
Cayó un avión en Barajas tras despegar: 153 muertos
Hay 19 sobrevivientes, pero 16 de ellos están graves; el MD-82 de Spanair sufrió el incendio de una turbina; había salido con una hora de retraso por desperfectos
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MADRID.– Todo ocurrió en segundos: el carreteo, el fuego en el motor, el vuelo de poca altura, la caída.
El desastre: 153 personas, entre ellas muchos chicos y dos bebes, murieron ayer en un pastizal aledaño al aeropuerto de Barajas al precipitarse a tierra y arder un avión de la empresa Spanair que acababa de iniciar su despegue rumbo a las islas Canarias. El vuelo había salido con una hora de demora debido a desperfectos.
"Al llegar nos hemos encontrado con el infierno. Había cuerpos calcinados por todos lados; apenas se puede decir que eso era un avión porque la cola sigue allí. Pero, de tan destrozado, el resto del fuselaje podría ser tomado por cualquier cosa", relató, desencajado, un socorrista que trabajó en las tareas de auxilio.
Fue una tragedia en toda la línea, la peor catástrofe aérea que sufrió España en 24 años. Apenas 28 personas de las 172 que iban en el aparato fueron rescatadas con vida, pero 9 de ellas murieron poco después y 16 están graves.
La identificación de los cuerpos era lenta y llevará "muchos días", dijeron voceros del Ministerio del Interior. La mayoría están fragmentados y calcinados. No hubo victimas argentinas.
Al igual que en la tragedia del 11 de Marzo, cuando un atentado terrorista de Al-Qaeda conmovió a España, hace cuatro años, esa penosa tarea de reconocimiento se hacía en la enorme morgue que se montó en el mayor pabellón ferial de la ciudad. Pero, pasada la medianoche, ni siquiera se había podido terminar el rescate de los cuerpos.
Autoridades consulares de la Argentina, que se presentaron inmediatamente en Barajas, no tenían anoche noticia de ningún argentino entre el pasaje, según confirmó a LA NACION el cónsul general, Luis García Tezanos Pinto.
"Hay muchas familias entre el pasaje, gente que se iba para empezar sus vacaciones en Canarias. Hay muchos chicos entre los muertos", dijeron voceros en el aeropuerto de Barajas.
Al igual que buena parte de las autoridades políticas, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero interrumpió sus vacaciones de verano y se trasladó, primero, hasta Madrid y, desde allí, al aeropuerto, para expresar su apoyo a los familiares de las víctimas.
"El gobierno está conmocionado, muy afectado, como están todos los ciudadanos españoles por esta tragedia", señaló Rodríguez Zapatero.
Aún no hay información oficial sobre la causa del peor accidente aéreo en Europa en los últimos seis años.
La sospecha apunta a que uno de los dos motores del McDonnell Douglas 82 (MD-82) ardió; que la máquina apenas pudo iniciar el despegue, se precipitó a tierra y, al hacerlo, el combustible bañó el fuselaje. Todo ardió en cuestión de segundos. La tragedia no dejó tiempo para reaccionar.
"Encontramos las cajas negras y eso nos da la certeza de que podremos reconstruir exactamente lo que ocurrió", dijo el director general corporativo de Spanair, Sergio Allart. "La máquina tenía 20 años. Pero había pasado los controles y estaba en perfecto estado", añadió.
Sin embargo, fuentes del aeropuerto de Barajas confirmaron que el vuelo JK5022 tuvo problemas cuando se disponía a despegar con destino a Gran Canaria.
La partida estaba pautada para las 13; a las 13.05 dejó su puerta, pero volvió a las 13.42. La pregunta, anoche, era qué ocurrió en esa fatídica media hora.
"No pasó nada grave. Simplemente hubo un inconveniente con un termómetro de un motor, se reparó y el avión estuvo listo para salir", intentó minimizar una vocera de Spanair, Susana Vergara.
