
Caos y miedo en EE.UU. por un apagón gigantesco
Afectó el norte de ese país y dos ciudades de Canadá
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NUEVA YORK.- Millones de neoyorquinos vivieron ayer un día de caos y miedo, provocado por el mayor apagón en la historia norteamericana, que también paralizó otras ciudades del norte de Estados Unidos, y de Canadá.
Pese a que el temor a un nuevo atentado se instaló en Nueva York apenas la electricidad desapareció, el presidente norteamericano, George W. Bush, aseguró anoche que el apagón fue a causa de un accidente. "Hay una cosa que puedo decir con seguridad. Este no fue un atentado terrorista", señaló Bush.
Descartada la posibilidad del atentado, las causas del apagón provocaron una polémica entre Canadá y Estados Unidos. Mientras el gobierno canadiense dijo que un rayo dañó las centrales eléctricas del río Niágara, las autoridades norteamericanas culparon al sistema eléctrico de sus vecinos del Norte.
Al cierre de esta edición, algunos sectores de Nueva York y de Nueva Jersey habían recuperado el suministro, interrumpido por un accidente que dejó al descubierto la falta de previsión en sitios clave, a pesar de las extremas medidas de seguridad impuestas por el gobierno tras el 11 de septiembre.
Precisamente bajo el fantasma de esos ataques, los neoyorquinos se lanzaron ayer a las calles para saber qué estaba pasando cuando, a las 16.10, toda la energía de la ciudad desapareció.
Miles de personas quedaron atrapadas en los ascensores de los rascacielos, en los subtes y en los túneles que conectan Manhattan con el resto de la ciudad. Como el apagón ocurrió en pleno horario de trabajo, los edificios de oficinas estaban llenos de gente que tuvo que bajar a pie por las escaleras.
"Lo primero que me vino a la mente fue que se trataba de un ataque terrorista y que pronto iba a escuchar una gran explosión", contó David Morset, un analista bursátil que bajó 42 pisos a pie y deambulaba por las callesen busca de una botella de agua y un teléfono.
Mientras tanto, el tránsito se convertía en un infierno ante el colapso de los semáforos y en las calles se producían enormes embotellamientos. Casi todas las estaciones de radio y televisión quedaron fuera del aire y la desesperación por saber qué ocurría cargaba el ambiente, ya tenso por la bochornosa temperatura, que alcanzaba los 32 grados.
Por seguridad, los puentes y túneles fueron cerrados en dirección a Manhattan y la gente tuvo que cruzar a pie. Los tres aeropuertos del área de Nueva York fueron cerrados pocos minutos después de que aterrizaron los aviones que estaban sobrevolándolos; otros vuelos fueron desviados a aeropuertos en otras ciudades. Los trenes suburbanos y de larga distancia dejaron de correr y las estaciones Grand Central y Penn eran oscuras cavernas llenas de gente aguardando que volviera la electricidad.
En los muelles, en tanto, se acumulaban más y más pasajeros de ferries, que no suspendieron sus servicios. Los bomberos no daban abasto y corrían de un lugar a otro de la ciudad para rescatar a la gente atrapada en los ascensores.
Calles atestadas
Una marea de peatones se volcó al puente de Brooklyn buscando cruzar el East River, mientras una larga fila de vehículos intentaba llegar a Manhattan. A bordo de su Mercedes-Benz azul, el cirujano Frank Mandell rezaba para que le alcanzara la nafta hasta su casa, en el Upper East Side. "Hace una hora que estoy usando la reserva y en cualquier momento el auto se queda parado", dijo a LA NACION. Había tratado de cargar el tanque en Brooklyn, pero no funcionaban los surtidores de las estaciones de servicio.
A un costado, Priscilla Warner sollozaba mientras caminaba desesperada hacia Brooklyn. La niñera de su pequeña hija Deborah la había llamado por celular pocos minutos antes del apagón. Acababan de salir del zoológico, en el Bronx, y le dijo que estaban por tomar el subte para regresar a su casa en Brooklyn. "Deben de estar allí adentro. Pobrecita, estará aterrada", comentó."Espero que haya sido tan sólo un apagón general y no un atentado. Tengo mucho miedo", agregó.
Recién a las dos horas de ocurrido el apagón, el alcalde Michael Bloomberg se dirigió a la población a través de las radios que ya estaban en servicio gracias a generadores de energía propios. "No hay pruebas de que haya sido en absoluto algo relacionado con el terrorismo", dijo Bloomberg, que pidió calma y llamó a los neoyorquinos a cooperar, compartiendo los automóviles y ayudando a las personas mayores o discapacitadas.
En cuanto a las causas que provocaron el apagón, Bloomberg sólo señaló que "podría tratarse de algo natural lo que provocó esta interrupción en el sistema de electricidad, y por razones que aún desconocemos se esparció por el Estado de Nueva York hasta Connecticut, y al Sur, hasta Nueva Jersey, y hacia el Oeste, hasta Ohio". El corte de energía también afectó las ciudades canadienses de Ottawa y Toronto, que por la noche recuperaron la electricidad.
Bloomberg aseguró que ya se estaba trabajando para restablecer el servicio poco a poco y luego pudieron verse algunos edificios grandes con las luces encendidas, aunque probablemente muchos tenían generadores propios. Para Nueva York, se trató del peor apagón después del que, en 1977, dejó a la ciudad a oscuras por 25 horas.
Los famosos cartelones de neón de Times Square habían quedado totalmente a oscuras a media tarde. Miles de personas de los rascacielos vecinos se acumulaban sobre las veredas, buscando lugar en alguno de los atestados ómnibus, uno de los pocos lugares públicos todavía con aire acondicionado. En las calles, donde la alcaldía había desplegado unos 30.000 agentes de policía para prevenir saqueos y actos de vandalismo, los taxis y remises cobraban exorbitantes sumas por llevar a la gente hasta sus hogares. Pero muchos tenían incluso problemas para pagar, ya que no llevaban efectivo y los cajeros automáticos no funcionaban.
"Asegúrense de no convertir este inconveniente en una tragedia", dijo Bloomberg, que sugirió a la gente pasar el tiempo tomando algo en un bar o restaurante. Pero en los bares con mesas al aire libre, la gente se peleaba por conseguir las bebidas más frías, que iban desapareciendo con rapidez. Mientras la elegante Quinta Avenida empezaba a vaciarse, en las alturas, en los departamentos, se veían las primeras velas encendidas. Sería una larga noche.






