse del mundo", señaló, por su parte, el líder del Vlaams Belang en Amberes, Philip Dewinter. Pese a haber obtenido el segundo lugar, este partido de extrema derecha no podrá acceder al poder, en virtud del "cordón sanitario", un acuerdo entre los grandes partidos democráticos para aislar a esa formación racista.
Por su parte, después de su contundente derrota, Verhofstadt dijo que dejaría el cargo para permitir que los demócratas cristianos formaran gobierno. "Los ciudadanos han votado por otra mayoría y yo asumo la responsabilidad por el resultado", dijo el premier, en el cargo desde 1999.
A pesar de la victoria del CD & V, el signo del nuevo gobierno no está del todo claro, ya que el partido de Leterme no dispone de mayoría absoluta. Algunos analistas señalan que podría elegir un "clásico tripartidismo" entre demócratas cristianos, liberales y socialistas.
Las elecciones de ayer se desarrollaron en medio de una reavivada polémica por la división lingüística del país y las amenazas de separatismo.
Leterme, presidente de la región de Flandes desde 2004, es poco querido entre los francohablantes, que ven su discurso, muy regionalista, como una amenaza para la unidad del país.
A pesar de que el CD & V niega ser un partido separatista, su socio de coalición, el partido regionalista NVA, aspira a la independencia de Flandes, la región más próspera del país.
Ayer, tras su triunfo, Leterme llamó inmediatamente a una reforma constitucional para dar más autonomía económica a las tres regiones de Bélgica (Flandes, Valonia y Bruselas), algo que los francohablantes temen que sea un primer paso hacia la escisión del reino. Los francohablantes recuerdan una entrevista del año pasado, en la que Leterme afirmó que Bélgica no era "un valor en sí mismo".
La dura derrota de los socialistas belgas se produjo en un contexto de fortalecimiento de la derecha y de crisis de los partidos de izquierda en el resto de Europa.
Tendencia europea
De hecho, la caída de los socialistas belgas coincidió con la aplastante derrota de sus pares franceses en las elecciones legislativas de ayer, después del fracaso que sufrieron en los comicios presidenciales. Otra derrota amarga fue la de los socialistas españoles en las elecciones municipales del mes pasado, que amenaza con prenunciar un triunfo de la derecha en los comicios presidenciales de 2008.
Mientras tanto, el primer ministro italiano, Romano Prodi, hace malabares para mantener a flote su coalición de centroizquierda, y Gordon Brown, que sucederá al premier británico Tony Blair el 27 próximo, se prepara para heredar el liderazgo del laborismo en el peor momento del partido en 10 años.
Incluso en los países escandinavos, con la crisis del Estado de bienestar, los partidos socialdemócratas están dejando de ser las fuerzas dominantes, después de 60 años.