Pero, al caer la noche, las autoridades españolas parecían tener otra idea. "Queremos investigar qué ocurrió con el avión antes de salir. Investigaremos hasta las últimas consecuencias", dijo la ministra de Fomento y, como tal, responsable de aeronavegación, Magdalena Alvarez.
El fuego
De un modo u otro, lo cierto es que el MD-82 volvió a salir de su puerta a las 14.24 y se dirigió a pista. Unos 20 minutos más tarde, a las 14.45, ardía envuelto en llamas, con todos los pasajeros adentro.
La lúgubre columna de humo gris pudo verse desde varios cientos de metros. Alimentado por el combustible de los tanques, el fuego se expandió muy rápido y, cuando las autobombas no pudieron hacer más, fue necesaria la ayuda de un helicóptero hidrante para apagar el fuego y permitir que los socorristas llegaran a ese infierno.
El luto fue inmenso. Y en la ciudad semidesierta por la pausa del verano, la tristeza se instaló al atardecer. La reacción madrileña fue similar a la de aquel golpe terrorista de hace cuatro años: ante la certeza de la tragedia, una ola de serena solidaridad empujó a cientos de personas a tratar de hacer algo para ayudar.
Cada uno, a su manera y, entre ellos, los taxistas, que decidieron no cobrar el viaje a los familiares de pasajeros, que, desesperados, llegaban al aeropuerto con la esperanza de que alguien les dijera algo. "¡Hombre!, qué menos puede hacer uno. Y ojalá estuviera en mi mano hacer más", dijo uno de esos choferes a LA NACION.
"Es un día triste, es realmente muy triste todo esto", dijo el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón.
El gobierno nacional evitó hacer comentarios hasta muy avanzada la noche y dejó esa responsabilidad en manos de la compañía transportadora.
La primera voz gubernamental que se oyó correspondió a la ministra Alvarez. "No esperen que yo confirme la cifra de víctimas, sí puedo decirles que será muy elevada", dijo, mientras decenas de periodistas la perseguían por la estación aérea.
Eran, por entonces, las 18. Barajas se había convertido en un infierno de familiares que llegaban, llorosos, en busca de una información que nadie parecía tener.
Llegaban solos pero, enseguida, dejaban de estarlo. Una guardia policial custodiaba su paso y personal del aeropuerto los trasladaba hasta una sala donde se dispuso todo lo que se pudo para atenderlos: médicos, psicólogos, sacerdotes, agua y hasta frazadas, pese a los 30 grados del tórrido verano.
"Creo que mi hijo ¿Dónde, por favor, dónde puedo preguntar?", susurró una mujer, al llegar y tropezar con una nube de periodistas.
Nadie le preguntó nada, hubo un silencio respetuoso y la indicación, casi a coro: "Por allí, señora". El gesto colectivo señaló la puerta en cuyo cartel se leía "Objetos perdidos", paradójico escenario elegido para montar la triste sala de espera de los que desesperaban.
"Uno dice lo que puede, hace lo que puede, consuela como puede", reflexionó el padre Angel, titular de la ONG Mensajeros de la Paz. "Vine para acompañar al padre de una de las azafatas que iba en el avión y, al final, he terminado acompañando un poco a todos", dijo.
La espera seguía en la morgue improvisada, no muy lejos, en un gran pabellón ferial. Allí imperaba el silencio. Y, en la ciudad, un clima pesado y triste.
Tragedias en Europa
- Un avión de KLM y otro de Pan Am chocan el 27 de marzo de 1977 en la pista del aeropuerto de Tenerife. Mueren 585 personas, en la peor catástrofe que se produjo en Europa.
- Un Concorde de Air France se estrella el 25 de julio de 2000 cerca del aeropuerto de París y deja 113 muertos.
- El 8 de octubre de 2001, un MD-87 de SAS choca con una avioneta privada Cessna en el aeropuerto de Milán. El accidente causa 118 muertos.
- Un Boeing de la compañía chipriota Helios se estrella en agosto de 2005 cerca de Atenas: 121 muertos.
- El 22 de agosto de 2006, un accidente de un Tupolev ruso en el este de Ucrania causa 170 muertos.
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