
Caso Gal: dramático relato de un secuestro
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MADRID (Reuter).- La primera persona secuestrada por los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), que llevaron a cabo una "guerra sucia" contra ETA en la década del ochenta, relató ayer ante los jueces del Tribunal Supremo las penurias de su cautiverio.
Segundo Marey, un viajante de material de oficina, fue sacado de su casa por la fuerza el 4 de diciembre de 1983 en el sur de Francia por mercenarios franceses, que le confundieron con un miembro de ETA, Mikel Lujua.
El testimonio de Marey es una pieza central del juicio por su secuestro, del que están acusadas 12 personas, entre ellas José Barrionuevo, ex ministro de Interior del gobierno socialista de Felipe González, y Rafael Vera, ex secretario de Estado para la Seguridad.
El secuestro de Marey fue la primera acción reivindicada por los GAL, que se cobraron 28 vidas en una campaña ilegal contra ETA entre 1983 y 1987.
"Desde hace 15 años vivo todos los días ese momento", dijo Marey refiriéndose a la noche en que fue secuestrado en su casa de Hendaya (localidad francesa en la frontera con España), cuando había "terminado de cenar" y se disponía a ver una película de humor con su esposa.
"Me metieron en un coche en la puerta de mi casa, yo siempre chillando y me daban golpes", dijo Marey, quien tiene ahora 66 años.
Durante el forcejeo del secuestro, se rompieron sus gafas y perdió sus zapatillas, de tal forma que, relató, estuvo en calcetines todo el trayecto desde Hendaya hasta la localidad de Colindres (Cantabria, norte de España), donde estuvo retenido durante nueve días, custodiado por tres policías españoles, un viaje que se realizó en dos coches y, en algunos momentos, a pie hasta una cabaña.
"Yo estaba convencido de que me iban a ejecutar", afirmó Marey durante las más de tres horas que duró su conmovedor y minucioso testimonio en un español imperfecto, con palabras francesas intercaladas.
Confusión
Los responsables de la operación se dieron cuenta enseguida de que Marey no era la persona que buscaban, pero decidieron retenerlo porque sospechaban que podía ser un miembro importante de ETA.
Sin embargo, Marey negó reiteradamente cualquier relación con ETA o con la cooperativa Sokoa, uno de sus clientes, que resultó ser años más tarde un importante arsenal de ETA.
Marey aseguró que Sokoa era uno de sus mejores clientes y que en sus instalaciones tenía un despacho donde recogía sus mensajes. "De Sokoa no sé nada y no quiero saber nada. Era un cliente", afirmó.
"Uno (de los captores) me dijo "etarra" y yo le dije "etarra, no", aseguró Marey.
"Les pregunté: ¿por qué a mí?, y me respondieron "porque queríamos una m... como tú", añadió.
Frío y drogas
De aquellos diez días recuerda el frío, "un frío infernal", repitió varias veces en su testimonio, y las alucinaciones provocadas por las drogas que, aseguró, le suministraron.
Marey, que sufre aún las secuelas físicas y psíquicas de aquel secuestro por el que su abogada pide una indemnización de 125 millones de pesetas, expresó su confianza en que se hará justicia.
"Tengo confianza en el Tribunal Supremo de España", afirmó Marey, que a los diez días de ser secuestrado fue liberado en Francia.
A preguntas del juez sobre si reconocía a alguna de las 12 personas sentadas en el banquillo, Marey tras mirar fijamente a todos los acusados, afirmó tajantemente que "no".
Sin embargo, todos los acusados, con la excepción de Barrionuevo y Vera, quienes niegan cualquier vinculación con el secuestro, han admitido su participación en esta operación, producida durante la época mas cruenta de ETA, que se ha cobrado más de 800 vidas desde 1968.
A principios de los años ochenta ETA cometía un asesinato aproximadamente cada tres días y sus miembros habían encontrado un refugio seguro en el sur de Francia, lo que, según el fiscal, llevó a la cúpula del Ministerio del Interior a autorizar acciones en el sur francés contra ETA. El testimonio de Marey emocionó a todo el mundo, incluso a los dos policías que lo custodiaron, quienes se acercaron a pedirle perdón una vez acabada la declaración.






